La desescalada más dolorosa

A. Criado
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Tomelloso, uno de los municipios más afectados por el COVID-19, entra en la fase 1 con prudencia e incertidumbre y una reivindicación unánime de más medios sanitarios

La desescalada más dolorosa - Foto: Rueda Villaverde

Tomelloso, una de las localidades más castigadas por la pandemia, ha entrado en la fase 1 de la desescalada con temor, incertidumbre y mucho dolor. Es difícil encontrar en sus calles y plazas a un vecino que no haya perdido a un ser querido en los últimos meses. Según los datos facilitados por el Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha, el Registro Civil expidió 319 licencias de enterramiento entre marzo y abril, de las que 150 fueron a causa del coronavirus y 141 por «sospecha compatible con el COVID-19». Cifras trágicas, muy elevadas para una población de 36.000 habitantes, que han situado a la ciudad en el centro de un incómodo y agrio debate político y mediático que llegó incluso hasta el púlpito de las iglesias. Detrás de los fríos números hay personas fallecidas y familias destrozadas.

El dueño de una céntrica tienda de ropa se emociona al recordar que una clienta había perdido en apenas una semana a sus padres, dos tíos y dos primos hermanos. «Me he quedado sola en esta vida», le comentó totalmente abatida. Tampoco están siendo unos meses fáciles para Nicolás de la Rosa, pastor de la Iglesia Evangélica Filadelfia. Un hermano, una cuñada y dos sobrinos, que vivían en una casa contigua a la suya en la calle Los Olivos, fallecieron a causa del coronavirus. Nicolás vive entre el duelo por estas pérdidas y el hartazgo por tener que desmentir una y otra vez que no tienen nada que ver con el famoso entierro de Haro (La Rioja) que el Gobierno de Castilla-La Mancha asocia al brutal brote de COVID-19 que ha padecido Tomelloso. «Siempre buscan un chivo expiatorio y en este caso les ha tocado a los gitanos», explica a las puertas de su casa, en presencia de su mujer. Asegura que nunca han viajado a la localidad riojana («no sabía ni dónde estaba») y que no se dedican a la venta ambulante. Concienciado por la crudeza del virus, el pastor cerró a cal y canto las puertas de la iglesia evangélica y a pesar de que Tomelloso se encuentra ya en fase 1, aún celebra los cultos a través de una aplicación móvil. Hay que recordar que el presidente autonómico, Emiliano García-Page, afirmó públicamente que una sola persona, un vendedor ambulante que viajó de Tomelloso a Haro, pudo contagiar a entre 30.000 y 50.000 personas en menos de 12 días. Unas declaraciones que pusieron en el punto de mira a la ciudad, calificada en algunos medios como la ‘Wuhan de La Mancha’, y que han generado malestar en el equipo de Gobierno del Ayuntamiento, del mismo de color político. «Yo soy esclava de mis palabras solamente, no de las de otros», llegó a afirmar la alcaldesa, Inmaculada Jiménez, en un Pleno celebrado a principios de mayo.

Otro de los puntos negros de la crisis sanitaria en la ciudad se encuentra, paradójicamente, en la calle Esperanza. Allí se levanta un residencial de la Fundación Elder, un centro privado de mayores en el que el virus se propagó de forma descontrolada desde que se detectó el primer caso el 9 de marzo. Cinco días más tarde, cuando entró en vigor el estado de alarma, la Dirección General de Salud Pública informó de que ya había cuatro fallecidos. La Administración regional, que asumió la gestión en mitad de un cruce de acusaciones con la dirección de la residencia, eleva a 40 el número de decesos por coronavirus confirmados desde el inicio de la pandemia. Dos ancianos descansaban el viernes a mediodía en el jardín de este centro sociosanitario, uno de los que está siendo investigado por la Fiscalía de Castilla-La Mancha para intentar aclarar las causas de la gravedad de los hechos ocurridos.

Nicolás de la Rosa, pastor de la Iglesia Evangélica FiladelfiaNicolás de la Rosa, pastor de la Iglesia Evangélica Filadelfia - Foto: Rueda Villaverde

Más recursos. La pandemia ha dejado al descubierto la fragilidad de la estructura sanitaria de muchos países y comunidades autónomas. En Tomelloso, las demandas en materia de sanidad se retrotraen a mucho tiempo antes de que estallara esta crisis, a una época en la que incluso se produjo un amago de venta del hospital por parte del Gobierno de María Dolores Cospedal. Estas reivindicaciones son ahora más sonoras y se han recogido en una moción institucional dirigida a la Junta de Comunidades. Aprobada hace unos días por unanimidad de todos los grupos políticos, insta al Ejecutivo autonómico a instalar la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) con todos los medios óptimos para su correcto funcionamiento y la reformulación y cumplimiento del Plan Funcional, además de un incremento de medios materiales y humanos. Pablo Mezcua, presidente del Consejo de Salud de Tomelloso, considera que el hospital, que atiende también a los habitantes de Socuéllamos, Pedro Muñoz y Argamasilla de Alba, una población superior a los 60.000 habitantes, debería contar con una Unidad de Cuidados Intensivos. Subraya, no obstante, que tienen que ser los técnicos, con un informe bien justificado, los que determinen si es necesaria o no su instalación. «Hay quien argumenta que una UCI con poca actividad sirve de poco, que es como tener un piloto y que corra cada tres años»,  apostilla. Poco después de decretarse el estado de alarma, el Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (Sescam) optimizó al máximo los recursos del hospital y habilitó 90 nuevas camas.

"Saldremos adelante". Tomelloso mira al futuro con incertidumbre y lógica preocupación, pero también con confianza en sus posibilidades. «Los tomelloseros son gente muy emprendedora y trabajadora y estoy convencido de que todos juntos saldremos adelante. Todo esto pasará y demostrarán lo que son». David Gallego, presidente de la asociación de empresarios de la comarca (AECT), habla en tercera persona del plural porque es «vecino de adopción», pero le «duele» como al que más todo lo que está sufriendo la ciudad en los últimos meses. La recuperación socioeconómica de Tomelloso, como en el resto del país, no será fácil. Gallego explica que apenas una decena de establecimientos hosteleros ha regresado a la actividad durante los primeros días de la fase 1. Sí han abierto muchos comercios, en torno a un 90%, y la mayoría de las empresas se han aferrado a los expedientes de regulación temporal  de empleo (ERTE) como botes salvavidas a la espera de que pase la tormenta, al igual que los autónomos con las ayudas de las distintas administraciones. Su socio en la AECT y propietario de la tienda de ropa Odda, Enrique Sánchez, explica que el sector comercial, después de la conmoción inicial, reaccionó y celebró varias reuniones telemáticas para preparar una reapertura segura de sus negocios y poner sobre la mesa medidas que ayuden a la reactivación económica. Compraron, con el apoyo del Ayuntamiento, 10.000 mascarillas y 1.000 litros de gel hidroalcohólico para sus clientes, y ahora han suscrito un convenio con la auditora Eurocontrol «para que analice todos los comercios asociados y certifique que están libres del virus». «La ventaja de las ciudades pequeñas es que todos nos conocemos y hay patriotismo y ganas de ayudar al que lo está pasando mal», enfatiza el vicepresidente de la asociación empresarial, que pone como ejemplo a Seguros Allianz, que cada semana sortea en las redes sociales un vale de 50 euros para invertir en los comercios y establecimientos hosteleros de la localidad.

El bar Felipe, en la calle Campo, a escasos metros de la plaza de España, es uno de los pocos que ha dado el paso y ha abierto al público en la fase 1. Sólo ha podido instalar cuatro mesas con sillas en la terraza y otras tres altas «para los clientes que quieran tomar un café rápido». El viernes a mediodía estaban llenas. «La gente tiene ganas de bar», afirma su propietario, Justo Sáez, que trabaja codo con codo con su hija (tercera generación), cumpliendo con todas las medidas de seguridad establecidas. Hace hincapié en que es la primera vez en 66 años (es el bar más antiguo de Tomelloso en una misma ubicación) que han estado parados tantos días, al tiempo que valora las ayudas articuladas desde las distintas administraciones públicas para ir saliendo a flote «poco a poco». Una de esas administraciones es el Ayuntamiento de Tomelloso.  Su alcaldesa, Inmaculada Jiménez, con la que intentamos ponernos en contacto sin éxito, anunció una partida extraordinaria de dos millones de euros para poner en marcha un paquete de medidas con las que reactivar la economía local, además de reforzar las ayudas a las personas y colectivos más vulnerables. Y es que, según datos de la Diputación de Ciudad Real, 478 familias de Tomelloso se han acogido al Plan de Ayudas de Emergencia Social durante la pandemia, más incluso que en Puertollano y la capital.

Usuarios en el residencial de la Fundación ElderUsuarios en el residencial de la Fundación Elder - Foto: Rueda Villaverde

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Justo Sáez y su hija tras la barra del bar Felipe
Justo Sáez y su hija tras la barra del bar Felipe - Foto: Rueda Villaverde
Enrique Sánchez atiende a una cliente en la tienda Odda
Enrique Sánchez atiende a una cliente en la tienda Odda - Foto: Rueda Villaverde
Una de las pocas terrazas abiertas durante la fase 1 en Tomelloso
Una de las pocas terrazas abiertas durante la fase 1 en Tomelloso - Foto: Rueda Villaverde