"Soy una mujer vejada porque me cortaron la lengua"

MARÍA TORRE
-
"Soy una mujer vejada porque me cortaron la lengua"

La escritora cubana, que fue apadrinada por el mismísimo Gabriel García Márquez, acaba de publicar en Alfaguara 'El mercenario que coleccionaba obras de arte'

El mercenario de esta historia, Adrián Falcón, existió. Tierno y a la vez diabólico, atesora una vida extraordinaria a lo largo de la cual sufrió una continua persecución en EEUU y en varios países latinoamericanos, donde se le consideraba un terrorista. Fue pieza clave de casos tan escandalosos como el Irán-Contra, y operó con los cárteles colombianos para financiar acciones que eran contrarrevolucionarias. La escritora cubana Wendy Guerra, que no cuenta con las simpatías del régimen, cuenta sus andanzas en su última novela. 
¿La de El mercenario que coleccionaba obras de arte (Alfaguara) es una historia conocida en Cuba?
No, no es en absoluto conocida, por eso mismo yo fui a buscarla, para saber qué paso realmente al otro lado de la tapia.
Cuando empezó la investigación, ¿esperaba hallar lo que encontró?
No, abrí una maleta y empezaron a salir demonios. La intención era conocer lo que pasó más allá de mis límites, de los límites de mi país, y saber qué cosa es una paraideología, algo paralelo a lo que tú has vivido y experimentado como ideología toda tu vida.
Un libro ni revolucionario ni contrarrevolucionario. Oeso dice.
Ese punto creo que resulta sumamente interesante, porque la gente sabe lo que estaba pasando con la Contra cuando vivíamos dentro de la Revolución cubana y la gente de la Contra también ve la perspectiva de la izquierda.
¿Señala el camino que debe seguir Cuba?
No, después de tanto dogma, Cuba debe seguir muchos caminos, tantos como los cubanos de dentro, y los cubanos de fuera, dicten voluntariamente. Ningún cubano que tenga sentido común quiere dictar el camino de Cuba. Se lo aseguro. Yo creo sinceramente que un libro así sirve como un documento de lo que no debe volver a suceder ni en las contras ni en las revoluciones.
¿Es ese el papel que corresponde a estos trabajos basados en hechos reales?
Todos estos libros empiezan a sustituir el archivo histórico revolucionario que va a estar sellado por micros años. Ustedes, los españoles, apenas empezaron a abrir los archivos de Francisco Franco, imagínense nosotros, lo que nos queda: Raúl está vivo, la revolución sigue ahí... la Revolución o lo que se supone que fue la Revolución.
Sus libros no se publican en Cuba, su obra no tiene repercusión alguna allí. ¿Cómo lleva usted eso?
No me parece ni bueno ni malo. De este libro no circulan ediciones ilegales, de otros sí, fotocopias... No hay ningún eco. Yoani Sánchez hizo una crítica de esta novela, su esposo hizo una crítica de este libro, y la gente trata de ver programas de televisión de otros países donde salgo conversando sobre mis obras, pero el eco no existe, existe una sola voz y el eco somos nosotros.
¿Cómo es escribir en Cuba?
Es un ejercicio solitario. De mi obra se han publicado unos cuantos libros de poemas, escritos cuando era una adolescente, y un libro extremadamente académico que es el libro de Anaïs Nin y que ocurre en los años 20. Mis libros posteriores, que tienen que ver con la Revolución cubana, con el contexto, con la realidad, están absolutamente silenciados. Yo soy una mujer que ha sido vejada porque le han cortado la lengua. Así de claro. Escribir en Cuba es escribir solapadamente y en un silencio absoluto. Ya vivir en Cuba es una situación extraña, y la situación de Cuba es muy... vintage, muy rara. Nada de lo que pase ahí tiene una equivalencia en el mundo real.
Pero lo cierto es que usted entra y sale libremente del país. Eso es innegable. 
La palabra libremente la puso usted. Entro y salgo, claro. Ya no son los años 60, afortunadamente. El exilio entra y sale, ya no es una situación de plaza sitiada. Yoani Sánchez entra y sale, todo el mundo entra y sale. El problema es qué te pasa cuando entras y sales.
¿Y qué le pasa?
En el siglo XXI, no dejar que una mujer diga lo que piensa, no ser entrevistada, no tener una periodista como tú delante, es una auténtica vejación. Te pasa que no cuentas, que te han silenciado, que te han atropellado.
Pero dejar de escribir no es una opción para usted.
De niña, yo fui una escritora de diario de niña, y de adulta. Yla literatura, sencillamente, forma parte de mi ADN.