Doble Dirección

José Rivero


Aniversario negro

21/10/2020

Nadie elige a sabiendas y con antelación su fecha de nacimiento, ni siquiera se aventura uno a fijar la fecha de su defunción -salvo los suicidas que obtienen lo perseguido el día previsto, y por ello redondean el pronóstico difícil y brumoso-. La generalidad es el fallo de los pronósticos de la una y de la otra. Por ello resultan problemáticas las conmemoraciones y onomásticas, cargadas de buenos deseos e intenciones, pero recorridas por otros barruntos, indecisiones, titubeos y pesares.
Cuando, en noviembre de 2019, en el Ayuntamiento capitalino se presentaba -con no mucha pompa, justo es decirlo, como si se temiera un mal fario- el concurso de logos del Sexto Centenario (SC), como primer acto de las celebraciones del sexto centenario del otorgamiento del título de ciudad, por parte de Juan II a la anterior Villa Real, nada hacía presagiar los nubarrones que se irían produciendo a lo largo del año del Sexto Centenario y de las celebraciones previstas. Nubarrones que acabarían impidiendo y limitando las celebraciones y haciendo crecer las ideas de las fatalidades fundacionales, de las torcidas circunstancias y de las celebraciones improbables de títulos, honores y distinciones.  Por más que Juan II, según cita Torres Balbás en su trabajo sobre el Urbanismo medieval español, fuera titular de un «fastuoso reinado» y un hombre, además, que -siguiendo a Lope de Barrientos- «siempre se pagaba de ver justas y placeres». Un rey dado a fastos, justas, jaranas y placeres que ve decaer -y en el límite imposibilitar- las fiestas y chanzas previstas en recuerdo de su gesto magnánimo en pro de la Villa Real alfonsina, surgida al aire del tiempo 165 años antes. Titular del fastuoso reinado, por el que aquí se le reconoce con nombre de calle y estatua de paseo, pero con pocos fastos, justas, jaranas y placeres
De igual forma, cuando se hizo visible el logo ganador con el rey Juan ecuestre -de los diseñadores burgaleses Gutiérrez Sanz y Gil Hernando -en Fitur 2020 -mes de febrero de este año negro- y se dio cuenta de los actos que iban a jalonar la efeméride celebrativa, nadie intuía lo que se venía encima a paso de caballo de bronce. Como hemos podido visualizar después: primera ola de la pandemia, estado de alarma, desescalada, segunda ola de la pandemia, hundimiento económico, crisis institucional, corre-ve-y-dile político y catatonismo cultural son los mimbres de un año imposible por mucho que queramos celebrar y homenajear. Con todos esos ingredientes y con la incertidumbre sanitaria aleteando en el alero del tejado, y atravesando el último trimestre del año negro, ya me dirán ustedes qué podemos celebrar. Aunque sean 600 años.