scorecardresearch

Emigrante a la fuerza

Berta Pinillos (EFE)
-

Alla es una oftalmóloga ucraniana que llegó a España desde Odesa hace cinco meses huyendo de una guerra que le ha cambiado la vida. Separarse de quienes más quiere y ver la destrucción de su país son duros golpes difíciles de digerir

Emigrante a la fuerza

La guerra de Ucrania, que cumplió el pasado miércoles seis meses desde que Rusia invadió el país, ha cambiado la vida a muchos ciudadanos que se han visto obligados a dejarlo todo ante un conflicto bélico que no comprenden y que les ha separado de cuanto aman: su familia, sus amigos, sus trabajos y, en general, de su vida. Una de estas personas es Alla que, hasta el pasado 24 de febrero, trabajaba como oftalmóloga en Odesa. Desde ese día, todo cambió, cerró su casa para huir de las bombas y llegar a España, donde no pensaba que le iba a acoger tan bien como lo han hecho: «Todo el mundo quiere ayudarnos, eso es lo importante».

Alla cuenta cómo fue ese día en el que se encontraba trabajando en un centro sanitario. Su jefe le dijo que se volviera a casa, que Rusia había invadido Ucrania, que había estallado la guerra. «Fue un shock», recuerda esta mujer de 54 años, que recalca que hasta entonces ni ella ni su esposo Volodimir habían pensado en emigrar. No tenían por qué. Ella tenía un buen trabajo, su marido una empresa propia, su hija Olexandra, de 12 años, iba a un excelente colegio. Habían visitado 60 países y habían vivido hasta entonces «muy bien».

Sin embargo, la guerra trastocó su vida, como la de todos los compatriotas. «Todo ha pasado muy muy rápido, el 28 de febrero mi hija me dijo que tenía muchísimo miedo y, desde entonces, tuvimos muy claro que teníamos que salir del Ucrania», explica esta refugiada. 

Emigrante a la fuerzaEmigrante a la fuerzaAsí, el 11 de marzo cruzó en tren, junto a su madre Efrosiniy, de 81 años, y su hija, la frontera con Rumanía, llegaron a Italia y desde ahí a España. ¿Y por qué este país? Ya habían estado dos veces de turismo, les gustaba «muchísimo la mentalidad» de los españoles y los servicios de la sanidad pública.

Y es que su madre estaba delicada, tuvo cáncer y un ictus en su país pero, además, su marido hace un año sufrió un infarto y aún estaba recuperándose. Él llegó a España un mes después que ellas cuando, tras pasar un tribunal médico, le reconocieron una minusvalía y le permitieron abandonar el país.

Durante la huida del terror de la guerra, Alla no asumía lo que había pasado. El 15 de marzo aterrizaron las tres en Madrid. Primero, vivieron en la localidad madrileña de Fuenlabrada y ahora lo hacen en la de San Lorenzo de El Escorial.

Emigrante a la fuerzaEmigrante a la fuerza«El sentimiento que tengo es que nos han acogido con los brazos abiertos y nos hemos quedado muy a gusto», afirma esta mujer, quien reconoce, con un suspiro, que cuando llegaron no pensó que le fueran a acoger «tan, tan bien».

«Pensaba que iba a tener que luchar sola, pero aquí os ayudáis unos a otros y eso me ha gustado muchísimo», subraya esta ucraniana que añade: «me ha llamado muchísimo la atención lo humanas que son las personas, la buena gente, todo el mundo quiere ayudarnos y eso es lo más importante».

Alla tiene grandes palabras de agradecimiento para la Comisión Estatal de Ayuda al Refugiado (CEAR), gracias a la cual acuden tanto ella su hija como su marido a clases de español y también les están ayudando en la adaptación. En este tiempo, su hija ha ido al colegio, ella está intentando homologar su título de oftalmología, su cónyuge está terminando cursos para encontrar un trabajo y su madre, tras ser operada del corazón en julio en el Hospital Puerta de Hierro, se recupera favorablemente.

Incertidumbre

Asimismo, Alla reconoce que a su hija, que ve las noticias y tiene miedo a volver a Ucrania, le está costando un poco más adaptarse. También, apunta la mujer, que puede deberse a su etapa vital a las puertas de las adolescencia. De momento, no tiene amigos pero espera hacerlos en este próximo curso escolar.

«Pienso en el futuro todos los días de mi vida, no sé si volveremos a Ucrania, no sé qué decisión tomaremos». Primero, tiene que terminar la guerra y luego haré lo que tenga que hacer. Lo más importante es adaptarnos aquí y encontrar un buen trabajo, luego, ya veremos», reflexiona Alla lamentando también el estado en el que está quedando su país con esta guerra.