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Ciudad Real y Miguelturra han estado, de alguna manera, viviendo de espaldas a cada una de sus distintas realidades. La historia siempre les ha enfrentado por aquello de la territorialidad y los distintos intereses medievales en los incipientes orígenes de ambas localidades. Al final al cabo, la reconquista fue una etapa desigual y compleja por recuperar calles, emplazamientos e historias personales que las leyendas se multiplicaron por doquier. Una de ellas, es la supuesta enemistad que nunca se ha visto refrendada en la realidad. 
La semana pasada, en Miguelturra, y no en Ciudad Real y no conjuntamente, se presentó el proyecto de la pasarela para entrelazar de nuevo los lazos de la comunicación rotos en su día de forma radical por el paso de la autovía-43. Durante décadas, y en momentos concretos del calendario, como el carnaval, la carretera que les une fue un problema por el peregrinaje de jóvenes caminando sobre el asfalto con el riesgo que eso conllevaba. Los taxis no se pusieron de acuerdo; hubo quejas por la parada de los autobuses, por la falta de iluminación en la gran rotonda de la autovía y por fin llega una infraestructura a la altura de los dos municipios para derribar definitivamente el obstáculo que impedía al peatón integrarse en las comunicaciones. Sin duda, como se aseguró en la presentación, es una gran inversión al nivel de estas dos grandes ciudades, es decir, para una población que ronda los 100.000 habitantes de forma conjunta. 
Sin embargo, en las imágenes facilitadas centradas en la pasarela o puente, no se presentó un plan de cómo será ese trayecto más allá de salvar la A-43. Tan importante es cómo solucionar la altura como dar continuidad e integrar esa infraestructura con las dos realidades urbanísticas de ambas ciudades. Algo, por otra parte, que ya podía estar solucionado de alguna manera. Pocas administraciones apuestan por crear verdaderos itinerarios accesibles donde el peatón y la bicicleta sean los auténticos protagonistas. Más allá de vías verdes y caminos asfaltados, no hay una cultura ni un convencimiento donde los carriles bicis, por ejemplo, tengan identidad propia en las carreteras convencionales de las entradas e interiores de los núcleos urbanos. En este caso, y según las recreaciones, el acceso al futuro puente nace de la carretera desde Miguelturra y vuelve a la CM-4111 en su lado de Ciudad Real. 
Si esto fuera así, aún se está a tiempo de las pertinentes modificaciones urbanísticas para la integración de un itinerario acorde de la inversión con fondos europeos. En la parte ciudadrealeña, por ejemplo, sería mucho más fácil si el puente se une a la altura de una gran avenida como es la de Parque de Cabañeros donde existen múltiples combinaciones para adecuar un paseo digno a la futura pasarela que llegaría directamente a la rotonda del cubato. Más difícil lo tiene Miguelturra con el polígono, la vía de servicio y la propia carretera. Es solo de voluntad y de diseñar unas ciudades más amables donde cada transporte tenga su espacio. Sería recomendable que hubiera una comisión técnica formada por los dos ayuntamientos para darle forma a una ruta que realmente una lazos, ideas, proyectos y personas. Lo bonito sería que hubiera un itinerario accesible, peatonal y ciclable desde la plaza del Pilar hasta la Torre Gorda.