DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


No estamos para dar lecciones

04/12/2020

A Isabel Díaz Ayuso le han sacado cantares por el nuevo hospital, ese que han llamado Isabel Zendal en recuerdo de la enfermera coruñesa que llevó la vacuna de la viruela a América. ¿Para qué un nuevo hospital? ¡Con lo útil que es gastarse el dinero de los contribuyentes en cocaína y en prostíbulos! Viendo la ojeriza que tienen algunos a este Madrid que no se arredra, podrían haber abierto también la barra libre de las embajadas internacionales y gastar lo que es de todos en reclamar una república independiente madrileña. El lema de esos chiringuitos repartidos por todo el mundo podría ser el sugerente y muchas veces recordado «no pasarán».
Los que esta semana han voceado en los alrededores del nuevo complejo, son los mismos que cargaron contra el improvisado hospital habilitado en Ifema. Los que acuden un martes a mediodía a levantar la pancarta y coger el megáfono es porque tienen poco que hacer. Aquella reconversión monumental se hizo en España y en Madrid, para más datos. De haberse realizado en China o incluso en Extremadura, habría sido elevada como la obra de ingeniería más importante de la historia del mundo. Entonces no pudieron alzar mucho la voz porque la gente moría a espuertas. Además, fue el auténtico balón de oxígeno para el resto de hospitales públicos que estaban saturados. Ahora, los ventajistas de siempre creen haber encontrado argumentos. No van a escuchar que la gestión de Madrid ha colocado a la Comunidad en niveles de contagio muy inferiores a la media de España. El griterío va a cuestionar la necesidad de este hospital. ¿Para qué si ya está todo controlado? El simonismo ha calado.     
Cuando se proyectó, la situación era muy diferente a la que tenemos hoy, con un escenario de máxima emergencia. Esos aprovechados que nunca ven llegar nada, pero que siempre critican lo que ha pasado, dicen ahora que ya no es necesario porque la alerta no es tal. Si sus previsiones son tan certeras como hasta ahora, este hospital se llenaría. Por eso, se planteó en tiempo récord: la instalación se ha levantado en tres meses y diez días, la inversión ha alcanzado los 100 millones de euros -muy por encima de lo previsto inicialmente- y tiene una capacidad de 1000 camas de hospitalización general y 50 de UCI. Tal y como está, sirve para parar un repunte de coronavirus. Sin embargo, no está, ni mucho menos, a pleno rendimiento y, cuando una obra no está del todo terminada, sobra cualquier tipo de inauguración.
Si Ayuso no hubiera hecho nada, los cantares le habrían salido por su inacción. Y puestos a comparar, a los que rajan de Madrid desde esta Castilla-La Mancha nuestra, ¿por qué callan con lo que ha pasado con el nuevo hospital de Toledo y la ampliación del de Guadalajara? Si juntáramos las fotos de todas las visitas guiadas que Page y compañía han realizado a los dos centros, saldría una exposición que no cabría en el Thyssen. El de Toledo surgió en 2000 y en la carrera de Documentación hay una asignatura sólo para recopilar los distintos planes funcionales y la historia de este proyecto eterno. Por lo que me toca más de cerca, la ampliación y reforma del hospital de Guadalajara se anunció en 2007. Entonces estaba de presidente Barreda. En 2009, sin cambio en Fuensalida, se adjudicaron las obras. Aquí el argumento es que las paralizó la malvada Cospedal en 2012, pero esconden que el PSOE lleva de nuevo cinco años sin que hayan sido capaces de finalizar los trabajos. Se inaugurará a medida que se acerquen las elecciones y hayamos vencido a la pandemia. Viendo lo que tenemos aquí, estamos como para dar lecciones a Ayuso.