Javier D. Bazaga

NOTAS AL PIE

Javier D. Bazaga


Entre la desazón y la alegría

30/07/2021

Siempre que llega este momento me invade cierta sensación de desasosiego. Entre la desazón –que diría mi hermano–, y a la vez cierta paz después de todo el esfuerzo volcado en un año y medio tan extraño. Que lo ha sido para todos, sin duda. Pero es este momento, el momento en que toca hacer una despedida breve, el que genera ese sentimiento. Dejen de sonreír porque ya he dicho que será una despedida breve, que tanto el que aquí escribe, como el que está líneas más arriba, y todos los que han seguido escribiendo en estas páginas esos renglones de reflexión en estos últimos días volveremos a acompañarles –si ustedes quieren–, a la vuelta de unos días de descanso.
Siempre llega esta sensación a estas alturas, pero estarán conmigo en que este año es especial. No ya digo las vacaciones, que el que pueda cogerlas y disfrutarlas lo hará de una manera que no se podía imaginar. Así como el que no pueda hacerlo, este verano también será diferente. Hablando tanto con los del primer grupo como con los del segundo, la sensación que se percibe es la misma. La de ser un año especial, distinto, en el que se mezcla cierto temor con la alegría. La desazón con la paz. La incertidumbre con la esperanza. Porque esta quinta ola no quiere dejarnos ver un septiembre de recuperación y de «normalidad», pero la intuimos. Un otoño de optimismo lejos de la psicosis que nos ha mantenido en vilo durante la pandemia.
Es la misma ola de contagios que nos ha recordado que el virus no se ha ido. Que aún no tenemos cura. Que la vacunación es un escudo, pero no un tratamiento para un virus que muta, que contagia y que sigue matando, aunque mucho menos. Así que si queremos recuperar nuestras vidas, tenemos que seguir aprendiendo de él para poder convivir primero, y vencerlo después.
El hecho de que la DGT haya vuelto a emitir sus campañas de prevención en carretera, que volvamos a oír eso de la «operación salida», controles, radares… ya es un síntoma. Y muy bueno.
No ha sido una pesadilla –ojalá–, porque muchos os habéis despertado sin un familiar, amigo o conocido durante este tiempo, y eso ha sido muy real, y muy doloroso. Pero ahora podemos decir que amanece, de manera simbólica si quieren, pero hay una luz que asoma en el horizonte y que, si conseguimos que no nos ciegue, nos puede alumbrar el camino que nos queda por delante.
Habrá que hacer las cosas bien, y no pensar que esto ya se ha acabado. La prudencia debería seguir dirigiendo nuestra conducta aún –y siempre–. Pero es un verano especial, y ya sea en casa, en carretera, en la playa, en la montaña, solos, acompañados,en familia, con amigos... puede ser un buen momento para disfrutar y reflexionar. Así que así, con los brazos cruzados, les invito, no, les insto, a que pasen un ¡Feliz Verano! Que nos lo hemos ganado.