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Javier López

NUEVO SURCO

Javier López


#TerritorioAyuso

25/05/2022

El territorio está ya marcado, trabajo le ha costado a Isabel Natividad Díaz Ayuso. Podríamos decir que lo de Ayuso es un poco como lo de Chanel, gusta más o menos, entiendes la letra o te llega más la música, pero al final es un hecho consumado, sin más, se impone, cala, llega. Nadie lo hubiera pensado hace no mucho más de cuatro años cuando la ahora flamante presidenta de Madrid, y de su PP correspondiente, parecía destinada a ser una eficaz cuadro medio de Cristina Cifuentes, o de Pablo Casado. Con el destronado líder del PP compartía amistad y confidencias, complicidades, generación y objetivos, pero no hay nada más destructivo que la política actuando como espada de los sentimientos más recios, generando, a su vez, los contrasentimientos más añejos, en este caso, la desconfianza, los celos que no pudo evitar su otrora amigo y aliado. Hoy de Pablo Casado no sabemos nada, ha desaparecido, engullido, como otros en los últimos años, por una dinámica infernal que tiene a nuestro país de sobresalto en sobresalto desde hace demasiado tiempo ya, quizá desde que el rey emérito abdicara, cerrando un reinando tranquilo y exitoso, aunque agotado, y abriendo una época de mudanzas en la que nada termina de estar terminado y lo único que parece aguantar el vendaval con cierta solvencia es la figura del rey heredero, Felipe VI, al que todo le ha venido tan difícil.
En ese estado de convulsión total es donde ha emergido el fenómeno Ayuso que,- ella sí-, ha terminado de marcar su territorio en el ya celebrado congreso del PP madrileño. Sabemos que estamos ante un fenómeno novedoso porque tiene uno de sus  puntos fuertes en la fotogenia, tan de los nuevos modos en la política, y en la espontaneidad, que rompe con tanto discurso previsible y encorsetado de nuestros políticos. El día en que Pablo Motos le hizo una entrevista en El Hormiguero (noviembre 2021), -récord total de audiencia-, supimos con toda certeza que allí había algo novedoso que no habíamos visto antes en la política española. Una forma de estar y de hablar, una manera de sonreír y de callar que hacía pedazos la típica entrevista a un político español en 'prime time'. El encanto de Ayuso es el de las grandes tímidas, su éxito se nos presenta ya como un hecho consumado, de lo poco que ha quedado claro en el impreciso territorio de este tiempo de mudanzas.
Ayuso ha aprendido a hacer atractiva su timidez, que se torna desparpajo en el momento culminante de entrar en la suerte suprema, confirma su alternativa como fenómeno mediático, dique de contención, agente de encuadramiento masivo para una sociedad polarizada y necesitada de referentes para formalizar ese encuadramiento.  A un lado el sanchismo, a otro lado ella. Así se ha planteado la batalla. Lo demás son tonalidades medias que a la postre pueden ser tan necesarias, incluso gubernamentales, como García Page o Núñez Feijóo, pero que no llevan los debates a sus consecuencias últimas y, sobre todo, emocionales.
El ayusismo es la bandera novedosa que se ha alzado victoriosa ante el naufragio descomunal de los partidos que vinieron a cambiarlo todo y han envejecido nada más nacer, llenitos de caspa y apolillados por el virus letal de la conformidad radical con las viejas maneras. Queda el experimento de Vox, que a todas luces no parece querer ser otra cosa que la muleta del PP allí donde sea menester, pero Isabel Díaz Ayuso también ha sabido neutralizarlo en su territorio. El territorio Ayuso se presenta así como uno de los síntomas con los que la nueva política desemboca por algún lado, una válvula de escape para una ciudadanía que ya ni siquiera tiene muy claro que es lo que quiere, pero al menos pide que el político no tenga dobleces dialécticas, hable claro y se le entienda. Es época de hechos consumados a golpe de pura fotogenia y unos cuantos conceptos engendrados desde lo más primario. Es posible que vuelva en algún momento el tiempo de las ideologías rotundas, pero ahora no estamos en eso, y gana el que conecta con un estado de ánimo que pide aire, y quizá carretera y manta para irnos a otro lugar distinto y distante a esta saturación de reglas y precauciones con el que se ha ido ahogando la vida desde la irrupción de aquel virus que provocó la mayor clausura de nuestra libertad en tiempos democráticos. Es entonces cuando destacó Isabel Díaz Ayuso en el foro y triunfó contra las previsiones iniciales de los viejos analistas, hasta imponerse como un hecho consumado, sin más.