El Yelmo de Mambrino

Manuel López Camarena


La tozudez del mulo

25/02/2021

Pese a las últimas cifras relativas a la pandemia en España, que han despejado un tanto el panorama, la gente se sigue muriendo a chorros aquí, a nuestro lado, amenazando con asestar próximas e igualmente duras dentelladas con, eso sí, la elegancia y el estilo de una hiena. Porque el virus, que está cambiando de cara, de aspecto general, y de vía por la que poder ser atacado a la velocidad del rayo, está agazapado y con su carga de dolor y muerte casi intacta, amenazando a la humanidad, que no sólo a España, con una cuarta oleada de contagios y malas cifras capaces de repetir las ya sufridas y aún de superarlas. Y en esas andamos, en que al primer descuido, a la primera norma, a permiso, o levantamiento de mano que sea permitido y, en el colmo de la estupidez, hasta alentado por los poderes públicos de cualquier origen, como está pasando ya hoy con la jornada homicida heredera del 8-M del pasado año, origen y potenciador de la pandemia y de sus abultados y letales resultados.
Porque resulta que, ya se sabe, el pasado año, aún sabiendo, como las autoridades deberían saberlo por qué la OMS dio una alerta, que en el Gobierno de Pedro Sánchez decidieron ignorar y ello porque andaba el ala femenina del Gobierno -encabezada por la inconsciente compañera del no menos inconsciente vicepresidente segundo del Gobierno, el rojo-fascista Pablo Iglesias, (a) El Coleta o, según otros, moño loco- enredada hasta en los pelos de las cejas, y aun de los cejos, en montar desde el poder, al más puro estilo franquista, la macro manifestación que hubo por aquellos entonces para conmemorar el día de la mujer, o algo similar o parecido, el mismito 8-M, fecha y obra en la que entre besos, restregones, abrazos y demás manifestaciones de cariño, amor y deseo, el virus, el Covid-19, anduvo a sus anchas por pozos, valles y ríos, contagiando todo lo contagiable y poniendo en riesgo a miles de personas, grandes y chicos, empezando por los indefensos becerrillos Iglesias-Montero, a los que no fue necesario inmolar a la causa del feminismo por contagio ni directo, ni indirecto, ni circunstancial. Entonces se hicieron y proclamaron miles de interpretaciones y argumentos para desligar el Covid-19 del 8-M, ya que la cosa, la causa-efecto, podría equivaler, de hecho moralmente así lo suponía, a veinte o veinticinco mil contagios más con resultados de muerte, cosa que, incluso, si la Justicia arguyó para evitar la cohabitación entre ambas situaciones, resultó aceptada por buena parte de la Sociedad y, ahora un año después, quizás sin darse cuenta, el Gobierno confirma al intentar capitidisminuir la afluencia a las, cerriles como mulas y mulos, manifestaciones ya autorizadas para dentro de unos días. Así que, lo dicho. El Gobierno, en su debilidad circunstancial en relación con Podemos y pese a que será el único responsable de la que se pueda armar, va para adelante con el servicio al feminismo militante, aunque ello nos cueste unas pocas vidas más. Al fin y al cabo sobramos pensionistas. ¿O no?