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Así que no era una cuestión del señor Casado, exlíder del PP, aunque forme parte de la desabrida estrategia de la crispación. El asunto va más allá. Es estructural. No renovar el Consejo del Poder Judicial es la garantía para el PP de que, a pesar de las numerosas corrupciones juzgadas, saldrán de rositas. No tocar a los jueces es la clave, la mayoría son de los nuestros. Solo hay que ver las filigranas del juez que se encarga de las mascarillas del Ayuntamiento de Madrid. Nos hemos entretenido con carnaza frívola, para evitar llegar al fondo de la cuestión. Nada hay más entretenido para el pueblo y sus portavoces que tener delante un tipo de la nobleza que ha sido 'pillado' en algún desliz de entre los muchos que cometen. El señor Luceño y el señor Medina representan, en su caricatura, al 'pijo' exhibicionista que vive del cuento, de las influencias familiares o de los programas y revistas del corazón. Pantallas que le vienen bien al juez para evadir el meollo de la cuestión. Que es implicar al Ayuntamiento y sus actuales dirigentes. A pesar de que es fácil saber cómo funcionan estas cosas en la vida ordinaria, el juez se obstina en ignorarlo. Enterado o no el alcalde de Madrid, basta pronunciar su apellido para que la palabra 'Almeida' se convierta en la llave que abre puertas para acceder a gentes de confianza. Sin decirlo, no hace falta, se identifican como de los nuestros. Sí se le añade una pandemia inusitada y, además, se adereza con el frenesí de demostrar que nosotros, los de derechas, somos más efectivos que los 'progres', disponemos de los ingredientes para reconstruir cómo sucedió lo de las comisiones. Llegar a este punto es lo que intenta evitar el juez. De mantenerse la línea actual, estamos abocados a que, tras el ruido y divertimento, el juicio quede en nada. Y sí la justicia nos declara inocentes, es que lo somos.
Los audios recientes, publicados por el diario El País, dejan al juez de la trama Kitchen a los pies de unos caballos de escayola. Se apresuró a sacar del proceso judicial a los integrantes políticos de la trama, señora Cospedal-Villarejo, que a su vez libraban al presidente, señor Rajoy. Los audios desmontan la sentencia del juez. ¿Ignorará las nuevas informaciones, porque no están incluidas en el sumario o son ilegales? ¿Pretenderá seguir inculpando al ministro señor Fernández Díaz, que sostendrá que no se enteró de nada, y a Francisco Martínez, que se niega a ser el chivo expiatorio, para terminar sentenciando que no se puede probar que existiera una trama con policías para espiar al tesorero del PP, señor Bárcenas? No distinta puede ser la sentencia, cuando se ha desligado del sumario la componente partidaria de la trama. Los imputados alegarán su inocencia y el asunto será olvidado. ¿Alguien recuerda que la operación Kitchen la organizó el PP, con dinero y funcionarios públicos, para espiar al tesorero de su partido?
Con comportamientos semejantes es como se deteriora la Justicia y, de paso, la democracia. Los jueces, en sus intentos por librar al PP de sus corrupciones, están atentando contra la democracia que establece una Justicia independiente. No son el señor Sánchez y sus socios diabólicos, en expresión de la señora Gamarra, los que atentan contra la democracia, sino la dudosa imparcialidad de los jueces en beneficio de la derecha. En consecuencia, tampoco habrá que esperar mucho del señor Feijóo, apresurado líder del PP. La renovación del Consejo del Poder Judicial, se dejará para mejor ocasión. El votante lo justificará: no se tiran piedras contra tu tejado.