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Juan Bravo

BAJO EL VOLCÁN

Juan Bravo


Aquellas ferias de antaño

12/09/2022

Refugiado en la Legación de Noruega, en Madrid, durante la guerra civil, Andrés Ochando, autor de 'Baladas del Quijote', en septiembre de 1938, acuciado por la nostalgia, con veintiséis años, recreaba en un cuaderno su propia Feria de Albacete, hecha de retazos de entre las que había tenido ocasión de vivir durante su adolescencia y primera juventud. Son quince páginas desbordantes de gracia y encanto; quince páginas gloriosas que deberían ser reeditadas en una edición de lujo lo antes posible para deleite de cuantos aman esta singular efeméride.
El opúsculo lleva por título Albacete. Ferial manchego. Emociones y recuerdos en cuadros. En realidad podría haberlo titulado simplemente 'Emociones y recuerdos de la Feria de Albacete'. Y es que, aunque desde el mismo momento de su arranque, percibamos a un Ochando nostálgico y lírico, en ningún momento el narrador detallista pierde el pulso de su narración,  
Dividido en once cuadros o estampas, Ochando traza con una minucia extraordinaria el trajín de aquellas ferias anteriores a la guerra civil, y lo que más asombra es que, excepción hecha de determinados detalles puntuales, todo lo esencial permanece fijo y estático, empezando por ese cartel en el que, «sobre un fondo amarillo, oro de soles y trigos, se recorta la silueta de una moza manchega».
Con los primeros días septembrinos, la ciudad deviene en un hervidero de gentes ávidas de fiesta unos, de negocio otros. Ese Albacete recoleto de antaño que, lamentablemente, derribó la picota en los sesenta,  que por unos días se tornaba punto de encuentro y de gozo (por algo esta feria ha sido bautizada como la del 'reencuentro'). Es lo que Ochando denomina 'Vísperas del gozo' (con la clara conciencia de que a menudo es más intensa la 'víspera' que el propio gozo). La afluencia no deja de crecer hasta que, con las anchurosas y acogedoras posadas a tope, «en el calendario, la fina silueta del número siete, garabato negro en el blancor de la pared, señala el comienzo». Es el momento de la Cabalgata –siempre igual y siempre diferente–, el traslado de la Patrona y la apertura del ferial, conocido desde antaño como 'sartén', con sus casetas formando dos anillos concéntricos.
Y es así como se pone en marcha la maquinaria festiva en la que todos participan, en especial cuando llega la noche, «noches aterciopeladas, altas, serenísimas» y las sirenas de los carruseles, los altavoces de las rifas y la batahola se enseñorean del ambiente. Niños y mayores, adolescentes y parejas de novios, todos en busca de su gramo de diversión en la 'Cuerda', en las 'Casetas' (novedad no imaginada por Ochando), en las verbenas de los Jardinillos, hoy muy raras, en los 'asaltos' en el Casino primitivo, cuando éste brillaba en todo su esplendor, y, naturalmente, en la corridas de toros, con toda su liturgia en medio del «denso y rotundo aroma de los habanos de a palmo», todo ello con la venia de las nubes alborotadas que unas veces dan tregua y otras no.
Son miles y miles las posibilidades de diversión que se ofrecen a los pequeños, reducidas hoy día por la ansiedad de las autoridades académicas, empeñadas en amargarles a nuestros hijos y nietos la feria (¡Qué tiempos aquellos en que los colegios, institutos y universidades abrían sus puertas entre San Francisco y El Pilar!). Lo que hacen con los escolares es como interrumpir un sueño…, de ahí que ni siquiera se les permita deleitarse durante esos últimos días en  que la nostalgia va in crescendo hasta la noche del 17 con los consabidos fuegos artificiales que clausuran el bucle melancólico hasta un nuevo año, si Dios lo permite. «Comienzan entonces –concluye Ochando– los preparativos para la vendimia (eso era antes del cambio climático). Las tardes son ya más cortas, y el frío, que parecía esperar a que acabara el jolgorio, se presenta una mañana cualquiera, arma sus tiendas en donde se albergan las lluvias, nieblas y nieves, y se dispone a cercar la ciudad durante todo el invierno».

«Con los primeros días septembrinos, la ciudad deviene en un hervidero de gentes ávidas de fiesta unos, de negocio otros»