De La Solana a El Corte Inglés

A. Criado
-

Hijos de Antonio Mateos SL, ubicado en la calle Carrera, es el último gran taller de confección que continúa activo en La Solana, una localidad que no hace tantos años llegó a contar con alrededor de 80 negocios de este tipo

De La Solana a El Corte Inglés - Foto: Pablo Lorente

No hay mañana, salvo cuando está en la playa de vacaciones, en la que Antonio Mateos no acuda fiel a su cita en el número 169 de la calle Carrera. Allí se levanta el último gran taller de confección de La Solana, una localidad que no hace mucho tiempo llegó a contar con alrededor de 80 negocios de este tipo. A sus 79 años, cumplirá 80 en septiembre, supervisa a diario la labor que realizan las 52 empleadas de la empresa que más puestos de trabajo genera en el municipio tras el Ayuntamiento. Supera los 70 con el almacén y una firma de lavandería y planchado que también forman parte del grupo empresarial.
Antonio Mateos comenzó en el mundo de la confección en 1969, en su propia casa de la calle Vara del Rey, en la que aún vive, y comenzó con siete trabajadoras y pedidos de ropa laboral. Solo un año después, hace ahora medio siglo, se trasladó a la nave actual, que en su época de mayor esplendor tuvo tres líneas de producción y más de un centenar de empleados contratados. El negocio lo dirigen ahora sus hijos Vicen, Antonio y Jacinto y dos de sus nietos, la tercera generación, ya forman parte también de la plantilla.
En 1970, tras el registro de la marca Mathew’s, dejó los encargos de ropa laboral y centró su producción en el sector de los pantalones. Hoy, Hijos de Antonio Mateos SL, trabaja para Lois y su principal cliente, con el 50% de los pedidos, es El Corte Inglés, a quien surte de prendas de la firma Emilio Tucci. También trabajaron durante una época para Inditex. En el taller confeccionan una media de 1.150 pantalones al día y en 2019 llegaron a recibir 70.000 pedidos entre las campañas de primavera y otoño.
De La Solana a El Corte InglésDe La Solana a El Corte Inglés - Foto: Pablo Lorente«Hacemos los pantalones en el taller, luego pasan por el proceso de lavado, planchado y acabado, vuelven para un último control de calidad y son transportados directamente a las tiendas de El Corte Inglés embolsados, con su etiqueta y el sistema de alarma incluido, listos para la venta», explica Vicen Mateos, gerente de la empresa, que compra materia prima de tejidos en países como Bélgica, Francia, Portugal, Reino Unido y, de forma puntual, en India. Para otros productos tienen también proveedores locales.
Como a la inmensa mayoría de los sectores productivos, la crisis del COVID-19 no les ha sido ajena. La empresa cerró 47 días por expediente de regulación temporal de empleo (ERTE), del 17 de marzo al 4 de mayo, primando en todo momento la salud de las trabajadoras, a las que se les hizo un test rápido que reveló que ocho tenían anticuerpos. «Algunas tenían síntomas, pero afortunadamente ninguna fue hospitalizada», subraya la gerente para resaltar que antes de la reapertura se adoptaron todas las medidas necesarias para garantizar la seguridad en los distintos centros de trabajo del grupo.
Cincuenta años de vida dan para mucho, para buenos y malos momentos, aunque reconocen que «nunca ha faltado trabajo». Aguantan el tipo en un sector que ha visto cómo las grandes compañías trasladan sus líneas de producción a otros países, sobre todo asiáticos, donde «el coste de una prenda les sale por la mitad» y la normativa laboral es más laxa que en España.
De La Solana a El Corte InglésDe La Solana a El Corte Inglés - Foto: Pablo Lorente