10 días de homenaje y luto: En Memoria de Francisco Muñoz

Patricia Vera
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Recuerdo a Francisco Muñoz Lorca, pandorgo del 90 e ideólogo de la tradición

10 días luto por los 1.093 muertos

No era un número más en la lista de víctimas del COVID, pero tenía el carné número cero de la peña del Atlético de Madrid y el 25 de la Hermandad de la Virgen de Alarcos. Fue también el número 1 en muchas cosas. Ideólogo de algunas de las grandes tradiciones de Ciudad Real, que con trabajo conseguía pasarlas de su mente a la realidad. La vida social de Ciudad Real no sería lo mismo si la ciudad no hubiera visto nacer a uno de sus más ilustres ciudadanos: Francisco Muñoz Lorca. Hizo mucho ruido en vida, avivó todas las llamas habidas y por haber de la tradición, pero se fue «sin decir ni pío», solo en una habitación de hospital, sin manos apretadas que lo acompañaran en su último aliento.
Les pesa a sus hijos, Ana y Francisco Muñoz, que se atropellan para repasar la nómina de aportaciones de su padre a Ciudad Real. Pero le pesa a todos aquellos que pasaron por su vida, que trabajaron codo con codo en las bambalinas de todo acontecimiento que tuviera que ver con las raíces manchegas.
Su imagen más recordada, de todas las que sumó en vida, quizá sea vestido de pandorgo. 1990 fue el año clave en la vida de esta familia, «un honor, un lujo y una satisfacción». Una familia que «está viviendo las mieles de todo lo que aportó», reflexiona su hija Ana. Cuenta Francisco, hijo, que su padre fundó la hermandad de pandorgos, de la que fue primer presidente, y promovió que todos los pandorgos fueran hermanos de la Virgen del Prado. Fue mayordomo de la patrona de Ciudad Real, «no la vestía pero iba a apretar el tornillo que hiciera falta», recuerda Ana. La religión siempre estuvo presente en su vida: hermano mayor de la Dolorosa, de San Antón, de San Isidro (hermandad que también fundó), tesorero durante 17 años de la Asociación de Cofradías...
Pero es que también dejó huella en el comercio, pulso vital de la ciudad. Agente comercial de profesión, tesorero del Colegio profesional, «es recordado por ser Paco Muñoz, el de la Puerta del Sol, en la calle Feria», y en 1993 abrió Santa María, por donde en los últimos días ha desfilado un sinnúmero de personas a compartir recuerdos o a dar el pésame.
También le recuerdan sus compañeros del Ateneo Taurino Manchego, entidad que fundó; de la Asociación de la Capa, que también ideó; incluso fue miembro muy activo de la Asociación Quijote 2000 y organizador de las galas de la feria, «con gente superimportante, de la talla del juez Calatayud o de Irene Villa, que estuvo comiendo en nuestro campo...»
Pero Francisco Muñoz no se fue sin cumplir un sueño. Hace 45 años le tocó en una rifa una toalla del Atleti y dijo: «Esto lo voy a llevar cuando me muera». Permaneció sin estrenar décadas hasta que su hija Ana la llevó al tanatorio, en las tres horas que estuvo en lo que, ahora cuenta, «parecía una película, con los enterradores con sus EPI, sudando, el precinto de riesgo biológico...», rememora como quien cuenta una pesadilla.
«Quería ser enterrado con su traje de pandorgo y por la situación no pudo ser, pero sí me dijeron los enterradores que le pusieron la toalla del Atleti debajo», relata, como si esto consolara de la pérdida de un «padre ejemplar, casero, familiar», que deja esposa, Ana María, cuatro hijos y cinco nietos en los que ha sembrado sin duda la semilla de la tradición.
Era, según Ana, «de un ‘mancheguismo’ subido», referente de los pandorgos más jóvenes y querido por los más mayores. «Picó en muchas cosas pero allá donde picó, picó alto», reconoce orgullosa, para calificarle de «mártir de la pandemia». Por eso «hay que cerrar esto, con la familia pero con todos los que le querían», de ahí que esté inmersa en organizar un funeral para el mes de agosto. «Hay que darle la despedida que él merece, porque nadie se ha podido despedir y queremos que su memoria perdure».