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Antonio García-Cervigón

Buenos Días

Antonio García-Cervigón


El Mbappé setero y burlador

24/05/2022

No se habla de otra cosa a la hora del desayuno y el almuerzo, bien en hogares o cafeterías, terrazas y churrerías, en centros públicos y privados las tertulias echan humo. Ya tenemos desvelado el 'parto de los montes' creado por los medios de comunicación sobre un futbolista francés. Ya hemos conocido que todo puede trastocarse, si llega otro individuo y su circunstancia, y con el vil metal por montera, ya sean euros o dólares, te echa abajo un fichaje futbolero por el que suspiraba hace tiempo el Real Madrid. 
El titular de cabeza llega revestido del burlador de París que ha dado calabazas y plantón al 'Rey de Reyes' en Europa. El pasado domingo se hizo escarnio y mofa a la hora de comunicar que el citado jugador se quedaba en París. Era el mismo lugar, el mismo escenario que aguantó el barriobajero vodevil. Era el mismo lugar, el Parque de los Príncipes de París, donde el equipo blanco conquistó la primera Copa de Europa, allá por el mes de junio de 1956, ante 40.000 franceses que tuvieron que rendirse por el buen fútbol y la garra madridista desplegada. Alguien debería recordárselo a Nasser Al-Khelaifi, presidente del club parisino, por lo menos que sepa el nombre de quién comenzó las ya clásicas remontadas del equipo blanco. No fue otro que don Alfredo Di Stéfano en el estadio parisino. Ahora quiere el niñato que los aficionados olviden la bullanga montada para dar esquinazo al equipo más laureado del pasado siglo. Los franceses se pasan la vida estrechándose la mano diciéndose bonjour y dan gracias por todo. 
Nada que objetar a esos loables gestos de humanidad, pero que llegan a ser un poco agobiantes y empalagosos. El jugador francés Raymond Kopa cuando fichó por el Real Madrid, cada vez que entraba en el vestuario daba la mano uno a uno a todos los jugadores. A Di Stéfano le jorobaba esa ronda diaria de saludos, excesivamente ceremoniosos, ante el acto corriente, cotidiano e informal de un entrenamiento, así que cogió un día por banda al francés, y luchando entre las ganas de mandarlo al carajo por tanta cursilería versallesca y el respeto a las formas educadas que deben presidir toda relación entre personas, procurando no ser brusco, pero tampoco blando, lo cogió un día y le dijo: «Escucha, no des más la mano todo el rato. Decid solamente buenos días y adiós, basta». Es la anécdota contada en el libro de Carlos Toro. 
El seleccionador brasileño, Saldaña, al que entrevistamos en Cádiz en exclusiva para el diario de nuestra provincia, nos dijo en la década de los setenta del pasado siglo que «los partidos no se ganan con una, ni con dos, ni con tres estrellas, sino en equipo». Ahí está para corroborarlo el club parisino que ha caído eliminado por el Real Madrid que juega la final de la Champions el próximo sábado frente al Liverpool en la capital francesa. El niñato va con el equipo blanco, según declaró ayer el hábil y burlador mosquetero, repleto y lleno de argucias que ya no cuelan en el madridismo: denigrado, ofendido y dolido por aquellos pagos franceses que ya vieron al Real Madrid levantar algunas copas de Europa. Y en esas estamos. ¡Suerte!