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Diego Murillo

CARTA DEL DIRECTOR

Diego Murillo


La fuerza de la unión

28/11/2022

El encuentro de vino a granel en Ámsterdam donde se reúnen los principales operadores mundiales del sector ha hecho patente la incertidumbre que bodegas y cooperativas de la región escudriñaban con la recogida de las últimas uvas. Las buenas cosechas de los otros dos países europeos y competidores, Francia e Italia, han provocado que el vino español, especialmente el castellano-manchego, sufra las contingencias del parón en las ventas. De primeras, las operaciones de la actual cosecha se han ralentizado considerablemente. El mercado ha pulsado el botón de pausa para ver cómo evolucionan los costes, la demanda y la guerra de Ucrania, principal desestabilizador de la zona euro. Entretanto, las cooperativas de la provincia de Ciudad Real ven con inquietud esa espera debido a la imperante necesidad de agilizar las ventas para contrarrestar los altos costes de producción. Rafael Torres, presidente de la Virgen de las Viñas, reveló en el discurso del Certamen Cultural el pasado viernes su preocupación por la deriva que está tomando el mercado y los precios a las puertas de las Navidades. Habló de tormentas y nubarrones a los que no queda otro remedio que sobrevolarlos, dijo. 
Esta problemática no es nueva. Es más, es endémica en una zona, la Denominación de Origen La Mancha, donde está anclado el mayor viñedo del mundo. Ahí operan cuatro gigantes: Vidasol, Yuntero, Cristo de la Vega y la propia Virgen de las Viñas. Los intentos por que estas cuatro sociedades cooperativistas lideraran una coordinación conjunta a la hora de vender sus productos e imponer sus exigencias ante los grandes bodegueros nunca obtuvo los resultados esperados. En primer lugar, porque poner de acuerdo a entidades con idiosincrasias, tradiciones y personalidades ha resultado siempre tan complejo como difícil. Ni las ayudas ni subvenciones a la integración han surtido efecto, a excepción de alguna de ellas. Y, en segundo lugar, porque la economía y la propia evolución del sector nunca les ha empujado hacia un precipicio de no retorno. 
Sin embargo, los vaivenes internacionales y los proteccionismos de los mercados, sumado a los cimeros costes, replantea de nuevo esa conjunción de cooperativas que, más pronto que tarde, debe resucitarse. No quiere decirse que no se hayan dado pasos de gigantes en el campo de la comercialización y la búsqueda de nuevos mercados. La apuesta por la calidad, el embotellado y la diversificación han permitido elevar los márgenes de las ventas al exterior de forma considerable. Aunque aún se está lejos de nuestros competidores y a la vez principales compradores, el reto redunda en rescatar el proyecto de un ente superior que coordine, negocie y comercialice en su conjunto los millones de kilos de uva que se recogen todos los años en La Mancha. Porque solo con una posición de fuerza se podrá negociar e influir en los mercados cada vez más volátiles. Esta campaña vitivinícola será una nueva prueba de fuego para testar la debilidad de competir cada uno por su cuenta y entre sí, mientras que Francia e Italia -y los grandes operadores nacionales- se frotan las manos.