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José Rivero

Doble Dirección

José Rivero


'Outdoor'

08/06/2022

Entre los primeros progresos civilizatorios de la humanidad hay dos hechos que, a veces, aparecen hermanados y superpuestos. Y que se confunden otras veces. Me refiero a la conquista del fuego y a la conquista del techo: ya fuera cueva, ya fuera refugio, ya resultara ser cabaña. De tal forma que esa conquista de la cabeza cubierta y el cuerpo protegido determina un largo proceso civilizatorio de seguridad y confort, tras la determinación primero del hogar –que unifica fuego con techo en ese mismo nombre con dos acepciones– y luego de la casa y morada. Por eso, en ese proceso civilizatorio precedente, se ha confundido el dominio del espacio con la lucha por el bienestar. De aquí, que aún hoy, en nuestras sociedades de prosperidad aparente, hablemos de los 'sin techo' –en ingles el equivalente es homeless, esto es, los 'sin casa'– para referirnos a aquellos ciudadanos desprovistos de ese refugio elemental alcanzado en un pasado remoto y que hoy en los estados sociales llamamos derecho a la vivienda.
Por eso, ahora, llama la atención la insistente y persuasiva promoción comercial que nos hacen, desde cierta concepción del progreso vertical y desde la sociología horizontal recreativa, vendiéndonos el outdoor como vida equivalente en verano y del verano. Como vida total y como vida primigenia y autentica, en una suerte de retorno a las raíces desprotegidas del pasado a la intemperie como un outdoorsman de verdad; aunque ese retorno se produzca de forma voluntaria y sin competencia con otros depredadores y competidores por el suelo, el fuego y el sustento. Ahora, desde ese presente bien atemperado –como lo definiera el historiador y crítico de arquitectura Reyner Banham– se nos propone la metáfora plana y colorista de un viaje controlado al pasado, aunque sea un viaje desprovisto de aristas y accidentes. Y orlado de casualidades pintorescas en forma de maceteros, de sombrillas, de agua controlada y balancines con tapicerías de rayas. 
Por ello, y en esa efeméride del regreso incontable –no sé si a casa o al campo abierto, no sé si al presente o al futuro– una diversidad de casas comerciales diversas, de marcas de mobiliario de jardín, de muebles de exterior, de complementos plurales de jardinería y de galerías del bricolaje dan buena cuenta de ese retorno en forma del outdoor sobresaliente y estival. Y mayestático. Un outdoor –literalmente, aire libre y no puertas afuera, como pudieran pensar algunos precipitadamente– que se nos propone como modelo de vida en verano. Del intermedio de casa y jardín, hemos pasado ahora a esa indeterminación del outdoor, en una especie de adanismo vital y melancólico. 

ARCHIVADO EN: Arquitectura