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José Rivero

Doble Dirección

José Rivero


Tala de verano

07/09/2022

No Talaverana –a la que han dedicado un recuerdo festivo en algún extraordinario–, ni Talaverano como oriundo de la ciudad del Tajo, sino pura y duramente tala de verano, casi como una sala de verano –como los viejos cines de antaño– que viene a ser una suerte de tasa de verano. Un nuevo tributo estival a la descomposición y al descontrol que acontece con las temperaturas desatadas. Y con ello, el despropósito de las talas arbóreas y arbustivas desordenadas e ilegales, que es lo que ha acontecido, a finales de agosto, en la sevillana calle de San Jacinto, con el Ficus centenario frente a la parroquia homónima y de su propiedad. Y con otros remates y talas locas de eucaliptos en el parque de María Luisa, de porte importante. Y ello, sin que haya habido huracanes o ventiscas. Simple voluntad administrativa. Luego limitada por algún tribunal en el primer caso.
Aquí –por seguir con las líneas dominantes del verano denso, pegajoso, inflacionario, seco e incendiario y más allá de los debates del protagonismo ferial del 'y tú más'– hemos tenido la tala indiscriminada de 50 piezas arbóreas –de distintas especies y de alzada generosa– en la parcela del Seminario diocesano –carretera de Porzuna, esquina a calle Amanecer–. Denunciada la maniobra –que precisa de la licencia municipal oportuna– por Ecologistas en Acción el pasado día 1, no ha merecido respuesta alguna. Ni por el Ayuntamiento –responsable de la autorización o de su ausencia– ni por el Obispado –titular del solar y de las obras perseguidas–.
 La explicación otorgada por bocas interesadas, de que la remoción de los árboles era necesaria y aún imprescindible para la construcción de la nueva sede de la Casa sacerdotal, parece inadecuada. Es –habría sido mejor, aunque ya sea tarde e irrecuperable– posible simultanear la obra nueva con el mantenimiento de la zona de arbolado, que es una buena forma de combatir los excesos solares que se viven en el lateral de poniente del recinto del Seminario. Pero se ha optado por la explanación pura y dura, para reducir el amable sombreado del entorno a un terrizo soleado y descompensado. Más allá de ello –de la importante inversión que se persigue con la nueva Casa sacerdotal diocesana–, algunos se preguntan si no hubiera sido mejor una rehabilitación de la sede existente en Obispo Estenaga –más económica y sostenible– que un gasto millonario que ya ha comenzado mal con el ejemplo de la falta de sensibilidad medio ambiental que ha acabado talando 50 árboles, que serán más si prosigue el desmoche en el Zoco Real, en fase de demolición.