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"La relación de una amazona con su yegua es muy especial"

A. Criado
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Sagrario Gómez asegura que las mujeres compensan la superioridad física de los hombres en las competiciones a base de «técnica y cariño a la hora de tratar y hablar a los caballos»

Sagrario Gómez, amazona - Foto: Rueda Villaverde

Sagrario Gómez pasó prácticamente de la cuna a la silla de montar de una yegua; de agarrar una muñeca a las bridas de estos nobles animales. Y es que de casta le viene al galgo. Su padre y referente, Luciano, fue el primer jinete local que participó en el Concurso Hípico Nacional de Saltos de Ciudad Real y ella, una de las amazonas pioneras de la tierra. Hace ya más de una década que dejó de competir, pero su vida continúa ligada a este apasionante mundo, echando una mano siempre que puede en el Club Hípico Mabelka, donde se han formado cientos de jinetes y amazonas desde que abrió sus puertas el 1 de mayo de 1985.

Tras un parón a los cinco años como consecuencia de una caída, Sagrario volvió a subirse a sus yeguas con más ilusión si cabe y, poco a poco, se fue haciendo un nombre en el mundo de la equitación, al igual que sus hermanos Lorenzo y Cristina. Empezó a competir a los 17 años a lomos de Mabelka, un bello ejemplar que 'heredó' de su padre, y de Laudina, «rápida y matadora por tiempo en las pruebas». «He montado más caballos, pero estos eran los más fieles, mis preferidos», reconoce.

Años después compró a Bosanova. No llegó a competir con ella y se la tuvo que ceder a Lorenzo porque era una yegua con mucha chispa: «A mi hermano lo tenemos de conejillo de indias porque es el que más nivel tiene». Bosanova fue un regalo para su hijo Gabriel que, a sus 11 años, es un gran aficionado a los caballos y conoce ya todos sus secretos. Su madre confía en que siga sus pasos y los de su abuelo. «Monta todos los días, pero hay que ir despacito. A los críos no hay que obligarlos, sino que tiene que salir de ellos», afirma con rotundidad. La tercera generación de jinetes y amazonas de la familia Gómez está asegurada también con su sobrina, la hija de Lorenzo, que sólo tiene tres años y ya monta con su padre.

Sagrario subraya que la relación de una amazona con sus caballos es muy especial y única: «Con Mabelka no tenía problemas, era una yegua muy buena, pero sí con Laudina, porque salía a la pista y se calentaba enseguida; en competición, Mabelka se achantaba mucho y tenía que ponerme las espuelas más fuertes, mientras que a Laudina había que sujetarla, estaba como las maracas de Machín». Explica que según pasan las pruebas, los caballos se asustan menos, pero «siempre notas sus nervios antes de saltar a una pista». Y es que amazona y yegua forman «un tándem perfecto y complementario», un binomio prácticamente indivisible. Tanto es así que «si el caballo se pone malo o se lesiona, tú estás también fatal, te quedas echa polvo».

Sagrario Gómez, de 42 años de edad, cuenta con un brillante palmarés en el Concurso Hípico Nacional de Saltos de Ciudad Real, donde se coronó varias veces campeona del grupo cuarto (1,20 metros de altura) y mejor amazona local y de Castilla-La Mancha. Junto a su hermano, representando a la comunidad autónoma, quedó tercera en un Campeonato de España. Destaca, en este punto, la conexión que tenía con el público de la capital y el silencio que guardaba cada vez que salía a la pista a competir. Una experiencia «fantástica» en un certamen al que las apuestas, además, «le dan mucha vidilla».

Para ser un buen jinete o amazona, Sagrario receta «paciencia, humildad, buen carácter y constancia». «Hay que montar mucho y tener mucha fuerza de voluntad y sacrificio», subraya para hacer hincapié en que las mujeres suplen la fortaleza física de los hombres a base de «técnica y cariño a la hora de tratar y hablar a los caballos».
Sagrario dejó de competir hace ya más de una década, justo antes de que el certamen ciudadrealeño se trasladara a la Ciudad Deportiva de Larache. Gabriel estaba en camino, murieron sus dos yeguas predilectas y cada vez le era más difícil compatibilizar esta afición con su desempeño profesional (es técnico en Edificación). Eso sí, aunque dejó la competición, los caballos formarán siempre una parte importante de su vida.