"Los profesores deben ser creativos para ser innovadores"

Ángel Calvo (EFE)
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El principal impulsor de los informes PISA reflexiona sobre cómo ha afectado la crisis sanitaria a educadores y alumnos y advierte de la creciente fisura entre los estudiantes capaces de aprender por sí mismos y aquellos que se han descolgado

"Los profesores deben ser creativos para ser innovadores"

La autonomía de los profesores para organizarse fue, junto a su capacidad en el uso de las tecnologías, la clave para adaptar la educación durante el confinamiento, a juicio del director de educación de la OCDE y padre de los informes PISA, Andreas Schleicher, quien advierte de la fractura entre los alumnos que tenían los medios adecuados y aquellos que se han descolgado.


¿Cuáles son las primeras conclusiones sobre cómo ha funcionado la educación en el confinamiento?
Hemos recopilado datos de 36 países. De media, sabemos que se han perdido unos 46 días de educación, que es mucho. En algunos países como España, todavía mucho más. Los sustitutos de la clase presencial, como las tecnologías digitales, el aprendizaje electrónico, la radio o la televisión, han sido aprovechados por algunos alumnos que disponen de un buen acceso a las tecnologías, que han contado con el apoyo de sus padres y que tienen motivación y capacidad para aprender por sí mismos. Estos han salido bastante bien de la crisis.
Pero los estudiantes que no tenían acceso a las tecnologías, ni apoyo parental y con dificultades para aprender por su cuenta han sufrido mucho. De forma que observamos una fractura creciente.


¿Las diferencias entre países se deben a que estaban mejor preparados tecnológicamente?
Con la tecnología, pero también con las capacidades de los profesores, que son una parte importante de la educación. Hay sistemas que les dan más responsabilidades. En Holanda, Finlandia o Estonia, incluso en tiempos normales, los enseñantes pueden organizarse por su cuenta. Así es más fácil adaptarse. Mientras, en un sistema en el que todo está centralizado, a los profesores les cuesta adaptarse. Si se observa por qué en Asia las cosas han ido bien es porque los profesores no se limitan a enseñar (...) Pasan mucho más tiempo que en Europa trabajando fuera de la clase.


¿Ha sido un error no reabrir las escuelas en España o Italia?
Creo que no se podía simplemente reabrir las escuelas como antes. Hay que aplicar el distanciamiento, no se pueden tener tantos estudiantes en el aula, hay que combinar el aprendizaje en la escuela con el aprendizaje en casa. Pero si se hace eso, es mucho mejor reabrir las escuelas rápidamente.


¿Se ha creado una gran fractura entre los alumnos que se han descolgado y los otros?
Los que se han descolgado probablemente ya se habían rezagado antes de la crisis, de forma que salen doblemente penalizados. Cuando se reabren las escuelas, si no se puede acoger a todos, al menos hay que asegurarse de que tienen un sitio adonde ir. Porque la escuela no es solo el lugar para el aprendizaje académico, es muy importante para la socialización.


¿Cómo les afecta la educación a distancia?
El problema es que si no te gustaba la escuela presencial, con la tele-educación no serás un buen estudiante. Hay que tener capacidad de aprender por uno mismo. Si estás en un sistema escolar en el que cada día los profesores te dicen lo que tienes que hacer, cuando te ves solo delante del ordenador no sabes por dónde empezar. La educación a distancia es muy difícil para los jóvenes que no han experimentado un aprendizaje independiente.


¿Es necesario preparar un protocolo de enseñanza en caso de un nuevo confinamiento?
Soy bastante optimista. No creo que tengamos que repetir un confinamiento general. Pienso que habrá clases individuales que cerrarán, que habrá más evaluaciones individuales de alumnos y profesores. Que en la próxima ola, porque es probable que haya un rebrote, se afrontará con más preparación en la mayoría de los países.


¿Cuáles son las prioridades en la preparación de los profesores?
Los profesores deben ser creativos para diseñar un aprendizaje innovador, no es solo una cuestión de tecnología. Tienen que conocer a sus alumnos. En el pasado, los estudiantes venían a clase, se sentaban delante de ti y simplemente estaban presentes. Ahora los alumnos están solo presentes si reaccionas a ellos, si entiendes quiénes son, si entiendes sus sueños, sus pasiones. Los profesores deben pensar mucho más en la dimensión social del aprendizaje, en el desarrollo emocional. Los estudiantes se acordarán de los docentes que reaccionaron, los que se pusieron en contacto con ellos, los que construyeron una forma de relación.


¿Puede sustituir la inteligencia artificial a los profesores?
La inteligencia artificial y la tecnología pueden amplificar y acelerar un buen aprendizaje, pero no sustituyen un mal aprendizaje. El aprendizaje no es un fenómeno transaccional, es siempre un fenómeno relacional. La tecnología puede ayudar y ampliar la capacidad de los buenos profesores, puede hacerlo más interactivo, más divertido, más adaptativo. Pero el coronavirus ha puesto en evidencia que sin buenos profesores no hay un buen aprendizaje.


¿La crisis acrecentará las diferencias entre los países por su capacidad para adaptarse a la situación?
Sí, me parece que eso es lo que puede ocurrir. Vemos que hay países que reaccionaron rápidamente a la crisis, que tienen una buena fuerza de aprendizaje, que se han adaptado muy rápido. Otros países arrastran una serie de problemas.


¿En qué posición está España?
Estoy bastante impresionado. España fue bastante rápida al poner en marcha el aprendizaje por televisión para los más pequeños, el tele-aprendizaje. En 15 días hizo muchas adaptaciones, mucho mejor que en Francia, por ejemplo. Pero también se ve que los estudiantes españoles son ahora más heterogéneos.