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El atracador que se creía Robin Hood

Sagrario Ortega (EFE)
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La carrera como ladrón de bancos (también asesino) de 'El Solitario' llegó a su fin hace ahora 15 años cuando fue detenido por la policía en Portugal

Esposado y con gesto desafiante durante una declaración judicial. - Foto: EFE

A Jaime Giménez Arbe, El Solitario, no había banco que se le resistiera y, de hecho, en su larga trayectoria como atracador llegó a «expropiar» más de 30 sucursales para «liberar» al pueblo español de los «atracos» de las entidades financieras, como él aseguraba. Su papel de Robin Hood acabó en Portugal hace ahora 15 años.

«Son los bancos los que tienen que responder de sus desfalcos y sus robos cometidos durante años con la connivencia del poder político y del poder estatal». Con esta frase se despachó El Solitario en una de las varias salas de vistas en las que ocupó el banquillo de los acusados.

Y fueron varios, y en diversos puntos de la geografía, los banquillos en los que se sentó, porque durante al menos quince años desplegó su actividad delictiva de Galicia al Levante, de Aragón a Madrid y de Castilla y León a Portugal, donde precisamente acabó sus días como uno de los delincuentes más buscados de España.

Giménez Arbe fue condenado a 47 años de prisión. Giménez Arbe fue condenado a 47 años de prisión. - Foto: EFEPero, ¿cuándo se intensificó su búsqueda? Los agentes que investigaron a Giménez Arbe (o Jiménez Arbe, porque su primer apellido aparece con G o con J) y que estuvieron presentes cuando fue detenido poco antes de que consumara el salto que quiso dar en su trayectoria como atracador de bancos: desplazarse a Portugal y «dar el palo» en una sucursal de Figueira da Foz, no tienen dudas.

De la memoria de esos agentes se extrae una conclusión: Fue el asesinato a tiros de dos guardias civiles, Juan Antonio Palmero Benítez y José Antonio Vidal Fernández, el 9 de octubre de 2004 en Castejón (Navarra) lo que activó una investigación conjunta de la Guardia Civil y la Policía Nacional que finalmente dio sus frutos.

Un amplio despliegue policial, ordenado por el entonces mando único de la Policía y la Guarda Civil tras los «soplos» y «pistas» de la colaboración ciudadana, puso fin a años de asaltos con toques «anarquistas» que le reportaron pingües beneficios para su propio disfrute. Porque lo de repartirlo a lo Robin Hood, nada de nada.

Nacido en 1956 en Madrid, Giménez Arbe estudió en el liceo italiano y, según su autobiografía, sabe cinco idiomas. Quizá seis, porque ya en 2009 estudiaba euskera.

Según recordaba la editorial que publicó su autobiografía, El Solitario, que cumple en España una condena de 47 años de cárcel, es hijo primogénito de una maestra donostiarra y de un resistente republicano vasco encarcelado por Franco.

Antisistema polifacético

«Técnico en refrigeración industrial, electricista, soldador, tornero, fresador, mecánico, técnico en electrónica, piloto privado de helicópteros U.F.R., patrón de embarcaciones de recreo y músico». Todo eso reúne en su persona según reza la carta que en 2008 remitió desde la cárcel de Zuera (Zaragoza) y que concluye con uno de sus eslóganes que reiteró en sus reiteradas comparecencias en los juzgados: «salud y anarquía».

Como relató él mismo en el juicio en Navarra por el asesinato de los dos guardias civiles -hechos de los que siempre proclamó su inocencia-, su actividad delictiva comenzó cuando a finales de los 70 conoció a dos personas que luchaban por la independencia de Córcega y eran de su misma ideología «antisistema» y «anarquista».

Fueron ellos quienes le propusieron «pasar a la acción directa» y con ellos, en «un papel secundario», perpetró su primer atraco.

Gracias a las armas y demás intendencia que, según aseguró ante el tribunal, le proporcionaban los corsos, Giménez Arbe pudo llevar a cabo un buen número de acciones contra el «capitalismo fascista que nos controla», como las definió. 

¿Cuál era su blanco? Indudablemente, las sucursales bancarias y, entre ellas, las situadas en pequeños y medianos municipios de diferentes provincias españolas. Vivero, Tarazona, Jumilla, Zafra, La Roda, Socuéllamos, Calahorra, Vall'Uxó, Pozoblanco, Torrijos, La Alcudia y algunas localidades más fueron objeto de su deseo.

De todos esos atracos logró botín. En algún caso fue tan sustancioso que le permitió «retirarse» una temporada, apenas un año, de su trabajo de «expropiador».

Un alias «robado»

¿Siempre fue El Solitario? Las fuentes consultadas recuerdan que, precisamente, ese alias correspondía a otro atracador, que actuaba en la zona de Levante y que, según parece, nunca fue detenido.

Recuerdan estas mismas fuentes que en las últimas décadas del siglo XX «operaban» en España atracadores con características similares: hombres que actuaban solos y disfrazados, muy profesionales y no especialmente muy jóvenes.

Las fuerzas de seguridad andaban tras El Solitario del Levante y la noticia de que se buscaba ya había traspasado fronteras. Al menos esa información llegó a Portugal.

Tanto es así, que cuando un 23 de julio de hace 15 años Giménez Arbe intentó dar su último golpe antes de irse a Brasil con su entonces novia y eligió un banco de Figueira da Foz, uno de los agentes portugueses que formaba parte del dispositivo policial montado para interceptarle le dijo: «eres El Solitario», lo que lógicamente negó al principio para reconocer luego.

Fue el fin para un atracador que preparaba minuciosamente cada golpe, como reflejan los diecinueve cuadernos de ruta que las fuerzas de seguridad incautaron en su domicilio de Las Rozas (Madrid) y que incluían hasta las coordenadas del GPS. Giménez Arbe era muy discreto en las inspecciones del objetivo elegido, que estudiaba al máximo. Así, antes de decidirse a actuar analizaba minuciosamente el horario de apertura de la oficina, las rutinas de sus clientes, las patrullas policiales en la zona, etc.

Cuando seleccionaba una sucursal entraba disfrazado (casi siempre con barba y peluca) y pertrechado con un chaleco antibalas que disimulaba bajo la ropa. Para los atracos usaba armas antiguas o inutilizadas que compraba y después manipulaba, siguiendo manuales en inglés, hasta dejarlas servibles. 

Sobrevivió a todos sus atracos, pero no pudo perpetrar el último. Su detención en el país vecino fue portada de los medios de comunicación el 23 de julio de 2007.