De amores prohibidos

M. Sierra
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De amores prohibidos - Foto: Sergio Parra

'El castigo sin venganza', con el que Pimenta se despide de la CNTC, casi duele

Del amor se han escrito muchas obras y algunas especialmente trágicas como aquellas que hablan de pasiones mortales, aunque se escuden tras episodios de locura o se achaquen a la sempiterna deshonra de la que se valían en el siglo de Oro para justificar una violencia injustificable. Una realidad que todavía hoy llena páginas de periódicos, y que antaño fueron la razón de algunas de las tragedias clásicas más reconocidas, y dieron la vida a algunos de los personajes más crueles de la literatura que se subía a los escenarios, «espejo que trata las costumbres y que educa», dice nada más empezar la obra uno de sus tres protagonista, el duque de Ferrara. Matar de amor, encumbró a Otelo y Yago, morir de amor, a Romeo y Julieta, a los que no tienen nada que envidiarle los protagonistas de El castigo sin venganza, con el que Lope de Vega demostró que «cuando quiere, quiere», como recogía el subtítulo de esta tragedia que escribió en su vejez y con la que buscó acallar a los que nunca reconocieron la valía de su pluma. Un texto con el que Eduardo Vasco arrancó su andadura como director de la CNTC, y que su sucesora Helena Pimenta ha retomado para afrontar su despedida de la institución, para la que todavía está pendiente que haga una Vida es sueño con la Joven Compañía.    
Hasta el próximo domingo este Lope versionado por Álvaro Tato estará sobre el escenario Adolfo Marsillach Hospital de San Juan, sede veraniega de la formación teatral baluarte de los clásicos. Una tragedia, la dibujada para la ocasión por Pimenta, que sencillamente duele, a pesar de los intentos de la directora y de Tato por reducir al máximo la parte más trágica de esta historia de amor que al final atruena los sentidos, y hace sentir que tal vez, un poco más de tragedia bien repartida por el relato haría todavía más brillante esa explosión de realidad que deja el corazón en la garganta.
Si hay que reconocer algo de esta propuesta, en  general bien planteada, es como el elenco oficial de la Compañía Nacional de Teatro Clásico se vuelca en cada verso, en cada escena de esta historia de amor a tres  entre el duque de Ferrara (Joaquín Notario), que tras una vida lisonjera decide casarse con Casandra (Beatriz Argüello) y que, abandonada por su marido, terminará enamorada de su hijastro, Federico (Rafa Castejón). Cada uno a la altura del personaje que imagina Pimenta. Notario, de voz portentosa, se ajusta a la perfección al personaje que le toca, un lobo de la noche que no duda en dejar a un lado su corazón para mantener intacta su honra aunque esconda sus lágrimas tras la piel del cordero. Argüello, dama sutil que entiende su papel como mujer y que se deja llevar por su pasión aunque esto le cueste la vida; y Castejón capaz de retorcerse de amor, y que ofrece uno de los parlamentos más bellos que sobre este sentimiento ha escrito Lope: «que este mi imposible amor/ me tiene desesperado/ En fin, señora, me veo /sin mí, sin vos y sin Dios...», versos que tienen sentido cuando todavía existe la esperanza de un final feliz que de un tajo corta el mismo Lope.
Para envolver este caramelo amargo la Europa de las entreguerra que dibuja Gabriela Salaverri y que ayuda a Pimenta a descontextualizar a nivel histórico este castigo, manteniéndose fiel a uno de los sellos de la casa mientras ella ha estado al frente. Y sin pasar por alto otro, la espectacularidad de la puesta en escena, que ella envuelve en una suerte de encaje o gasa negra que da al escenario un aire fantasmagórico y facilitan el desarrollo de una trama en la que todos son espías de todos, gracias a una oscuridad que se impone de principio a fin, y que subraya el espacio sonoro, a veces sacro, compuesto por Ignacio García.  
El traje está cortado a medida en  esta tragedia en la que la maldad lo tiñe todo de negro, hasta los personajes, como es el caso de Aurora, interpretado por  una maravillosa Nuria Gallardo que conforma el papel de la mujer despechada capaz de todo.