«Creo en las rutinas y en la disciplina»

Manuel Espadas
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Emilio Pérez Pizarro aprovecha el lado positivo de una situación que le ha permitido centrarse en la familia y a olvidarse del arbitraje

Pérez Pizarro realiza ejercicios físicos junto a su hija Paula y delante de la atenta mirada del pequeño Álvaro. - Foto: LT

Como el resto de competiciones deportivas, el baloncesto nacional está paralizado desde que la pandemia del coronavirus se adueñara de la vida cotidiana española. El lunes, la Asociación de Clubes (ACB) decidía ampliar la suspensión de todas las categorías nacionales hasta el 24 de abril, con la intención de reanudar la competición y finalizar la Liga Endesa 2019-2020 siempre que la situación lo permita. Esta decisión, además de la orden estatal de confinamiento, ha dejado a Emilio Pérez Pizarro (1 de octubre de 1975, Ciudad Real) en una posición inusual, con su maleta guardada en el armario y sin poder salir de casa para hacer lo que más le gusta, que es arbitrar partidos.
Cumple 20 años en la élite y a sus espaldas hay más de 600 encuentros arbitrados en ACB, además de otro buen número en competiciones europeas, pero ahora le toca dirigir el ‘partido’ más complicado, enclaustrado en su casa cuidando de sus dos hijos, de 9 años y 10 meses. Cocina, limpia, se ocupa de los pequeños, entrena lo que puede y cuando puede y sigue trabajando en el arbitraje online a través de videotests. No se aburre en absoluto, pero extraña su vida anterior, en la que apenas pasaba en casa dos días a la semana.
Pérez Pizarro ha tomado la decisión de «cambiar de escenario» y no pensar en el arbitraje ni en cuándo podrá volver a ejercerlo.  Está haciendo un esfuerzo mental para buscar «el lado bueno» a esta situación, que en su caso es claro: poder disfrutar de sus hijos. El arbitraje le arrebató haber estado más presente durante la infancia de su hija mayor, de la que sólo guarda «ligeros recuerdos», por lo que ahora está recuperando algo de ese tiempo perdido.
rutina y disciplina. Desde ya se ha programado tareas en su día a día. «Creo mucho en las rutinas y en la disciplina». Por la mañana se ocupa de los niños y de la casa, y por la tarde, cuando ya ha regresado de trabajar su mujer, aprovecha para coger una esterilla y dos mancuernas y entrenar lo que está en su mano, tirando de imaginación y echando mucho de menos poder salir a la calle a correr. Después, a última hora, ha cogido un hábito que llevaba tiempo persiguiendo: meditar. «Leí sobre el tema, hablé con gente y me interesó. Intenté hacerlo hace tiempo pero duré poco. Ahora lo he recuperado y cada noche lo hago durante 10/15 minutos y me ayuda a pensar en el día, a ordenar ideas...», afirma Pérez Pizarro, que también suele hacer yoga junto a su hija. Dentro de esa rutina diaria también hay un momento para consumir información sobre la situación del COVID-19, pero sólo uno: «Una vez al día veo cómo va todo, pero nada más. No quiero saturarme».

 

(el reportaje al completo, en la edición impresa)