Ciudadanos busca el norte

Javier M. Faya (SPC)
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Los sucesivos bandazos de Rivera, con su apoyo al PP en Murcia, Madrid y Castilla y León para luego levantar el veto a Sánchez en septiembre, culminan con una debacle electoral, su dimisión y un bloque muy tocado

Ciudadanos busca el norte - Foto: Rodrigo Jiménez

Era un día invernal de otoño, lluvioso, desangeladado, con un frío luterano, como si en vez de 10 de noviembre fuera el 2, Festividad de Difuntos. Mal augurio para Ciudadanos, cuyos trackings -miniencuestas internas- y sondeos de medios nacionales y andorranos, los que burlan la ley con frutas, auguraban un fracaso mayúsculo, pero no tanto como el que realmente fue, un hundimiento en toda regla.  

En solo seis meses y medio, 2,5 millones de votos perdidos, 47 escaños menos, sin representación en Castilla y León a pesar de estar en su Junta, bajo mínimos en Cataluña -superados por el PP y la CUP- y Madrid... Ni el Titanic. 

Todos los ojos se pusieron en una sola persona:Albert Rivera Díaz, presidente de Cs desde el 9 de julio de 2006... hasta el lunes pasado. La debacle pedía a gritos su cabeza la noche más negra de los naranjas, en la que junto a la sede, un grupo de mariachis parecía tocar Degüello como en Río Bravo. A muchos les extrañó que no dimitiera cuando salió hundido junto a su escudero más fiel y número dos, José Manuel Villegas, y el resto de la cúpula. No parecía su estilo, y sí el de otros como Pedro Sánchez o Pablo Iglesias, decir aquello de «Que la militancia decida».  

Posiblemente aquella noche fue la más larga en la vida de aquel chico espigado de La Barceloneta que fue campeón de Cataluña en natación y de España en debates universitarios. No se sabe si durmió, pero es probable que le diera vueltas a todo para explicarse cómo pudo hundirse él, el hombre que pudo reinar, el político que sin llegar a los 40 ya empezaba a oler La Moncloa tras el éxito del 28-A con su rival de verdad, el PP, al borde del K.O. Quizás exageraba cuando dijo a este diario Marcos de Quinto, exvicepresidente mundial de Coca Cola, fichaje estrella y uno de los 10 supervivientes, «Rivera es el auténtico líder de la oposición». Casado había quedado tocadísimo con 71 diputados menos -se quedó en 66- y la subida naranja había sido espectacular con un jefe mucho más curtido.  

Había euforia en el número 253 de la calle Alcalá, de 32 a 57 escaños... Pero no hubo sorpasso como barruntaban las encuestas. Lo mismo sucedió el 2 de diciembre del año pasado en Andalucía, con un Juanma Moreno que, como revelaba un consejero de la Junta de Andalucía, había echado currículums porque intuía su funeral. 

No hubo la más mínima autocrítica   -como ahora-, no se valoró que quizá el cordón sanitario a Sánchez fue un error, ya que muchos de sus votantes preferían que el socialista pactara antes con Cs que con los separatistas y Podemos. Desconcertó el bandazo de levantar el veto el 16 de septiembre.   

Para colmo de males llegó Vox, que, como señala Manuel Valls, lo contaminó. No pudo evitar Rivera salir en la foto de Colón junto a Abascal. No comparten Ejecutivos regionales, pero el PSOEvendió el relato del trifachito. Lejos quedaba el pacto del abrazo de febrero de 2016. El abrazo se lo acabaron dando el pasado martes Sánchez e Iglesias. 

Desde luego no ayudó lo más mínimo a Cs, autoproclamado desde su nacimiento como paladín de la regeneración, sostener al PP en la Comunidad de Madrid -con múltiples escándalos tras 24 años en el poder- y en Castilla y León, donde lleva gobernando desde 1987.

Cierto rector de una de las universidades de mayor prestigio de España dijo en cierta ocasión:«Ciudadanos es un partido adolescente». Pues ya ha llegado la adolescencia, la catarsis, la crisis, el fondo, el infierno. Ahora toca renovarse de verdad o morir como UPyD.