El autor del doble crimen dice que "se le fue la cabeza"

Hilario L. Muñoz
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El autor del doble crimen dice que "se le fue la cabeza" - Foto: Tomás Fernández de Moya

Las otras dos hijas de la mujer asesinada afirman que su madre y su hermana iban a recoger las llaves de otro piso al que mudarse, el día en que Manuel José Yébenes les dio 24 puñaladas

Una docena de personas pasaron esta mañana por la Audiencia Provincial de Ciudad Real para aportar su visión del doble crimen de Daimiel. El primero, el autor confeso de los hechos, Manuel José Yébenes, que entre susurros y monosílabos solo fue capaz de decir que «se le fue la cabeza» la mañana del 13 de febrero de 2017, cuando mató a su mujer, Ana Belén Ledesma, de nueve puñaladas, y a su hijastra, Ana María Pérez, de quince. Su declaración, realizada ante preguntas de su defensa, abrió una jornada de juicio maratoniana en la que de boca de las otras dos hijas se supo que ese mismo día, madre e hija habían quedado para recoger las llaves de otro piso al que se iban a mudar.
«La hija y la madre me acusaban de cosas», acertó a decir Manuel José en la que fue una de las respuestas más largas de toda la jornada de juicio. De hecho, durante su declaración, el juez Luis Casero pidió al testigo que alzara la voz porque no se le escuchaba y llegó a recriminar a su defensa que estuviera dictando las respuestas. De hecho, hubo más de un centenar de preguntas en el inicio de la sesión, en la que hubo muchos síes y«no me acuerdo» y esa declaración de sentirse acosado.
Tras el testimonio, los testigos de los hechos, entre ellos, la vecina que abrió la puerta a Ana Belén antes de desplomarse y luego, los familiares de las víctimas para señalar si pedían o no indemnización. El familiar más duro de todos fue la hermana de Ana Belén, Eva María Ledesma, que dijo de forma clara «no quiero indemnización, quiero justicia». De hecho, Eva María pasó el domingo antes de la muerte de Ana Belén con su hermana, en una comida familiar en Albacete, junto a otro de sus hermanos. «Estaba preocupada por la situación en la casa porque él las estaba echando», dijo.
Por su parte, Carmen Navarro, otra hija de Ana Belén, expuso en el juicio que su madre le contó que iban a divorciarse. «Ese mismo día había quedado a las 10 de la mañana para recoger las llaves del piso nuevo», dijo, antes de apuntar que no se imaginaba que «las cosas habían llegado a ese punto». De hecho, la idea de Ana Belén, comentaron los familiares, era que Ana María pasase una semana con su madre, ayudándole a instalarse, y luego partiera con sus tíos a Mallorca para buscar trabajo. La hija recordó que las bolsas que había en la casa y que impedían acceder a algunas habitaciones, uno de los temas de debate del juicio para exponer cómo desaparecieron los ahorros de Manuel José, eran «bolsas que estaban preparadas porque se iba». La hija afirmó que en los últimos tiempos, su madre había notado «un cambio de actitud» en su marido y que «últimamente estaba más agresivo y controlador de lo normal».
Tanto Mari Carmen, como la otra hija, Saray, negaron la versión de «derrochona» que se trata de dar de su madre y expusieron que ella y Manuel José solían comer y cenar fuera, y que ninguno de los dos trabajaban. «Hacía lo que él quería y era una persona normal», llegó a decir Saray, que como su hermana apuntó que, en los meses que vivió con su madre y el homicida, tenían «una conversación normal» y podían hablar de «todo». Fue un modo de exponer que el lenguaje monosilábico y susurrante de la declaración no era la típica en casa.
«era un monigote». Como cierre de este segundo día de juicio declaró el hermano de Manuel José, Isidro Yébenes, que calificó al acusado como «un monigote» y «muy cortito», al que tenía que gestionar las cuentas y buena parte de su vida. Ambos compartían negocio, como pintores en Daimiel, expuso el hermano, antes de aclarar que siempre le dio la mitad de lo ganado y que antes de conocer a Ana Belén, tenía un piso pagado, una cochera, un local alquilado del que recibía el 50 por ciento y unos 300.000 euros en cuentas bancarias ahorrados. La relación entre ambos se torció, dijo, al poco de conocer a Ana Belén cuando le pidió «vacaciones» sin avisar y se fue una semana dejando trabajos de por medio y también cuando supe que se habían gastado «tres millones de pesetas» en meses. La relación se rompió del todo al año siguiente cuando volvió a pedir vacaciones. Entre medias se celebró la boda entre Manuel José y Ana Belén, a la que Isidro no fue porque no quería ir a ese «circo».
Con el tiempo, los dos hermanos volvieron a hablar, cuando Manuel José se acercó a su hermano para decirle que estaba arruinado y que no tenía para comer. Isidro achacó esta situación, por lo que había oído, a las compras y el derroche. «Me han quitado los dineros y se han ido de cachondeo», le llegó a decir Manuel José a su hermano, quien el día anterior al doble crimen le dio 50 euros a su hermano. «No te doy más porque te lo van a quitar», le dijo, y ese dinero, es el que se encontró escondido en una caja de la luz.