Testigo de medio siglo de avatares de la Justicia

Pilar Muñoz
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José Luis Álvarez repasa con La Tribuna sus 48 años de servicio en los juzgados y la Audiencia de Ciudad Real

Testigo de medio siglo de avatares de la Justicia - Foto: Tomás Fernández de Moya

Tras casi medio siglo de trabajo en la Administración de Justicia y con una hoja de servicios sin tacha, José Luis Álvarez se ha jubilado. Tiene una memoria proverbial y en 48 años ha atesorado multitud de vivencias y anécdotas que desgrana en una charla con La Tribuna.  Empezó con la máquina de escribir y un montón de legajos y ha dicho adiós con el expediente digital que ha impuesto el COVID. Pero hay algo que no ha cambiado en la Justicia, «seguimos siendo los últimos en dotación de medios humanos y técnicos pese a la carga de trabajo», se lamenta el funcionario más antiguo de esta administración por edad y años de servicio.

 José Luis Álvarez nació el 14 de febrero de 1953 en Almagro y su infancia también transcurrió por  otros pueblos de la provincia. «Mi padre era factor de circulación de Renfe y estuvo destinado en Malagón y Daimiel» antes de que la familia recalara en Ciudad Real, donde José Luis acabó el Bachillerato. Aprobó la reválida y decidió opositar a la Administración de Justicia.

Estuvo tres meses de meritorio en el Juzgado Municipal de Ciudad Real y tras aprobar las oposiciones para Justicia Municipal su primer destino fue Puertollano. Luego le llamaron a filas y, tres días antes de licenciarse, optó a una plaza en el concurso de traslados y así desembarcó en la Audiencia Provincial que entonces se ubicaba en la calle Elisa Cendrero. Era un edificio «precioso» y «hoy todavía me pregunto por qué lo tiraron», reflexiona en voz alta.

Recuerda que el Juzgado Municipal estaba al final de un pasillo «larguísimo». A la derecha, «se ubicaba el Registro Civil y a la izquierda, conforme entrabas, estaba el Juzgado número 1 en una estancia en la que también se asentó el 2  cuando se creó. En el edificio también estaban el Colegio de Abogados y el de Procuradores y el despacho del fiscal».

 Asegura que «las pasamos canutas» por la escasez de medios. «Empezamos a trabajar en el Juzgado número 2 con cajas de cartón, una silla de enea y una máquina de escribir».  Pese a ello, guarda buenos recuerdos de esa época, aunque en alguna ocasión tuviera que salir «por pies» en mitad de un barbecho porque «salieron apuntándome con una escopeta» cuando fueron a embargar un tractor.

 En esa etapa conoció a magistrados como Juan Ramón Berdugo, que ha acabado en el Supremo; José María Torres, que unos años más tarde fue presidente de la Audiencia de Ciudad Real, y  Carmen Pilar Catalán, que es la presidenta de la Sección Segunda.

Lleva a gala haber formado parte del equipo capitaneado por  José María Torres para resolver un atasco grandísimo en los juzgados de Alcázar. «El entonces presidente del Tribunal de Justicia territorial, José Rodríguez, nos felicitó por el trabajo».

En 1980, se trasladaron al edificio actual de la Audiencia en la calle Caballeros donde recuerda haber visto ‘al Vaquilla’ cuando lo llevaron para enjuiciamiento. «Llegó esposado con una pareja de la Policía y de una patada rompió las puertas». También tuvo que ir a la entonces prisión provincial para poner en libertad a presos que estaban por la matanza de Atocha, como García Julia. «Mandaron de Madrid un mandamiento y me tocó ir para ponerles en libertad», específica tras indicar que son muchas las anécdotas.

Uno de los momentos más felices de su carrera fue cuando le dieron la Cruz de San Raimundo de Peñafort. Ahora, tras la jubilación, dedicará el tiempo a «dibujar, leer más y, sobre todo, a la familia», concluye.