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"Hay hambre de negocio, ganas de recuperar el tiempo perdido"

A. Criado
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El director de Fenavin asegura que una de las claves del éxito de la Feria Nacional del Vino "no ha dado ningún bandazo desde la primera edición"

Manuel Juliá, director de la Feria Nacional del vino - Foto: Tomás Fernández de Moya

En mayo de 2001 se inauguró la primera edición de Fenavin. ¿Se imaginaba entonces que la feria podía llegar a alcanzar estas cotas de éxito?

La deducción a futuro es siempre bastante peligrosa, pero lo que sí te puedo decir es que en el caso de Fenavin no ha habido ninguna oscilación en la estrategia inicial. En la primera edición ya se planteó una feria especializada en el sector exterior, un proyecto para solidificar la demanda y atraerla a Ciudad Real, su carácter profesional, el centro de negocio, la galería del vino...  Lo único que no contemplamos en aquella primera edición fue el programa 'Conecte con', que lo incorporamos más adelante. La feria no ha dado ningún bandazo desde la primera edición, en la que echó una raíz muy sólida.

¿Cuáles son las claves para que se haya convertido en una referencia mundial para el sector?

Fenavin empezó bien y ha ido cumpliendo etapas en cada una de las ediciones. Etapas que han consistido fundamentalmente en innovar sobre el sector y perfeccionar los instrumentos que establecimos para que la feria se fuera desarrollando. Hay que tener en cuenta que Ciudad Real es una zona productora y, en principio, no era proclive para que hubiera un evento de estas características.

¿Qué expectativas hay en el sector tras el parón provocado por la pandemia?

La pandemia ha generado un malestar socioeconómico por la imposibilidad de generar actuaciones comerciales, especialmente en un sector como el vinícola, que depende tanto de la exportación. Tras un periodo de vacas flacas, ahora detectamos que hay hambre de negocio, que los bodegueros tienen muchas ganas de recuperar el tiempo perdido y la demanda, que es lo importante en una feria como Fenavin, está ávida de mejorar la selección de bodegas para sus operaciones de distribución e importación.

La esencia de Fenavin es el negocio. Hábleme de cifras...

Estamos hablando de un total de 1.874 bodegas y cooperativas distribuidas en ocho pabellones, en una superficie superior a los 28.000 metros cuadrados. Está representada prácticamente toda España. Además, calculamos la presencia de unos 14.000 compradores (3.700 internacionales). En la galería del vino vamos a tener 1.436 vinos diferentes y el 33% son ya ecológicos. Además, se han organizado un total de 63 actividades profesionales.

Crecen las exportaciones y desciende el consumo interno. ¿El futuro del vino español está fuera de nuestras fronteras?

La cantidad que producimos no la vamos a consumir nunca, por lo que claramente es un sector que depende de la exportación. Eso no quiere decir que no sea necesario incidir en la cultura del vino en nuestro país, uno de los tres grandes productores mundiales y donde está más desarrollada la visión  cultural del vino, presente en todas las bellas artes. Desde la primera edición de Fenavin hemos entendido que la cultura del vino es importante e incluso este año, desde la Diputación de Ciudad Real, se ha elaborado un programa específico, intentando crear esa realidad socioeconómica del vino en el consumo.

¿No es una guerra perdida?

Pienso que no. Si seguimos insistiendo en la cultura del vino, creo que poco a poco irá mejorando el consumo interno. Imagino que de las miles de personas que han asistido a las catas organizadas en la provincia, un porcentaje, a partir de esta experiencia, pedirá un vino cuando salgan a divertirse. Tendremos altibajos y seguro que vendrán mejores momentos, pero lo que no hay que hacer es dejar de promocionar la cultura del vino.

¿Quedan todavía mercados atractivos por conquistas fuera de nuestras fronteras?

Pienso que sí. Nosotros llevamos tiempo incidiendo en los países del este de Europa, como República Checa o Bulgaria, y el crecimiento que estamos observando es enorme. Seguimos invirtiendo también en los mercados tradicionales, como Alemania y Estados Unidos, y buscamos otros más exóticos, de los que poco a poco van viniendo más compradores.

¿Cómo ha sido la evolución de los vinos castellano-manchegos durante las últimas dos décadas?.

La evolución ha sido espectacular, pero queda mucho. Me acuerdo cuando empezamos en Fenavin las pocas marcas 'reconocidas' que había y hoy podemos hacer una guía de grandes vinos de Castilla-La Mancha. La evolución en cuanto a calidad, presentación y mejora en las producciones ha sido espectacular, lo que no quiere decir que quede aún mucho trabajo por delante, porque partíamos desde muy atrás.

El embotellado es la clave.

Para mí está claro, el valor añadido.  No se trata de que sean vinos caros, sino de que el valor de marca sea importante en cada segmento de mercado relacionado con el precio de ese segmento, mejorar los canales de comercialización y vender más vino embotellado, que no se produzcan situaciones en las que vendiendo más se ingrese menos.  Ocupamos los primeros puestos en producción y también tenemos que ocuparlos en generación de valor añadido. Creo que la batalla está clarísima y es la que hay que dar.

En 2023 se celebrará una nueva edición de Fenavin en el nuevo pabellón ferial ya finalizado. ¿Qué supondrá esta infraestructura para la feria?

Hay que reconocer la apuesta de futuro inmejorable para Fenavin que ha hecho el presidente de la Diputación de Ciudad Real, José Manuel Caballero, con el pabellón ferial, que aportará casi 10.000 metros más de superficie para el crecimiento y desarrollo de este evento. Una apuesta que ya se empezará a notar en la edición de este año. El pabellón ferial mejora la envoltura de una gestión innovadora y creativa de calidad que se tiene que mantener y que es la clave de que Fenavin esté hoy donde está.