Civiles al servicio del ejército

Ana Pobes
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Son médicos, ingenieros, bomberos, psicólogos, profesores... Pero una vez al año ingresan temporalmente en las Fuerzas Armadas para prestar sus servicios. Son reservistas voluntarios

Civiles al servicio del ejército - Foto: Rueda Villaverde

José Molina Cabildo, Eduardo Díaz Santos y Baldomero Martín de la Sierra tienen, cada uno, su profesión, pero su vida civil se complementa temporalmente con su ingreso una vez al año en las Fuerzas Armadas. Son reservistas voluntarios, una figura poco conocida pero que surgió hace ya casi dos décadas, en 2002, con el objetivo de disponer de personal especializado para cubrir determinadas necesidades al desaparecer el servicio militar obligatorio, la mili. Ellos son tres de los 26 reservistas voluntarios que hay en Ciudad Real y de los más de 3.400 que existen en España. Civiles al servicio del Ejército y por lo tanto militares, porque el tiempo que están en filas son uno más.
Los reservistas pueden operar en los tres ejércitos (Tierra, Armada y Aire) y según su formación pueden acceder en las categorías de oficial, suboficial y tropa. Eduardo y Baldomero son alféreces, mientras José, sargento, es ya a sus 61 años reservista ‘jubilado’ como constata en su título de reservista honorífico.
«Son ciudadanos que no son militares profesionales de carrera pero que han decidido incorporarse a las Fuerzas Armadas porque así lo sienten, y porque quieren pertenecer a ellas para prestar sus servicios en un periodo de tiempo». Así los define el coronel Juan Manuel del Hierro. «Los valoro enormemente porque tienen mucho mérito. Lo más lógico sería que hicieran su vida y se dedicaran a su trabajo habitual sin complicaciones pero en cambio, de forma voluntaria, adquieren un compromiso con el Ejército y eso, es meritorio. Hacen un esfuerzo muy grande porque muchos se activan en su periodo de vacaciones, por lo que es un sacrificio para ellos y sus familias», puntualiza.
Todos ellos aplican a las Fuerzas Armadas sus oficios, profesiones o carreras de su vida civil de cara a «completar determinadas áreas en las que las Fuerzas Armadas tienen ciertas carencias como es, por ejemplo, en la asistencia sanitaria». La figura del reservista voluntario, explica, es «un buen sistema para que en el ámbito civil se conozca cuál es la labor de las Fuerzas Armadas. Es una simbiosis muy grande entre estos dos mundos, el militar y el civil».
¿Quién puede ser reservista voluntario? Pues «las personas de entre 18 y 58 años pueden acceder a la escala de oficiales y suboficiales, y de 18 a 55 años si quieren adscribirse a la tropa». Así lo comenta el subteniente José Carlos Chaparro, quien añade que para ingresar hay que esperar a la convocatoria anual de selección para el acceso a la condición de reservista voluntario en el Boletín Oficial del Estado (BOE), donde se determinan las plazas para las distintas categorías. Este año, han sido 150, cincuenta más que los dos últimos años. Entre algunos de los requisitos están los de no tener antecedentes penales ni estar imputado ni procesado. A la categoría de oficiales pueden optar los que estén en posesión del título equivalente al primer ciclo de carrera, mientras para suboficiales se necesita estar en posesión del título de Bachiller, de Formación Profesional, Técnico Especialista o equivalente, y en el caso de tropa, la ESO.
Estos civiles con categoría de reservistas voluntarios pueden participar tanto en misiones nacionales como internacionales si así lo solicitan donde acumulan experiencias «inolvidables», recuerda el coronel Del Hierro, como es el caso de un médico del Hospital La Mancha Centro, de Alcázar de San Juan, «que alumbró el nacimiento de una madre en una patera de refugiados. Sin duda, una experiencia muy gratificante», sentencia. 

 

Eduardo Díaz Santos. En el servicio militar obligatorio Eduardo Díaz Santos se encontró «como en casa», y desde entonces siempre guarda «ese recuerdo con cariño». Cuando se enteró de la posibilidad de incorporarse de nuevo al Ejército como reservista voluntario no dudó en inscribirse consiguiendo una plaza en el Parque y Centro de Mantenimiento de Sistemas Antiaéreos de Costa y Miseles (Pcmasacom), ubicado entre Pozuelo de Alarcón y Boadilla del Monte (Madrid).
Ingeniero de profesión, es en este centro militar donde ayuda a desarrollar «las necesidades del Ejército en materia de acopio de materiales en base a unos escenarios de operatividad establecidos y unos presupuestos», explica. «Mi primera incorporación en el Ejército fue muy grata pero en esta segunda fase como reservista me he adaptado muy bien y estoy a gusto por esos valores que aporta el Ejército como son la solidaridad y el compañerismo, y que no son tan abundantes en la vida civil».
Lleva seis años como reservista pero «me da rabia que no me hubiera enterado antes», pues a pesar del esfuerzo personal que se realiza «estoy encantado de la vida». 

 

José Molina. Médico de profesión ha estado como reservista voluntario durante once años. Hoy, a sus 61 años, posee ya el título de reservista honorífico al haber finalizado su compromiso con las Fuerzas Armadas.
Su primer contacto con el Ejército fue en el servicio militar obligatorio, con el hospital militar de Melilla como destino. Una experiencia «gratificante», recuerda, que ha querido completar con la figura de reservista aportando sus conocimientos en Medicina en los cuerpos comunes,  principalmente en la Unidad Militar de Emergencias. «Es una experiencia muy gratificante desde el punto de vista profesional como de pertenencia a un país», puntualiza con satisfacción.
Entró como reservista voluntario por «casualidad», cuando en una reseña de un periódico sanitario leyó el perfil de una compañera en la que figuraba que era reservista voluntario. En aquella época desconocía lo que significaba esta figura y con curiosidad se metió en la web del Ministerio de Defensa. «Hice mi inscripción, pasé unas pruebas y me seleccionaron para ser reservista». Desde entonces, lleva «muy a gala ser reservista» porque «es un gran honor». 

 

Baldomero Martín. Desde 2005 compagina su profesión de director de seguridad privada en una empresa de transporte con la de reservista voluntario destinado en la Base de Almagro ‘Sánchez Bilbao’, donde ofrece sus conocimientos en el departamento de seguridad del Bhela 1.
Desde siempre ha estado vinculado al Ejército. «Hice el servicio militar obligatorio y después me presenté a suboficial pero aprobé sin plaza y opté por el tema de tropa y marinería profesional, la cual aprobé y estuve seis años destinado en el cuartel La Reina, de Córdoba». Tras pasar por  el centro de operaciones  de Bosnia-Herzegovina, motivos personales le llevaron a salir del Ejército al no concedérsele un cambio de destino. Ahora, y gracias a la figura de reservista voluntario «me he podido quitar esa espinita clavada», comenta. Y es que, incide,  el Ejército «me ha dado unos valores que creo que en la vida civil no se tienen».
Manifiesta que el tema del autónomo funciona de otra manera, pues «como trabajamos por cuenta ajena la mayoría de las veces tenemos que ser reservistas en nuestras vacaciones, algo que la gente no entiende y que sin el apoyo de la familia no sería posible».