Simón Soldevilla plasma su vocación de luthier

Diego Farto
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El artesano ciudadrealeño explica las características de un trabajo que se basa en conocimientos muy amplios sobre los materiales, la música y la sonoridad de la madera

Simón Soldevilla plasma su vocación de luthier - Foto: Tomás Fernández de Moya

Simón Soldevilla se mueve entre maderas nobles, cuerdas de diferentes materiales y fragmentos venerables procedentes de siglos pasados que le permiten trabajar en lo que más le gusta, la construcción de instrumentos musicales y la restauración de otros realizados por maestros lutieres hace siglos, como el Stradivarius roto que decora un rincón de su tienda y en el que tendrá que volcar toda su sapiencia para devolverlo a la vida.
Desde hace algo más de dos meses ha abierto su propio taller en la avenida de las Lagunas del Ruidera, 30, a pocos pasos del Conservatorio Profesional de Música Marcos Redondo, una decisión que obedece a su propia progresión profesional. «Me siento con seguridad para quitarme el título de aprendiz y establecerme por mi cuenta», explica.
Soldevilla, nacido en Ciudad Real y formado en Valencia y Bilbao antes de trabajar en Madrid en otro taller, se centra principalmente en los instrumentos de cuerda frotada, la familia que forman el violín, la viola, el violonchelo y el contrabajo, a los que se añaden sus antecesores como la viola de gamba o la fídula entre otros, «pero también trabajo sobre instrumentos de cuerda pulsada, como pueda ser una guitarra o una bandurria», añade antes de precisar: «En realidad, lo único que no trabajo son los instrumentos de viento».
El luthier observa que su tarea requiere «conocimientos musicales y de materiales, pero también conocimientos históricos, porque cuando trabajas con instrumentos de hace 500 años, por ejemplo, la réplica de una zanfona, también de la familia de la cuerda frotada, tienes que documentarte bien, ver qué proporciones tiene, qué tamaño tiene el brazo del intérprete, necesitas hacer un plano del instrumento, saber qué materiales precisas para hacerlo. Necesitas afinación y también se requieren conocimientos de ebanistería para saber tratar la madera y otros materiales; y es recomendable saber de acústica porque ayuda a saber cómo funciona el sonido o a saber qué significa algo que suena mal», enumera.
En el caso de las restauraciones, el trabajo es bastante laborioso. «Lo primero que hay que hacer es analizar los daños y ver dónde puedes atacarlo». En este sentido, subraya que reconstruir un instrumento dañado «no es una ciencia exacta ni hay ningún manual que te diga ‘esto es lo que tienes que hacer’».
Hay que tener en cuenta normas como la prohibición de eliminar piezas originales o introducir materiales no utilizados en su primera construcción. Este genera dificultades, por ejemplo, a la hora de tapar rotos, puesto que para conservar la sonoridad del instrumento se debe buscar una madera similar. «Lo ideal es emplear una madera antigua, no es fácil siempre, porque salvo que puedas conseguir una puerta de un convento o una pieza de un naufragio es difícil y caro de encontrar».
Al luthier también le conviene disponer de «un catálogo de maderas con muchos tipos de abetos o muchos tipos de arce para buscar el material más parecido al instrumento que tienes que reparar».
Por el contrario, realizar instrumentos de nueva factura permite ajustarse a las condiciones físicas y los gustos del intérprete. «Si tienes el brazo más largo o más corto afecta a las condiciones de tocabilidad», con lo que hacer el instrumento totalmente nuevo hace posible que sus medidas sean las ideales para cada persona concreta.
Simón Soldevilla trabaja también con instrumentos de fabricación industrial, destinados a los alumnos que se inician en conservatorios y escuelas de músicas. Para ellos realiza una labor de afinado y ajuste «para que les sea más fácil, que la cuerda no esté tan dura», lo que puede ser decisivo a la hora de seguir adelante con su pasión musical.