Las edades del hombre atencinas

B. Palancar
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Atienza cuenta con tres museos de arte religioso, además de la parroquia de San Juan Bautista, en los que se pueden contemplar valiosas obras de arte de distintas épocas

El párroco don Agustín González, artífice de la creación de los tres museos religiosos de Atienza, a las puertas de la capilla del patrón atencino, la iglesia de San Bartolomé. - Foto: Javier Pozo

El municipio de Atienza posee un rico patrimonio histórico-artístico. Conocerlo de la mano del párroco don Agustín González, premiado este año con la Medalla de Oro de la Diputación de Guadalajara y recientemente como Serrano del Año por parte de la  Asociación Serranía de Guadalajara, es todo un privilegio. Él es el alma mater de los tres museos de arte religioso de la localidad, así como de la recuperación de la mayor parte de los bienes que encontró amontonados y deteriorados a su llegada a Atienza hace 40 años.
Para conocer el motivo por el cual Atienza atesora dicha heredad, hay que remontarse varios siglos. Este pueblo de algo más de 400 vecinos fue un centro político y un enclave militar muy importante. Durante la Edad Media, llegó a tener su propio cabildo y varias parroquias con un número destacado de clérigos. Don Agustín asegura que llegaron a ser 15 parroquias atendidas por un centenar de sacerdotes para albergar a una población de unos 11.000 habitantes. Aunque también cita que el historiador Layna Serrano llegó a establecer que fueron 60 el número de parroquias existentes.
Lo cierto es que hoy en día se puede contemplar en perfecto estado una muestra muy significativa de este legado. «De aquel patrimonio eclesiástico de la Edad Media permanecen en pie siete iglesias y cuatro ermitas. Once edificios religiosos, de los cuales, tres se han destinado a museos. Esos tres son iglesias románicas. El resto de edificios religiosos se dedican al culto excepcionalmente», explica don Agustín González.
Este párroco, médico que tenía una vocación misionera, llegó a Atienza con el mandato de permanecer en la villa un año, periodo que al final se convirtió en indefinido porque aún hoy se ocupa de celebrar misa diaria en el pueblo.
Cuando don Agustín llega a Atienza en 1979, encuentra la iglesia de San Gil totalmente hundida y a los cuatro meses se derrumba la torre del campanario del templo de la Santísima Trinidad. A medida que la población mermaba, las iglesias se fueron cerrando, y en muchos casos abandonando, por lo que las obras de arte que albergaban se habían retirado a la vieja vivienda parroquial, llamada por ello la casa de los cuadros, y al trastero del templo de la Santísima Trinidad. La mayor parte de las piezas pertenecían a las iglesias de El Salvador, convertida hoy en vivienda particular; Santa María del Rey, que con el tiempo también se hundió parcialmente y en la actualidad está vacía en su interior, y a cuyos pies está situado el cementerio; la ermita de Nuestra Señora del Val, en la que se mantiene el culto por esta festividad; y la iglesia de San Gil que fue el primer museo religioso.
El proyecto de creación de este espacio museológico de San Gil comenzó en los años 80 con el permiso del Obispado, culminando en julio de 1990 con su apertura. «Estaba hundida. El tejado estaba caído. Ya no tenía culto. Fue almacén de trigo, fragua y, finalmente, ruina. Todo el patrimonio estaba almacenado en la casa parroquial y en el trastero de la Santísima Trinidad. Aquí coloqué lo que me parecía mejor. Hay muchas piezas muy buenas», dice el párroco Agustín González, que reconoce que la recuperación patrimonial fue un aliciente para quedarse en esta villa.
La riqueza patrimonial se compone de piezas de orfebrería, escultura y pintura, que van desde finales del siglo XV a comienzos del XIX; así como las colecciones arqueológica y paleontológica donadas al Santo Cristo de Atienza por la familia Rafael Criado y Mari Carmen López, así como por el propio sacerdote Agustín González.
Dentro del arte religioso, hay que destacar que casi todos los retablos que se conservan son de finales del siglo XVII y principios del XVIII, siendo los más antiguos los dedicados al Apóstol Santiago y la Virgen del Rosario de Pedro de Andrade y Juan de la Sierra, año 1554, que pertenecieron a San Gil. El primero de ellos puede admirarse en este museo pero el segundo está en el interior de la iglesia parroquial de San Juan Bautista.
Igualmente, las capillas más notables, la de la Inmaculada de la Santísima Trinidad y del Cristo de Atienza de San Bartolomé, son del siglo XVIII. Y es que el grueso principal de pinturas y esculturas, salvo dos Cristos crucificados  de los siglos XIII y XIV y las tablas renacentistas de Juan de Soreda, pertenece a la segunda mitad del Barroco.
Admirando tantas obras de arte sacro representativas es comprensible que la mente se acuerde de las exposiciones de las Edades del Hombre que organiza la Diócesis de Castilla y León. Hay piezas de Atienza que han participado en ellas. «No he cedido muchas cosas, pero algunas sí», dice don Agustín, que recuerda la presencia de la talla del Cristo del Perdón de Salvador Carmona en Cuéllar en 2017, que contempló la reina emérita doña Sofía en la inauguración, o de la cruz procesional de plata procedente de La Miñosa, que se custodia en el templo de San Bartolomé, en otra de sus ediciones.
Don Agustín no esconde su deseo de que se pudiera organizar una exposición de estas características en la región o en la provincia: «Castilla-La Mancha tendría que hacer una exposición así. Con lo que tengo aquí soy capaz de hacerla yo solo. Aquí hay muchas piezas. Y si contamos con la catedral de Sigüenza, sería maravilloso».
El proyecto que sí que descarta por su edad, no por falta de anhelo, es la creación de un cuarto museo, aunque considera que sería necesario: «Podríamos hacer otros dos museos porque hay muchas cosas que están amontonadas. Tengo una iglesia libre todavía, Santa María del Rey, que es posiblemente la mejor de todas las que tuvo Atienza. Pero yo ya no tengo intención de hacer otro museo. Soy mayor y ya han nombrado a otros dos sacerdotes. Santa María del Rey está rehabilitada al completo pero se necesita ayuda para recuperar el pórtico románico», dice el párroco.
pinceladas. Enumerar todas las piezas que componen el fondo patrimonial atencino en este artículo es una empresa inalcanzable. Para conocerlo, la mejor guía es El arte en Atienza de José María Quesada y América Jiménez, y la mejor experiencia una visita al pueblo en fin de semana.
Entre los imprescindibles del museo de la Santísima Trinidad hay que destacar la maravillosa talla del Cristo del Perdón (a la derecha del texto), un calvario de estilo románico original del templo, La Piedad procedente de Romanillos, la reliquia de las dos espinas de la corona de Cristo que el rey San Luis de Francia regaló al convento de los Franciscanos que se guardan en un relicario de plata bañada en oro del siglo XVI, una caja funeraria para rezar por los difuntos del siglo XVI que es muy singular, documentos de la Edad Media, un retablo barroco con pinturas y tallas de los siglos XVI y XVII, así como la capilla de la Inmaculada que regaló el rey Felipe V a los atencinos para agradecer su ayuda en la conquista de Brihuega o la sala donde se encuentra la Virgen de la Estrella que veneran los miembros de la Caballada.
San Bartolomé está situada junto a una fuente romana y al lado de la puerta por que los atencinos salvaron al rey Alfonso VIII. Desde su parte trasera, se ve el templo de Nuestra Señora del Val. Este museo tiene un pórtico románico genuino y en su interior destaca la capilla del Cristo de Atienza con una talla de finales del siglo XIV, además de un Niño Jesús de Salvador Carmona o lienzos de gran valor artístico de distintos autores.
De camino al último museo, merece la pena detenerse en el ábside de estilo gótico normando del convento franciscano, frente a San Gil. En su interior, destaca una colección orfebre de objetos para la liturgia, un Cristo yacente situado bajo su ábside policromado, el retablo de Santiago Apóstol de Pedro de Andrade y Juan de la Sierra, documentos antiquísimos y esculturas o pinturas de calidad artística.
Además de los tres museos, merece la pena visitar la iglesia parroquial de San Juan Bautista, o del Mercado como es conocida, del siglo XVI que «estaba destinada a tener mucha más altura, cinco o seis metros más, pero se agotó el dinero y se quedaron sin elevarla y sin torre», revela don Agustín. En su interior, es fácil sentirse atraído por la pintura de la Inmaculada de Alonso del Arco que está en la bóveda del retablo gótico en el que también hay un Cristo del siglo XIII, además de otros altares destacados, la imagen de la patrona de la villa (Virgen de los Dolores) o el órgano barroco que aún se utiliza.
«No solo hemos restaurado todo esto, también patrimonio de los nueve pueblos que llevaba. He pedido dinero a montones. Y las personas del pueblo también se han implicado», dice el cura de su obra.
Para quedarse obnubilado con tanto arte, San Gil abre sábados y domingos por la mañana, mientras que San Bartolomé lo hace por las tardes y la Santísima Trinidad en horario partido. Los grupos, de lunes a viernes, pueden concertar una visita, que atiende el propio párroco Agustín González. La entrada individual para cualquier museo tiene un precio de dos euros y la conjunta para los tres asciende a tan solo cuatro euros.