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Elisabeth Porrero

Elisabeth Porrero


El abuelo Manolo y la fianza de Bonilla

04/05/2022

No conocí a mi abuelo paterno Manolo, de Bolaños. Falleció antes de que mis padres se casaran. Por supuesto he visto fotos de él y de mi abuela Francisca, su esposa, a la que tampoco conocí y he oído historias sobre ellos. 
Sabía que mi abuelo debió ser un hombre transgresor para aquella época, hablamos de que nació sobre 1910. Siempre me impactó saber que, con menos de 18 años, fue capaz de trasladarse desde aquel Bolaños a Madrid capital para aprender y trabajar en el comercio. Concretamente trabajó en la mantequería La favorita. Estuvo unos años viviendo allí y después, un poco antes de la Guerra Civil, volvió a su pueblo natal para trabajar en una tienda, poniendo en práctica lo ya aprendido. Allí, hombres y mujeres se extrañaban al oírle tratar a las señoras que iban a comprarle de usted, se sorprendían de que usara guardapolvos para vender e iban a su casa para que les enseñase cómo eran las latas de sardinas y diferentes conservas que había traído de la capital y que no se habían visto en Bolaños hasta entonces. Se había 'contagiado' de ciertas costumbres diferentes y las había traído consigo a su tierra.
Puede que en esa etapa de Madrid se desarrollase su gusto por la cultura y los artistas, que mantuvo hasta el final de sus días y que demostró con la anécdota que quiero y creo que merece la pena contarles. El abuelo Manolo era muy amigo y admirador de Esteban Bonilla López, pintor y decorador de interiores, muy conocido en la provincia.
El defecto de Esteban era que, durante algún tiempo, falsificó billetes, a plumilla, de forma magistral. La copia era prácticamente perfecta y muy difícilmente distinguible del original, con la salvedad de que se atrevía a firmar su 'obra'. Una vez, envió a un niño a un estanco, con uno de esos billetes, para comprar algo de muy poco valor. La dependienta se sorprendió al ver a un menor con tanto dinero, indagó y el resultado fue que Esteban acabó en la cárcel por ese delito. 
El abuelo Manolo se consternó profundamente, considerando que un artista como él, que no había cometido un delito de sangre, no debía permanece en prisión. Quiso ayudar a ese amigo del alma, al que tanto admiraba y pagó las 2.000 pesetas que se pusieron como fianza para restablecer su libertad. Mi padre no está seguro de si Bonilla se los pudo devolver o no, pero él quedó hondamente satisfecho por poder tener a Esteban libre de nuevo. 
Cabe destacar que este hombre fue requerido luego por la Casa de Moneda y Timbre, para la que trabajó, ayudando a distinguir las falsificaciones del dinero de verdad.
Todas las personas contamos con recuerdos que se nos cuentan de familiares o amistades a los que no hemos conocido, pero que nos hacen sentirlas, de algún modo, muy cerca. Y algunas nos conmueven especialmente, porque nos muestran su esencia, sus sentimientos, su modo de pensar y nos hacen quererlas en la ausencia.

ARCHIVADO EN: Madrid, Guerra Civil