Historia en Piedra

Rafael Cantero


Camino Real de Toledo a Sevilla

04/12/2020

Por todos es sabido que la fundación de Ciudad Real con el nombre de Villa Real se debió al rey Alfonso X El Sabio, que decidió, después de varios intentos fallidos de repoblar Alarcos, situar la ciudad en el camino de Toledo a Córdoba, en una aldea vecina de Alarcos llamada Pozuelo de don Gil. Por el enclave geográfico donde decidió fundar la nueva ciudad, el monarca se aseguraba las comunicaciones entre Castilla y Andalucía y contrarrestaba el predominio de la poderosa Orden de Calatrava en estas tierras.
Desde la Edad Media y durante siglos, el Camino Real de Toledo a Sevilla, también denominado camino de la Plata, fue la vía principal de comunicación de Castilla con Andalucía, se trataba de la ruta más breve y frecuentada entre Córdoba y Castilla. Fue el camino que solían utilizar los musulmanes cordobeses en sus expediciones guerreras al centro y norte de la Península.
 En recorrer el trazado entre Toledo y Sevilla, bien fuese en carruaje o en caballos de postas, salvo acaecimientos inesperados, acostumbraba a realizarse en torno a diez jornadas o etapas. En cada etapa se recorrían entre ocho y nueve leguas, es decir entre 40 o 45 kilómetros diarios. También era costumbre que cada tres días de viaje se descansase uno.
A Ciudad Real se llegaba, una vez que se habían superado las localidades de Fuente el Fresno, Malagón, Fernancaballero y Peralvillo, en la segunda jornada de viaje. Se adentraban en la ciudad a través de la puerta de Toledo y se continuaba hacia el interior, hasta llegar a la plaza Mayor. 
Al ser Ciudad Real término de la segunda etapa del viaje y ante la necesidad de alojarse los forasteros y dar descanso a las caballerías, se acostumbraba a pernoctar aquí, en alguna de las varias posadas con que contaba el municipio. En la plaza Mayor se hallaba la antigua y popular posada del Sol y Casa de Postas, que perteneció a la Red de Caminos Reales de Postas. Otras posadas que hubo en la plaza Mayor fueron la de la Fruta y la del Caballo. 
Una vez que se salía de Ciudad Real, el camino continuaba por Caracuel y Almodóvar del Campo para adentrarse en el Valle de Alcudia a través del puerto Pulido o puerto Veredas, para salir por el puerto de la Inés, y continuar hasta Córdoba. Cuando se cruzaba Sierra Morena, el camino real se diversificaba en dos trayectos: el que seguía a Córdoba y Sevilla, y el que conducía a las ciudades de Granada y Málaga. 
A mediados del siglo XVIII se abrió el paso de Despeñaperros, y con la construcción de este nuevo camino de acceso a Andalucía se asestó un golpe mortal al viejo camino de la Plata. El tránsito por el paso de Despeñaperros hundió totalmente la ruta antigua, de tal forma que a partir del año 1789 prácticamente dejó de utilizarse el viejo Camino de Toledo a Sevilla, quedando el populoso camino de la Plata, que hasta esta fecha había sido tremendamente estratégico, en desuso y se convirtió, según dicen las crónicas, en un camino de mulas difícilmente identificable sobre el terreno. 
En la fotografía superior, propiedad de la Fundación Telefónica, se puede observar cómo era el acceso a Ciudad Real por el antiguo camino real de Toledo, en el año 1930.