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Manuel López Camarena

El Yelmo de Mambrino

Manuel López Camarena


Era reina de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, no de España

15/09/2022

Nada, que no tenemos ni siquiera un mínimo de suerte que haga caer, de vez en cuando al menos, algo de agua que nos permitan funcionar, sin estrujar los pantanos, los acuíferos o los pozos de las norias.Y es que ya, ni en esta ocasión de aguas abundantes, anunciadas y hasta prometidas por los predictores de primera, ha caídos, sobre estas resecas y malditas tierras de los viejos campos castellanos ya citados, hemos visto, sentido y olido más lluvias que las que se llevan las macetas. Tiempo llegará, al paso que vamos, que no sólo no tendremos más agua que la predicha, sino que esa llegará de mala manera y con necesidades de saneamiento previo. Y mientras, aquí en este mi pueblo, que lleva una pila de meses sin ver un charco decente ni un reguera correr, se pierde al tiempo, y el dinero, en inventar parques, o mini parques, destinados a recordar a unos y a otros, como si Ciudad Real no estuviese muy bien dotada de zonas verdes que, ¡oh dioses! lo está, pues ya el inolvidable alcalde Lorenzo Selas, conversando, me dijo que nuestra ciudad tenía una zona verde, más grande o más chica, a cien metros de otra, lo que convertía a este ejemplo de secarral manchego que es la capital de la provincia, y aledaños, en algo o realmente notable. No se me ha ocurrido ponerme a medir distancias ni cosa por el estilo, pero sí se me ocurre ahora que nos secamos como los pimientos para el tiznao, que igual no es momento para parques, ni grandes ni chicos, dada la perenne escasez de agua de la que disfrutamos, aun a sabiendas de que a esta tierra, al menos a esta Mancha calatrava, santiaguista y sanjuanista, terminarán llegando otras aguas, más duras y salobres, que mal suplirán a las actuales y, por ejemplo, dejaran casi secos, o más, los bebederos de Las Tablas y otros parajes de alto valor ecológico.

Quizás no fuese malo, o precipitados sin ser malo, que las autoridades, los gobernantes, los colegas de Carlos III de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, ¡cá uno en su sitio!, dedicasen tiempo y dinero a planificar lo de las necesarias aguas para el resto del siglo XXI. No sé cómo, pero igual una desaladora, o dos, para agua de mar y durezas y salobridades subterráneas de interior, rememorando tiempos franquistas, con perdón, cuando el crudo, para la gasofa y demás, llegaba a Puertollano (y ¡la SEAT a Barcelona!), vía tubo gordo u oleoducto, desde Málaga y Cartagena, en lugar de andar con proyectitos, que no sólo no hacen falta -si sobrase de todo, todavía-, sino que distraen de lo realmente fundamental y trascendente.

Y de lo demás, qué quieren que les diga. Pues que se ha muerto la reina de Inglaterra, con más años que la Tarasca de Graná, después de un prolífico reinado; hecho este que ha i.e. echo perder los papeles, y el norte, a nuestros medios de comunicación, que, estoy seguro, han dedicado y siguen dedicando, más espacio que hubiesen dedicado a similar tema. Isabel II, cierto es, ha sido una gran reina para su pueblo y ha sabido llevar, desde su sitial y su papel constitucional, temas gordísimos, la II Guerra Mundial, por ejemplo, pero nunca ha dado un paso, ni habrá tenido un pensamiento generoso, para, por ejemplo, ayudar a reconducir el tema Gibraltar, en el que su Gobierno, el de ella, ha traicionado lo firmado en 1713 sobre el territorio y su devolución a España. Cierto que ella no gobernaba, pero su influencia, lógica, por otra parte, podía ser definitiva según qué temas. Dios, el dios que se inventó Enrique VIII, rey de la crueldad, imitando a otros colegas de corona y sangre, la tenga en su gloria o en las playas de Nueva Zelanda, que fue territorio inglés.

Y España, ¡casi ná!, con dos reyes y dos reinas en el duelo. Bien jugado, presidente, que dice el anuncio.