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"El reto de enfermería es interiorizar la ética del cuidado"

H. L. M.
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La ley de eutanasia ha necesitado de una mayor formación y en el caso de los profesionales de enfermería, el desarrollo de la Comisión de Bioética y Deontología

"El reto de enfermería es interiorizar la ética del cuidado"

La semana pasada se conoció el primer caso de una persona que ha solicitado que se aplique la eutanasia en la provincia. Un paciente en La Mancha Centro lo solicitó, aunque en el periodo de reflexión decidió no llevarlo a efecto. Se trata de una ley que ha necesitado de una mayor formación y en el caso de los profesionales de enfermería, el desarrollo de la Comisión de Bioética y Deontología. Su presidenta desde su creación es la enfermera Prado Sánchez-Molero, que entre sus cometidos este año ha tenido el diseño de unas jornadas, celebradas hace unos meses, para responder dudas sobre esa ley como un nuevo derecho sanitario que ha sido adquirido por los pacientes y que plantea dudas en cuanto a su aplicación. 

Hace unos días se cumplió el primer año de la Comisión de Bioética y Deontología del Colegio de Enfermería, ¿cómo surgió este organismo?

La comisión de Bioética y Deontología inició su andadura con la intención, la ilusión y las ganas de trabajar por y para la sociedad y por y para los profesionales de la enfermería. La idea es generar esa unión que consideramos tan importante y la intención es trabajar en los cuidados en los diferentes momentos de la vida, con cercanía a la sociedad. 

Uno de los momentos claves de estos doce meses ha sido la jornada 'Ética y cuidados al final de la vida'. ¿Cómo se desarrolló? 

La jornada de ética formaba parte de una realidad social que teníamos por los derechos de las personas que quieren morir mediante la eutanasia. Básicamente, creo que la importancia que ha tenido esta jornada y que hemos sacado todos, los ponentes, la comisión y los profesionales, es la necesidad del compromiso moral con el paciente. Como decía Blanca Morera, que forma parte del comité de Bioética sociosanitaria de Euskadi, durante la jornada, se trata de decirle al paciente: 'Estoy aquí, me pongo en tu lugar, te acompaño'.

Hasta ahora, ¿no existía ningún Comité de Bioética?

Comisión Deontológica ha habido siempre, por la obligación legal que hay en todos los colegios profesionales de que exista y el mandato del consejo general. Somos un grupo de gente con muchas ganas de trabajar.

¿Cuál es la clave actual en la Comisión: las peticiones a raíz de la ley de eutanasia o la solución de dudas que puedan surgir ante una posible objeción? 

Ahora mismo, a la comisión no ha llegado nada ni de petición ni de objeción. Sí que hemos abierto un enlace donde los compañeros pueden entrar y preguntar todas las cosas que les preocupen sobre la objeción de conciencia, la ley o cuestiones éticas en su trabajo. Es un enlace que es completamente confidencial y en el que quienes quieran escribir pueden hacerlo, sin que nadie se entere de su nombre o datos personales. Lo han habilitado, va a mi correo, como secretaria, y se trataría en la comisión. Lo que sí hemos hecho es responder las cuestiones que surgieron durante la jornada y que estaban pendientes. El reto más importante ahora mismo de la enfermería es interiorizar la ética del cuidado y el trabajo por las personas en situación de vulnerabilidad y lo que implica y que es la protección de los derechos humanos. 

Más allá de esa deontología en el último momento de la vida, ¿debe haber una ética de los cuidados en el día a día?

Hay que interiorizar la ética en el microtrabajo de la atención con los pacientes. Es una ética que debe ser relacional, que implica relacionarse con la persona a la que cuidas. Si la persona a la que cuidas no está implicada, es imposible que exista el cuidado, porque necesitamos una ética relacional, proactiva. Hay una escultura de Rodin, que se llama el arco de la alianza, dos manos derechas que se entrelazan y que se tocan los dedos, y eso es lo que tienen que existir entre la enfermera y la persona a la que cuida. Debe haber una relación, una cercanía, un feedback entre ellos, Si no entendemos bien lo que le ocurre a la otra persona, difícilmente vamos a prestar bien los cuidados. Luego, necesitamos las fases del cuidado: atención, responsabilidad y competencia. Esto implica proveer el cuidado, disponer de conocimiento, de las habilidades y de aptitudes, que haya una capacidad de respuesta que implica la relación del cuidado. Luego hay que atender la individualidad de los pacientes y entender el concepto en el que se relaciona el cuidado. Eso es vital y, por eso, Carol Gilligan, que marcó el contexto del cuidado, dijo que en un contexto democrático el cuidado es una ética humana. El cuidado ha existido siempre y tiene un amplio significado social y la mayoría de las veces ha sido invisibilizado porque lo han hecho las mujeres en su mayoría. Sin embargo, ya Florence Nightingale profesionalizó el cuidado y lo sacó de las órdenes religiosas. Necesitamos trabajar con conocimientos, habilidades y actitudes, con un profundo respeto a las personas. Eso tiene que estar ahí e impregnar el trabajo de la enfermera y el trabajo de los alumnos de enfermería de arriba a abajo. 

En cuanto a esta deontología del cuidado, se habla que, buena parte, se integra en informar al paciente, del trato y de los cuidados que se le van a ofrecer. 

Más que deontológico es ético. La deontología nos obliga a cubrir los mínimos, los cuidados mínimos que hemos de proveer, pero nosotros queremos ir a una ética de máximos y que nos impregna en el trabajo. Lo que se habla de informar al paciente está enmarcado dentro de la Ley de Autonomía del Paciente, que data del año 2002, y que todavía ha sido poco interiorizada por todos los profesionales, tanto médicos como enfermeros, que son los que más lo trabajan. Si hablamos de consentimiento informado y de una información adecuada en calidad y cantidad al paciente, no puede haber un consentimiento informado sin ella, porque si le falta información no puede tomar una buena decisión. Esto está enmarcado en la ley de autonomía y desde todas las profesiones sanitarias debemos hacer un esfuerzo importantísimo porque esta ley de autonomía se haga realidad. Hay que recordar que se aprobó en el año 2002 y estamos en el 2022. 

Uno de los debates que hay en el ámbito profesional se encuentra en la objeción de conciencia, si es del profesional o del centro. 

No está reconocida por la ley la objeción de conciencia institucional. Hay centros religiosos que dicen que van a objetar en la ley de eutanasia, pero, a prirori, hay una ley del tribunal constitucional que dice que no y el comité de bioética de Cataluña dice que no es posible y el de Andalucía dice que tampoco. Bien es verdad que el comité de bioética nacional, que es un órgano asesor, no como el Constitucional, dice que sí. La ley, lo que recoge ahora mismo, es un derecho individual, no un derecho institucional. Yo abogo porque pueda ser un derecho individual y sobre un acto concreto. La objeción es la negativa a cumplir un cometido profesional exigido por las leyes, aun así, la Ley de Regulación de la Eutanasia (LORE) dice que hay que habilitar alguna forma de aplicarla, porque los pacientes que lo solicitan lo hacen en base a unos derechos. Si cumplen todo lo que dice la ley, también tiene derecho a morir dignamente. Hay que conjugar esas dos cosas. 

¿Cómo se logra formar a los profesionales? 

Es muy importante el tema de las 'pseudobjeciones', gente que en un momento dado tiene falta de conocimientos, miedo o piensa que otros van a objetar y ellos también. Por eso, pensamos que la información es muy importante para evitar esas 'pseudoobjeciones' para esos profesionales que están ahí pensando que sí quieren pero no… La idea es que si objeta, lo haga porque sea en su conciencia moral, pero no porque tenga problemas de formación. 

Cuando se cree en el futuro y en lo que pueda ocurrir, cuando llegue el primer caso que se lleve a efecto, cuando haya una persona que quiera aplicar ese derecho a 'morir dignamente'. ¿Qué pasará?

Hay una encuesta en la que la mayor parte de los enfermeros dice que no va a objetar, luego la verdad es que la realidad siempre nos supera. A quien le ocurra va a ser duro, igual que pasa cuando se ve morir a otra persona, en cualquier otra situación. El trabajo, saber estar, acompañar al paciente va a situarse por encima de cualquier otra preocupación. 

Dentro de la jornada se hizo una encuesta para saber lo que iban a hacer los profesionales. ¿Cómo acabó?

Sobre la regulación de la eutanasia, ha salido un 76,6 por ciento de enfermeros que son favorables y la mayoría, más de un 65 por ciento, dice que cree que no va a solicitar la objeción. No hay que olvidar que nuestro deber moral es acompañar y estar al lado del paciente. La ley pretende una respuesta jurídica a una situación dura. La mayoría de la gente que dice :'Ya no puedo más, me bajo de este tren', lo hace porque realmente no puede más. La mayoría de la gente ama la vida, pero una vida digna. Por lo tanto, la mayoría de los profesionales de la enfermería van a estar ahí, al pie del cañón y con los pacientes.

Tras este primer año de rodaje de la comisión, donde en la jornada marcaron estos meses, ¿qué queda por delante? ¿Cómo se va a trabajar el próximo año?

Vamos a seguir preocupados por defender la ética de los cuidados y todas las necesidades que son importantes para la ciudadanía y para hacer bien nuestro trabajo con un importante nivel de exigencia. Por ejemplo, la seguridad del paciente es algo muy importante y a trabajar. Hay muchos retos para la enfermería de este siglo: el abordaje de la cronicidad, la planificación compartida, el desarrollo de estas especialidades, con puestos de trabajo y con plazas, y la enfermería geriátrica, que tiene que avanzar con este tema del COVID y que hace mucha falta, y la comunitaria para la información de cara a la salud. Creo que el objetivo de las enfermeras es mejorar las condiciones y cambiar las condiciones que producen inequidad en el acceso a la salud.