El teletrabajo pone a prueba la cultura empresarial española

EFE
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Uno de cada tres profesionales ha realizado su jornada laboral en remoto a causa del estado de alarma, una práctica que sigue aún en vigor y que está a la espera de una regulación legal

En 2019, solo el 5% de los asalariados trabajaba desde casa, un porcentaje que aumentó 25 puntos con la pandemia del coronavirus.

La pandemia de la COVID-19 ha extendido el uso del teletrabajo en un país donde apenas estaba implantado y donde hará falta, además de la regulación que prepara el Gobierno, un cambio de cultura laboral y organización empresarial para poder desarrollarse con éxito.
En abril de este año, y según la encuesta realizada por Eurofond, un 30,2% de las personas empleadas en España aseguraba haber comenzado a teletrabajar a raíz de la situación creada por la pandemia.
El dato contrasta con el 4,9% de los asalariados que, según datos de la Encuesta de Población Activa, afirmaban hacerlo habitualmente al cierre de 2019, una porcentaje inferior a la media europea y que, además, evolucionaba de forma muy lenta hasta la llegada de esta crisis.
«Lo que hemos hecho ha sido algo de emergencia: se ha mandado a la gente a trabajar en su casa sin más cambios en la cultura de las organizaciones y así no se ve todo el potencial que tiene el teletrabajo», resume la profesora de Economía de la UOC Eva Rimbau.
Para ella, esta situación ha contribuido a cambiar la mentalidad en muchas empresas sobre el teletrabajo, ha creado un «caldo de cultivo» adecuado para su desarrollo, pero, advierte, no significa que estemos preparados para implantarlo con éxito.
Se necesita, expone, además de una regulación que proteja al trabajador y fije unos mínimos, planes y cambios de cultura empresarial: en la forma de comunicar, de organizar el trabajo e, incluso, de diseñar los espacios en las oficinas.
Respecto a la regulación, el Gobierno quiere establecer los mecanismos para desligar el teletrabajo de la vida personal y familiar, fomentando la corresponsabilidad para que no termine siendo un elemento de perpetuación de roles.
Por ello, ha sometido a consulta pública y negociará con los agentes sociales un texto del que nacerá un proyecto de ley que buscará regular temas como la adecuada protección frente a los riesgos laborales (particularmente los psicosociales) y el cumplimiento de los horarios de trabajo y de descanso legales.
También asegurará que las personas con trabajos a distancia son adecuadamente retribuidas por el tiempo que dedican y compensadas por todos los gastos que les supone el empleo a distancia.
Actualmente el teletrabajo en España se regula a través del artículo 13 del Estatuto de los Trabajadores, que lo define como «aquel en que la prestación de la actividad laboral se realice de manera preponderante en el domicilio del trabajador o en el lugar libremente elegido por este, de modo alternativo a su desarrollo presencial en el centro de trabajo de la empresa».
Ese artículo recoge algunos principios básicos más como que estos operarios tendrán los mismos derechos que los demás, pero sin detallar otros aspectos clave para el desarrollo de esta modalidad.
En cuanto a su presencia en convenios también es escasa: según los datos del Ministerio de Trabajo, solo 47 de los 1.130 convenios colectivos suscritos en 2019 recogía condiciones para teletrabajar, y apenas afectaron a 200.000 trabajadores de los 2,4 millones amparados por ellos ese año. «Hay muy pocos acuerdos de referencia», reconoce Rimbau, quien cree que la nueva normativa que prepare el Ejecutivo debe buscar la protección del trabajador pero sin crear un marco rígido que pueda acabar con el potencial del teletrabajo.

 

Un turno de casi 10 horas

Los españoles que han trabajado desde casa durante el estado de alarma extendieron su jornada laboral diaria dos horas más de media, según los datos del servicio NordVPN, que detecta los tiempos de conexión de cada usuario. Según el estudio, estas horas extra de los españoles coinciden con las de británicos y franceses, mientras que la conexión de los estadounidenses se demora tres horas más allá de lo establecido y la de los italianos no experimenta cambios.
Además, la investigación también detecta dos picos de actividad en los servidores, uno es a primera hora, en torno a las nueve, que sería cuando se empiezan a mandar los primeros emails, y otro pico nocturno, que va desde la medianoche hasta las tres de la madrugada y que antes era inexistente, según el proveedor Surfshark.
El cuadro general que dibujan los datos es el de un aumento de la productividad, pero con unos trabajadores más estresados, sobrecargados y que dedican más horas a realizar sus tareas. Las conclusiones de estas empresas de monitorización hablan de una percepción de reducción de los tiempos de descanso.