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El repartidor de butano: gas, cercanía y mucho calor

M. E.
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La tradicional figura de este trabajador forma parte del paisaje urbano y rural de Ciudad Real, llevando esta fuente de energía hasta el último rincón de la provincia y recibiendo a cambio un «trato familiar» de los clientes

Manuel Trujillo, durante uno de sus repartos diarios. - Foto: Cepsa

El repartidor de butano es uno de esos oficios tradicionales que forman parte de la decoración urbana de la ciudad, del pueblo, del barrio. Generación tras generación, ahí siguen en las calles, llevando el gas hasta donde otras fuentes de energía no pueden llegar. Ver un hombre cargando con una bombona al hombro o en el carro es sinónimo de calor, de confortabilidad, de una buena ducha con agua caliente, de un imprescindible brasero en invierno o de un suculento guiso haciéndose a fuego lento sobre los fogones de la cocina.

Estos repartidores son un colectivo que se ha adaptado al avance de la sociedad y de las fuentes de energía. En la actualidad se les puede avisar dándoles una voz desde el balcón o solicitando el reparto a través de una página web o de una moderna app. Sus colores, el sonido de las bombonas chocando entre sí en el camión, agitadas por el propio repartidor para que el ruido sirva de advertencia de que está en la calle, forman parte del día a día de los ciudadrealeños, tanto de los que son usuarios de gas butano como de los que no. Pasan los años, las décadas, los milenios, y ahí siguen, cumpliendo con su cometido puntualmente, inasequibles al desaliento y resistiendo el cambio de los tiempos.

No tienen un perfil de cliente específico, sino que hay tres grandes tipos: el residencial (doméstico), el profesional (fundamentalmente hoteles, restaurantes y caterings) y el industrial (maquinaria). Eso sí, el cliente del gas butano valora, sobre todo, el que se trata de un producto que llega a todos los rincones de la provincia, por muy pequeño y remoto que sea; que puede pagar por lo que consume, y en los últimos tiempos que se trata de una fuente de energía económica si se compara con los precios disparados de la electricidad. Además, tiene un alto poder calorífico, algo impagable para los buenos cocineros.

Y tampoco es cierto que sus usuarios sean solo personas mayores. El rango de edad de sus clientes es amplio, desde los más veteranos a los jóvenes en pisos de estudiantes, que ven en esta energía un modo más económico e independiente de disfrutar de sus beneficios.

 

Cepsa en Ciudad Real

En la provincia de Ciudad Real, al igual que en el resto del país, este mercado se lo reparten Repsol y Cepsa, a través de sus distribuidores y comercializadores. Con Cepsa trabajan tres distribuidores, con diez repartidores en total. Uno de ellos es Manuel Trujillo, propietario de la empresa Nuevo Gas de Almadén. Lleva más de 18 años llevando bombonas a todos los rincones de la comarca, recorriendo kilómetros con el camión para que no falte butano en localidades como Cabezarados, Abenójar, Fontanosas, Almadenejos o incluso Cabeza del Buey, ya en la provincia de Badajoz. Donde hace falta gas, allí está, llevando la botella hasta la misma puerta de un cliente que suele tener un perfil de edad alta. Aunque a Manuel le facilita mucho el trabajo repartir bajo demanda, entiende que esto no es posible. «Suele ser gente mayor, que cuando se le acaba la botella la deja en la puerta de su casa para que se la cambiemos», explica, destacando la gran ventaja que tienen el gas butano, su solidaridad con estos núcleos de población tan pequeños y apartados: «Hacemos un reparto capilar, llegando a todos los sitios».

Aunque el de repartidor de butano es un trabajo que, como todos, tiene aspectos negativos, como puede ser la exigencia física de transportar una botella que llena pesa 19 kilos, o el frío que se pasa en invierno, que es la época de mayor demanda, Manuel Trujillo se queda con lo mucho positivo que le reporta el día a día de un oficio que, recuerda, «fue esencial durante el confinamiento, estando en primera línea de batalla». Para él, lo más gratificante es que muchos clientes lo tratan como si fuera un amigo más, con mucha cercanía y trato muy familiar. «Llegas a sus casas y no sólo les das los buenos días, sino que les preguntas cómo están ellos y los suyos. Te paras porque la gente mayor siempre tiene algo que contarte, porque suelen vivir muy solos y les gusta la conversación. Al final estás un rato con ellos. Además, son muy hospitalarios, te ofrecen desayunar, te regalan fruta… Es, sin duda, la parte más gratificante de este trabajo», asegura este representante de uno de los oficios más tradicionales, a prueba del paso de los años y de la proliferación de nuevas y más modernas fuentes de energía. 

 

El precio de la bombona sube un 5% desde hoy

El precio máximo de la bombona de butano de 12,5 kilogramos se incrementará un 4,96% a partir de este martes 15 de marzo, hasta situarse en 18,63 euros, según publicaba ayer el Boletín Oficial del Estado. En septiembre de 2020 la bombona tenía un precio máximo de 12,09€ (0,96 €/kg), por lo que en año y medio el precio del butano ha subido un 54,09%. Pese a ello, los consumidores de este tipo de energía se mantienen estables, en líneas generales, en la provincia. Según los datos de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, facilitados a este periódico por Cepsa, el consumo de gas butano en Ciudad Real durante el año pasado fue de 9.426 toneladas, una cifra muy similar a la del año anterior (9.495) y algo menor que en 2019 (9.993).