Un año de cambio radical

Agencias - SPC
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Zelenski revolucionó la vida política con su arrollador triunfo en las presidenciales de 2019 y ha puesto en marcha desde entonces una renovación en las instituciones para tratar de acabar con una etapa de corrupción y desapego

Un año de cambio radical

Volodomir Zelenski acaba de cumplir un año al frente del Gobierno de Ucrania, 12 meses de duro aprendizaje para un actor convertido súbitamente en el presidente del segundo país, después de Rusia, surgido de las ruinas de la Unión Soviética y durante los que el cómico ha sabido capear los obstáculos con un relativo éxito que ha llevado a la nación a un giro radical con respecto a lo vivido años anteriores. 
Cuando el 20 de mayo de 2019 prestó juramento como jefe de Estado, su experiencia política apenas se reducía a su arrolladora campaña que acabó con las aspiraciones de reelección de Petro Poroshenko y que se apoyó en la popularidad de su personaje de presidente en una serie de televisión. La irrupción de este actor, de 41 años, supuso un terremoto para la clase política del país, que vio con estupor cómo el recién llegado se hacía en muy poco tiempo con el control del Parlamento y del Gobierno.
Ni corto ni perezoso, el mandatario disolvió la Cámara Baja y convocó elecciones anticipadas, en las que su partido, Servidor del Pueblo (por el nombre de la serie que lo catapultó a la fama), se hizo con la mayoría absoluta de los escaños, algo que no tuvo ninguno sus antecesores en el cargo.
Durante toda la campaña presidencial, que concluyó con una victoria aplastante en la segunda vuelta, con el 73 por ciento de los votos, Zelenski arremetió contra la vieja clase política del país, a la que acusó de corrupción y prometió una renovación a fondo.
Cumplió lo prometido: la lista de su partido para las parlamentarias estaba llena de caras nuevas, al igual que el Gobierno que articuló como resultado de su victoria.
«En los primeros meses, el Parlamento funcionó en modo turbo, adoptaba sin dilación las leyes y se pusieron en marcha una serie de reformas», asegura el politólogo ucraniano Vladimir Fesenko, director del centro de investigaciones políticas aplicadas Penta.
Una de la primeras leyes que aprobó la nueva Rada Suprema fue la abolición de la inmunidad parlamentaria, considerada por la opinión pública como un seguro de impunidad para los corruptos.
Estas acciones decididas condujeron a que cuatro meses después de la investidura de Zelenski, la confianza de los ucranianos en su presidente alzara cotas nunca vistas en el país: el 79 por ciento.
Sin embargo, no todo ha sido un camino de rosas y en el frente económico la situación que afronta Zelenski es complica: el país aún no se había recuperado del desplome de su PIB de 2014 y 2015 provocado por el estallido del conflicto armado en el este -que sigue siendo una cuenta pendiente en la parcela política-, cuando la pandemia del coronavirus cayó sobre Ucrania.
Las autoridades de Kiev calculan que la COVID-19 provocará una contracción de la economía del orden del 6 por ciento, caída prácticamente comparable con la de los dos primeros años de la guerra en el Donbás, cuando fue del 7,5 y 8,3,.
Además, las caras nuevas en el Ejecutivo no introdujeron mejoras en la gestión pública, lo que obligó al mandatario, descontento con la situación, a reestructurar su equipo el pasado marzo. «Este es el primer Gobierno donde no hay corrupción. Pero no basta con no robar. Necesitamos nuevos dirigentes y nuevos corazones», afirmó el presidente al explicar el cambio.
Este mes eligió como revulsivo al expresidente georgiano Mijaíl Saakashvili, un reformista radical que ya ocupó un alto cargo en Ucrania al que puso al frente del Comité Ejecutivo de Reformas adscrito a la Presidencia, desde donde -aseguró- «ayudará a introducir importantes cambios en la vida del país».
El líder ucraniano promovió y consiguió en su primer año de mandato el levantamiento a la moratoria a la compraventa de tierras agrícolas con la creación de un mercado con numerosas regulaciones, entre ellas una que prohíbe el acceso a este de extranjeros.
Muchos cambios, y los que vendrán tras la COVID-19 que ha rebajado en 20 puntos el apoyo al mandatario, según un reciente estudio. Pero, como aseguran los expertos, en este año «no se producido un milagro, pero tampoco una catástrofe», como muchos temían.