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El objetivo es que sepan que no están solas

Almudena Morales
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Las más de 1.200 farmacias de la región son Puntos Violeta, un instrumento promovido por el Ministerio de Igualdad para implicar a la sociedad en la lucha contra la violencia machista

Pegatina que marca el Punto Violeta en la Farmacia Castro Sierra, en la Plaza de Zocodover, en Toledo - Foto: Javier Pozo

Una mujer necesita una media de 8 años para poder denunciar un caso de violencia de género. La vergüenza, es el principal motivo para no hacerlo, además del miedo a las posibles consecuencias. En los últimos tiempos las campañas se esfuerzan en mostrar que este tipo de violencia la puede sufrir cualquier mujer y en cualquier etapa de su vida. Quizá su vecina o la mujer que le atiende en el supermercado o quizá la profesora de su hijo, pueden estar sufriendo violencia o haberla sufrido en el pasado.  La violencia de género no entiende de edad, tampoco de estatus social. Como muestra, algunos datos recogidos en la última Macroencuesta realizada por el Ministerio de Igualdad en 2019, de la que se extrae que una de cada dos mujeres ha sufrido violencia a lo largo de su vida o que un 71% de las agresiones violentas se han producido en mujeres de entre 16 y 24 años.

Saber reconocer un caso de violencia no es una tarea sencilla «no es fácil cuando te lo encuentras de frente, incluso siendo una profesional, te cuestionas qué tienes que hacer ahora», lo reconoce Consuelo García, jefa de la Unidad de coordinación contra la violencia sobre la mujer en la delegación del gobierno en Castilla-La Mancha. De ahí la necesidad de establecer puntos accesible y de confianza, lo que se ha denominado como Puntos violeta. Un lugar  «seguro» al que una mujer que está sufriendo o ha sufrido un episodio de violencia puede ir para buscar información y asesoramiento. En Castilla- La Mancha, además de las Instituciones hay dos Puntos violeta más, los taxis, y las últimas en unirse: las farmacias. «Somos el nexo de unión entre el asesoramiento sanitario y el sentimiento hacía las preocupaciones del día a día» explica Natalia Olmo Fernández, farmacéutica en Puertollano, quien reconoce que siempre han sido un punto de confianza para los vecinos «pero la pandemia ha hecho que tuviéramos que dar mucho más apoyo psicológico». 

Reconoce, Francisco Izquierdo, presidente del Colegio de farmacéuticos de Castilla-La Mancha que estos puntos en las farmacias, sobre todo en las zonas rurales «son claves para la atención, información y posterior derivación» porque la «prevención y erradicación de la violencia es una tarea del conjunto de la sociedad» cualquie mujer que haya sufrido una agresión puntual o alargada en el tiempo, tiene que saber «que la farmacia se convierte en un refugio de toda la ciudadanía y sobre todo de las mujeres que sufren maltrato». Palabras de Izquierdo en la firma del Protocolo de actuación como Punto violeta, con el delgado del gobierno en la región, Francisco Tierraseca quien reconocía que «hay más de 3.000 casos activos en CLM, casos que tienen un control policial». 

- Foto: Javier Pozoformación. A todos estos puntos se les está ofreciendo formación para que sepan como tiene que actuar en cada caso, y es que insiste Consuelo García en que es importante que «las mujeres pasen delante de la puerta de un local y vean la pegatina, para que sepan que no están solas» reconoce que el miedo las paraliza y «quizá un día pasan, ven el cártel y no entran, pero quizá al día siguiente sí lo hagan». Por eso, el profesional debe conocer cuáles son las vías para poder denunciar, «que no quede simplemente en un punto violeta, más bien que sea un lugar en el que encuentres a alguien que sepa tranquilizar a la mujer, ofrecerle vías de comunicación oficiales a las que poder llamar», insiste.  Una tarea en la que la empatía juega un papel fundamental, y es que lo más común, es que una mujer que sufre un episodio de violencia, no pueda verbalizar su situación, «en las personas jóvenes se detecta mucho cuando hay preocupación» cuenta Natalia Olmo «por ejemplo cuando la pareja se queda fuera en la puerta vigilando» momentos en los que «tienes que ver qué está pasando sin que te lo digan directamente». Una vez que lo has detectado o que te han contado qué está pasando "no la puedes juzgar, la tienes que tratar con empatía y generando un lugar de confianza, que sepa que puede volver». 

Según la Macroencuesta del Ministerio, solo el 21,7% de las mujeres que han sufrido violencia física, sexual, emocional o que han sentido miedo de alguna pareja, ha denunciado. El 84,1% de las víctimas de violencia sexual y el 67,2% de las mujeres que han sufrido una violación no han buscado ayuda formal. Según el Protocolo de actuación en Farmacia comunitaria, hay varios rasgos que puede presentar una mujer ante su maltratador, como actuar de manera evasiva, hablando poco, mostrando una actitud temerosa y nerviosa; incluso una agresividad o irritabilidad sin causa aparente, así como usar vestimenta o accesorios que permitan ocultar lesiones «quizá en una primera visita no te das cuenta, pero si viene varias veces a pedirte una crema para tapar manchas, puedes pensar que algo está pasando» cuenta Olmo. En cada local que se sume a la iniciativa se colgará en la puerta  un cartel visible, con un código QR para acceder a un asesoramiento específico. Al final no se trata de otra cosa que de ofrecer la confianza que un día perdieron dentro de sus casas. Porque comprender, es aliviar.