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Dos años de batalla

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El sector agroalimentario de la región lucha contra la crisis del COVID, filomena y el desabastecimiento

Dos años de batalla - Foto: Rueda Villaverde

Este mes de julio se cumplen tres años de gestión del segundo mandato de Francisco Martínez Arroyo al frente de la Consejería de Agricultura, Agua y Desarrollo Rural, un área que se ha visto desbordada ante los dramáticos acontecimientos de estos dos últimos que han afectado de forma sobresaliente también al sector primario.

La Consejería de Agricultura inició este periodo de gestión en el verano de 2019, como una continuidad a los cuatro años anteriores. Nada hacía presagiar que una serie de acontecimientos iban a ser determinantes para el sector agroalimentario.

Pandemia, Filomena y Guerra de Ucrania nos han afectado a todos, pero algunos sectores se han visto mucho más alterados… Cuando faltan doce meses para finalizar su mandato, el consejero recuerda aquellos primeros días. «En cuanto tuvimos los primeros indicios de que la pandemia iba a generar problemas en el mercado, nos pusimos manos a la obra y flexibilizamos todas las líneas de ayuda, todos los requisitos que se les exigía a los agricultores, a los ganaderos, a la industria, para poder cumplir los plazos o las condiciones para sus proyectos de mejora… Enseguida identificamos al sector que peor lo estaba pasando en el comienzo de la pandemia, durante el confinamiento, que era el del ovino y el caprino de carne porque su consumo está muy relacionado con la hostelería, cuyo cierre supuso la interrupción total del mercado. Iniciamos una campaña de promoción del consumo, que pienso que tuvo éxito, y luego pusimos en marcha ayudas directas desde el gobierno regional que permitieron compensar la pérdida de rentabilidad de aquellos primeros meses…».

Dos años de batallaDos años de batalla - Foto: Rueda VillaverdeLuego la pandemia fue evolucionando y el sector agroalimentario se convirtió en el sector que tiraba de la economía para evitar el desabastecimiento alimentario a costa de lo que fuera. Aunque la sociedad mundial vivía un drama, Martínez Arroyo, lo analiza desde el ámbito regional. «Castilla La Mancha al final de los dos años de pandemia ha sido la comunidad autónoma que menos ha decrecido económicamente de toda España debido, sobre todo, al peso del sector agroalimentario que es el único que verdaderamente no ha parado durante todo ese tiempo».

Para el consejero, el sector ha estado siempre funcionando y recuerda las dificultades de la ganadería extensiva, del bovino de carne para el que hubo que canalizar las ayudas correspondientes. «Pusimos en marcha una ayuda específica de doce millones de euros vinculada al pastoreo, donde también entraban las explotaciones dirigidas a la venta del producto de la carne y también el vacuno de lidia, que estaba viviendo una situación de mucha dificultad por la paralización de los espectáculos taurinos».

Al poco tiempo aconteció también el temporal de Filomena a primeros del año 2021, que afectó notablemente a Castilla-La Mancha. «Tuvimos que reaccionar para ayudar a los olivicultores que fueron los más perjudicados, sobre todo, en la provincia de Toledo -recuerda Martínez Arroyo-. Pusimos en marcha otra ayuda, en este caso de dieciocho millones de euros para compensar los gastos de arranque en caso de muerte del olivo, de olivos improductivos y de poda en la base o poda en las cruces, es decir, cualquier tipo de operación que fuera necesaria».

Dos años de batallaDos años de batalla - Foto: Rueda VillaverdeCuando parecía que un frente estaba atendido, aparecía otro. Y ya este año 2022, estalló la guerra de Ucrania. La Consejería se encontraba en el afán de atender al vacuno de leche. «Hemos puesto ayudas directas del Gobierno de Castilla-La Mancha a disposición del vacuno de leche para compensar la pérdida de rentas de los dos meses finales de 2021, y luego, ayudas directas a todos los ganaderos de leche y de carne en un compromiso histórico a nivel nacional con la mayor aportación de fondos propios para el sector agrario que se ha producido en España desde 1986. Todo esto lo íbamos haciendo según se iban produciendo las necesidades».

El sector agroalimentario castellano-manchego, como el resto de la sociedad era ajeno a todo lo que se nos iba viniendo encima aquel 2020, que comenzaba con tractoradas reclamando una ley de la cadena alimentaria justa y no soportada por el sector primario. La ley de la cadena ha mejorado sustancialmente pero sigue siendo todavía insuficiente. «Hay que dar más pasos para garantizar los derechos del sector productor de forma que haya rentabilidad para todos -señala Martínez Arroyo-. Nosotros decidimos poner en marcha un observatorio de precios, publicamos un decreto en 2021 en colaboración con el sector, donde están todos los eslabones de la cadena, incluidos los consumidores y la distribución alimentaria, y gracias a ese observatorio de precios y a un estudio que se encargó desde el mismo para analizar los costes de producción del vacuno de leche, ayudó a que la industria fuera consciente de la necesidad de aumentar los precios a los ganaderos».

El sector primario está atravesando una grave crisis, que también afecta al resto de la sociedad, sin embargo, los datos estadísticos señalan que el sector sigue creciendo, pero necesita de la atención permanente de la administración. «Hay empresas que lo están pasando mal, sobre todo, en la ganadería y estamos intentando dirigir las líneas de ayuda precisamente al sector ganadero. Se acaba de pagar dieciocho millones de euros a los ganaderos de leche de Castilla la Mancha, y antes del 30 de septiembre se va a pagar más de once millones de euros para todos los ganaderos de carne, de ovino, caprino y vacuno, directamente a sus cuentas. Estamos intentando de esa manera compensar las grandes dificultades que se están viviendo».

Dos años de batallaDos años de batalla - Foto: Rueda VillaverdeMartínez Arroyo se refiere también al problema de desabastecimiento de materias primas provocado por la guerra de Ucrania por el incremento de los combustibles que en su día desembocó en la huelga de transportistas, «que nos obligó a tener que organizar convoyes para garantizar el suministro de las fábricas de piensos de Castilla la Mancha para que nuestros ganaderos pudieran tener el alimento necesario para producir la carne o la leche que luego acaba en la distribución alimentaria. Es decir, había una ruptura en los eslabones de la cadena alimentaria justo en el inicio, en la alimentación animal que es la clave. Me siento muy orgulloso de haber puesto en marcha esos convoyes con el sector en momentos de extraordinaria dificultad. Gracias a la colaboración de todos, los camiones llegaron a Cartagena y salieron de allí cargados garantizando la alimentación animal en momentos de extrema dificultad. Eso solo se hizo en Castilla-La Mancha».

 

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