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"El sentido común debe imponerse en Ucrania"

Manuela Lillo
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Miguel Ángel Martínez es un histórico dirigente socialista hace un repaso a sus recién cumplidos 82 años de su trayectoria y repasa toda la actualidad política

"El sentido común debe imponerse en Ucrania"

Miguel Ángel Martínez es un histórico dirigente socialista que asumió cargos como el de secretario general del PSOE de Castilla-La Mancha (1981), diputado nacional (1977-1999), eurodiputado (1999-2014) o vicepresidente del Parlamento Europeo (2007-2014). A sus 82 años recién cumplidos hace repaso de su trayectoria y también de la situación política actual. 

Hace unos días presentó su libro Socialista, demócrata y europeísta: trayectoria política de Miguel Ángel Martínez, ¿qué persigue con esta obra?

El libro surge como parte de un proyecto mucho más amplio y ambicioso, que es el museo que con mi nombre se ha creado en la estación del ferrocarril de Alcázar de San Juan. El libro es una parte mínima de esa iniciativa que ha generado la Asociación de Amigos de Miguel Ángel Martínez, que son personas con las que he estado trabajando durante muchos años y que se han puesto de acuerdo para una iniciativa que a mí me conmueve y me compromete. Dentro de ese proyecto de museo, que ya es una realidad y lo inauguraremos en tres o cuatro meses, he conocido a Sergio Molina, profesor de la UCLM y de la Complutense en Madrid y de la Sorbona en París y fue él quien me propuso escribir un documento sobre mi vida. Me pareció interesante y generosa su oferta. 

No pudo estar usted mejor arropado, ya que participó el presidente del Gobierno con un vídeo y asistió el presidente de Castilla-La Mancha, el de la Diputación de Ciudad Real y Alfonso Guerra...

Es verdad que no pude estar mejor arropado, pero lo importante para mí es que todos los que estuvieron allí y hablaron son amigos, no hubo nadie que llegara de postureo. Podría haber invitado a otro tipo de gente, pero he querido invitar a amigos, porque el presidente de la comunidad autónoma es amigo mío desde siempre, y el presidente de la Diputación no digamos, y la alcaldesa... Son gente a la que he ido conociendo prácticamente desde niños y han sido niños cuando estaba haciendo aquello a lo que se refirieron en sus intervenciones. 

Echando usted la vista atrás y mirando toda su trayectoria, ¿qué destaca de toda la labor política que ha realizado?, ¿cuál ha sido su afán, sobre todo en relación a Europa?

Mucho antes de ser eurodiputado, fui portavoz en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados y he sido testigo y me atrevería a decir que protagonista con tantos otros de lo que fue el ingreso de España en el Consejo de Europa y 10 o 15 años después en las Comunidades Europeas. Es decir, que antes de estar en el Parlamento Europeo, ni soñé que iba a estar nunca en él, estuve en esa labor. Los temas europeos han sido temas de mi identidad desde que empecé a hacer política porque mi ambición siempre ha sido que España fuera un país, que de ninguna manera fuera más que ninguno, pero tampoco fuera menos que ninguno. Mi ambición era hacer todo lo posible para que España jugara el mismo papel que había jugado Francia, Italia o Alemania como miembros de las instituciones europeas. 

Europa se asoma a un abismo con el conflicto de Ucrania. Desde su experiencia, ¿qué cree que pasará y qué piensa que le falta a la Unión Europa para ser un actor principal en el orden internacional? 

En cuanto a cómo transcurrirá el futuro, espero que se imponga el sentido común y que la gente tenga conciencia sobre dónde puede llevar esto. Si aquí se produce una crisis que desemboca en un conflicto bélico no podemos olvidarnos que los están interviniendo son potencias nucleares y que esto puede llevar a un conflicto de una dimensión y de una amplitud tal que acabe con el mundo. El sentido común debe imponerse al peligro evidente que conllevaría una salida de explosión militar. Tengo la esperanza de que así sea. Soy una de las pocas personas que conoce razonablemente bien Ucrania. Tengo condecoraciones de muchos países y que están en el museo que inauguraremos dentro de unos meses, pero sólo hay uno o dos países que me han dado dos condecoraciones y uno de ellos es Ucrania. Allí han agradecido mi apoyo, mi esfuerzo para que en el país se avanzara en la independencia y en los derechos humanos, el progreso social y la paz. En el museo hay, además, un cuadro del mitin que he dado en mi vida con más gente, 200.000 o 250.000 personas, y fue en Kiev, en Ucrania, el día que se celebró los 50 años de la victoria de lo que era entonces el ejército rojo, de la Unión Soviética, expulsando a los nazis que había ocupado Ucrania durante una serie de años. Soy amigo de los ucranianos y estoy muy comprometido y tuvo que hacerles el otro día, porque se me ha interpelado mucho con este tema, una llamada también a ellos al sentido común y a lo que les conviene:si hay un conflicto, todos vamos a salir perdiendo, pero el que más va a perder es el propio pueblo de Ucrania. Espero que el sentido común prevalezca y la actuación diplomática sea la que se coloque por delante de cualquier tentación militarista, que sería dramática para todos. 

¿Es partidario de que la Unión Europea apueste decididamente por una política de Defensa y una política de Exteriores más fuerte para defender sus intereses y fronteras?

Creo que la Unión Europea (UE), en la misma medida en la que progresa como una realidad, también es razonable que tenga un debate interno y que se preocupe, efectivamente, de todo lo que es materia de seguridad y defensa. Sigo pensando que a la UE le convenía y no tenía más remedio que dedicarse a pensar en la defensa de sus fronteras y un progreso interno que no puede darse sin defender militarmente también su realidad. Y el problema es que ese proyecto de Europa actuando en seguridad y defensa no es una política autónoma, sino que está muy condicionada por Estados Unidos, que, evidentemente, tienen intereses distintos a los que puede tener la UE. La UE tiene que tener su autonomía para decidir qué es lo que nos conviene y lo que coincide con los valores que estamos propiciando con nuestra propia identidad desde su constitución.

En los últimos meses, la socialdemocracia gana terreno en países como Alemania, con Scholz;Noruega;las elecciones municipales italianas;y ahora con Antonio Costa en Portugal. ¿Es un rearme ideológico con cambio de ciclo o simplemente son circunstanciales?

Esa situación la hemos iniciado nosotros. Ha sido en España donde la socialdemocracia, el socialismo democrático, ha llegado al poder bastante antes que en Alemania. Es muy importante para mí el que llegue un momento que se reconozca en Alemania, en Italia o en Noruega que para ellos ha sido referencia lo que ha sucedido en España. Que estos países que han llegado a tener una mayoría socialista o socialdemócrata en la política de su país han llegado siguiendo un camino que habíamos marcado los españoles. Eso ha pasado muy pocas veces en la historia, hay pocas veces que a España se le pueda poner como modelo y punto de referencia para otros en el camino de progreso que ellos quieren darse. Y se puede entender que se ha iniciado un ciclo distinto de mayorías socialistas o socialdemócratas en numerosos países, pero no podemos olvidarnos de que antes de que llegaran ellos habíamos llegado nosotros. Porque nosotros ahí estamos, gobernando España desde el tiempo que llevamos y además con los antecedentes de lo que fueron los gobiernos de Zapatero, de Felipe González y Alfonso Guerra... 

Usted que ha sido un combatiente de los extremismos y populismos. ¿Cómo ve ese fenómeno de la ultraderecha que gana terreno en todos los países y de alguna manera está comiendo terreno a los democristianos?

Mi propia visión de la historia en Europa es una visión que hace que tenga un cierto respeto, no comparto, pero sí tengo cierto respeto, por la democracia cristiana en muchos de los países europeos, sin ella, como sin la socialdemocracia, no se habría construido la Europa de progreso en la que estamos viviendo ni tampoco la España en la que estamos. A mí me da pena a veces que no hayamos sido capaces en España de seguir otras referencias que había antes de nosotros y de pensar que socialistas y demócratas cristianos tenían un papel a jugar juntos que es el que habían seguido en otros países y que les había funcionado razonablemente bien. Pero, en cualquier caso, creo que el extremismo de cualquier naturaleza es absolutamente negativo y el extremismo de derechas que se da en España en estos momentos es muy peligroso y es muy negativo. Ahora, lo que más me angustia, y tengo que decirlo, es que en España lo que no se haya consolidado de manera eficaz es una democracia cristiana, una democracia cristiana con apoyo social en el país y con posibilidad de ser una alternativa al socialismo democrático, pero en clave de progreso y no en clave de retroceso en la historia a tiempos absolutamente fatales y absolutamente criminales incluso tanto en nuestro país como en el resto de Europa, incluso del mundo. 

¿Teme en España el ascenso del PP y de Vox?

Yo lo que desearía en España es que el PP no se convierta en lo que no es. Son un partido demócrata-cristiano, de derecha moderada y de derecha auténticamente democrática. Eso tendría como consecuencia que necesariamente quedarían eliminadas las coaliciones y las ententes entre el PP y un partido como Vox, que es en definitiva un partido fascista. En los demás países en los que conozco y respeto a la democracia cristiana no se ha producido prácticamente nunca el que democracia cristiana se alíe con fuerzas del nazismo, del fascismo, del pasado en definitiva y del pasado más negro de esos mismos países. A mí me choca mucho que en España desde el PP, a veces por intereses muy a corto plazo, se pueda estar aliando con una fuerza que en definitiva es una fuerza fascista. Hay quien no se atreve a decirlo con la claridad con la que lo digo yo, pero cuando oigo hablar a Vox no puedo dejar de recordar tiempos que han sido nefastos para España, que son los tiempos del franquismo. 

¿Cómo ve el gobierno de coalición del PSOE y de Unidas Podemos?

Yo hubiera preferido, pero eso es mucho decir, un gobierno en solitario del PSOE. Creo que saldrían las cosas más claras, que habría menos incidentes, pero en el momento en el que se produjo esa coalición tengo que reconocer que no veía ninguna alternativa mejor que esa coalición. Si hubiera habido otra alternativa la habríamos discutido, pero como no la veía... Sabía que iba a ser difícil, que iba a ser complicado, que iba a costar avanzar, pero creo que el Gobierno de coalición se ha defendido discretamente bien. Naturalmente que creo que si estuviéramos gobernando solos hay muchas cosas que se habrían podido hacer mejor y más rápido, pero dentro de la realidad, porque la gente que ha votado a Podemos es gente que tenía derecho a votar y a expresar esa opción y desde el primer momento pensé que ahí están y lo que no cabe es decir: «Están, pero a mí no me gustan». A mí me gustan menos que mi partido, porque he votado por mi partido siempre y mi esperanza es que mi partido vuelva a recuperar mayorías absolutas a todos los niveles de la administración. 

¿Ve posible que se vuelva a la mayoría absoluta, como en Portugal?

Portugal es un buen ejemplo, pero hay otros países. Creo que gobernar con mayoría absoluta siempre es mucho más fácil y sobre todo mucho más transparente que en coaliciones donde no se sabe cuál es la responsabilidad de cada cual en pasos que se dan o en pasos que no se pueden dar. Mi esperanza es que se pueda llegar a eso. 

¿Cómo ve la situación en Castilla-La Mancha?

Tengo una gran confianza en lo que decide el pueblo y aquí ha votado lo que ha votado y lo ha votado cuando había otras alternativas que también han tenido la oportunidad de gobernar. Cuando ha metido la papeleta en una urna no era la de la señora Cospedal o la que refrendara lo que la señora Cospedal había hecho. Me parece que está gobernando la comunidad autónoma un equipo de gente que, aparte de que son mis amigos y mis correligionarios, es gente eficaz y seria. Page es un hombre con conocimiento y con una trayectoria que habla por sí sola, que se ha consolidado como un político eficaz, como un hombre capaz de llevar adelante una serie de reformas que son indispensables para que esta región esté donde está llegando y vaya mejorando todavía más, porque queda mucho por hacer.