«Nos mandan a la guerra con una mascarilla para todo el día»

C.S.Rubio
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La Tribuna recoge el testimonio de varios sanitarios de la región en la primera línea de batalla contra el coronavirus. Sus palabras trasladan una imagen bien distinta a la oficial: hospitales colapsados, falta de equipos de protección...

«Nos mandan a la guerra con una mascarilla para todo el día» - Foto: Óscar Navarro

La lucha contra el coronavirus se ha convertido en la ‘guerra’ de nuestra generación. Los hospitales estos días son auténticos campos de batalla donde los soldados salvan vidas, en lugar de quitarlas. Profesionales sanitarios que, lamentablemente, se están enfrentando a esta lucha casi a cuerpo descubierto, sin medios materiales suficientes y en edificios saturados. En este reportaje se da voz a estos héroes anónimos, que nos dan su testimonio bajo nombres que no son reales. Y es que, un denominador común en todas estas historias es el miedo a hablar. Según nos comentan, «hay ya amenazas veladas». En las salas de descanso circula el comentario de «cuidado con lo que dices, no te metas en líos». Lo dicho, o grabado en vídeo, «puede ser usado en nuestra contra cuando todo pase», nos advierten.
Es el caso de Andrés, nombre ficticio por temor a represalias, sanitario del Hospital de Guadalajara. La Tribuna consigue contactar con él justo después de terminar su turno de noche. «Esto es un caos, está todo el hospital masificado». Como explica, lo que pasa dentro no tiene nada que ver con lo que se vende desde fuera. «Los datos que da cada día Fernando Simón no son nunca correctos, no están ajustados con la realidad, me quiero creer que son datos con 7 o 10 días de retardo».
Un salto entre lo que se cuenta y lo que pasa realmente, que también se traslada a los medios con los que tienen que trabajar estos profesionales. «Esto es la guerra y nos mandan a ella con una mascarilla para todo el día». Mascarillas que, como explica, «siempre han sido de usar y tirar», porque tienen una vida útil de «entre dos y cuatro horas» y que ahora «tenemos que llevar puestas todo el turno». Por eso, reconoce, los sanitarios «nos estamos sobreprogiendo». 
«Es un sálvase quien pueda, un protégete tú e intenta no contagiar a otros». Y eso que «según la Gerencia del Hospital, no falta EPIs». Pero la verdad es que «nosotros trabajamos muchas veces gracias a los equipos de protección que nos ha donado la gente».
Hasta tal punto ha llegado la situación en Guadalajara que «nos hacen trabajar hasta que tenemos fiebre alta». Según nos advierte Andrés, han cambiado los protocolos de baja. «Ya nos sirven indicios como diarreas, perdida del olfato o pérdida de la sensibilidad cutánea, tienes que tener un mínimo de 38 de fiebre para irte a casa», denuncia. 
Una situación que, según reconoce, no sería soportable sin la unión que existe entre todos los compañeros, desde el equipo médico a los de administración. «Trabajamos codo con codo y nos damos muchos ánimos», pero a veces es imposible no derrumbarse cuando «ves las cosas que están pasando», especialmente «cuando un paciente se muere y su familia no puede despedirse de él». «No entiendo como hemos llegado a esta situación, si en un primer momento se hubieran hecho pruebas a todos el mundo no estaríamos así» y, avisa, «todavía no ha llegado el brote gordo».
Es por eso que no comprende que todavía «haya gente trabajando en fábricas, obra abiertas...». «Estamos viendo a pacientes que comienzan con síntomas y a las dos horas se te han muerto».
Para Andrés, una de las cosas más difíciles es ver cómo lo están pasando los pacientes. «Los que están un poco mejor no tienen nada con lo que distraerse». Por no tener no tienen ni televisor, porque «las tarjetas para ver la tele se compran abajo y no tienen la posibilidad de bajar». «No entiendo porque no la ponen gratis para todo el mundo, total el de empresa se va a pasar mínimo dos meses sin recaudar».
Ante todo esto, «a todos los que estamos aquí nos ha tocado llorar más de una vez». «No es soportable lo que estamos viviendo, nos va a pasar factura cuando todo esto acabe», concluye.
El testimonio de Marta, sanitario del Hospital de Albacete, no difiere mucho del de Andrés. Como explica a La Tribuna, «lo que se ha visto en las redes sobre el colapso del Hospital es totalmente real, la gente está por el suelo». «Lo estamos pasando muy mal, los enfermos están solos y los trabajadores desbordados, desde el médico a la limpiadora», afirma casi derrumbándose. 
«Este Hospital sufre una importante carencia de camas desde hace mucho tiempo, se había quedado pequeño, pero lo de ahora… es una buena bofetada de realidad». 
Los sanitarios sobreviven en este caos como pueden y, en muchos casos, «doblando turnos». «La cara de los compañeros es un poema, te dan un equipo para todo el día y ahí te las apañes». «Se te cae el alma a los pies cuando te encuentras a un compañero luchando a pie da cama con la cara deformada del cansancio y con heridas en la nariz de llevar la mascarilla y las gafas de protección puestas desde hace 12 horas, 24 en el caso de algunos residentes». «Es algo que no se me va olvidar nunca», reconoce Marta, «parece que vienen de la guerra».
Y en los servicios donde no hay atención directa con pacientes como Covid, la cosa no es mucho mejor. «Te dan una mascarilla quirúrgica para toda la semana, ni siquiera una FPP». «No se cubren las necesidad mínimas de material», «la exposición al virus es continua». 
Como Andrés, Marta afirma que los datos que se trasladan a la opinión pública «son mentira», especialmente cuando hablan de camas libres. «Están contando como camas libres la camas ‘3’ de las habitaciones. Mienten como bellacos, la situación es dramática».
Un mala situación que también están viviendo los pacientes que, como en Guadalajara, no tienen ni tele. «Sé que muchos compañeros están poniendo dinero de sus bolsillos para que los que están medio bien puedan verla». Lo que está pasando aquí «es una vergüenza nacional».
Desde otro ámbito, el de los sanitarios que trabajan en el servicio de ambulancias, el relato del día a día es muy similar, si bien al suyo hay que sumarle el hecho de ser un servicio externalizado y con años de lucha por mejoras salariales y laborales que, con esta crisis, no han hecho nada más que empeorar.
Un trabajador de Urgencias de la zona de Puertollano accede a hablar con La Tribuna. Bajo el nombre ficticio Pablo explica que la carga de trabajo ha aumentado en estas últimas semanas más de un 50%. Tenemos 10 avisos por noche con mínimo y, de ellos, 9 son Covid reconocidos o supuestos Covid». Pero es que, además, el día a día continúa. «Tenemos que seguir llevando a los pacientes a la químio y la radioterapia y sigue habiendo accidentes de tráfico, aunque han bajado mucho, infartos, itctus… todo sigue igual».
Algo que provoca un aumento del estrés, pero también «del miedo», reconoce. «Estamos dejados de la mano de Dios por el Sescam y de las empresas concesionarias, a pesar de ser un servicio esencial básico». ·Nos faltan EPIs y equipos de limpieza·. Un situación que, como recuerda, los sindicatos ya han llevado ante la Inspección de Trabajo en toda Castilla-La Mancha hace unos días.
«Estamos viviendo un poco de los guantes y las mascarillas que nos trae la gente que nos conoce». Caso aparte son los monos, «que en las especificaciones ponen que son de un solo uso, pero que tenemos uno por turno y después hay que desinfectarlo para el siguiente». Y eso es para los servicios de urgencia, el resto de compañeros se tienen que apañar con mascarillas quirúrgicas. «Por no haber no hay ni contenedores para depositar el material de protección usado», asegura.
«Ya nos han cambiado tres o cuatro veces el protocolo» y «en todas las provincias tenemos compañeros infectados», denuncia Pablo. «En los hospitales de la zona la cosa está igual, esto lo vamos a sacar adelante por el altruismo de la gente», «no se están haciendo las cosas bien desde arriba», afirma.
Pero «lo peor es que cuando te toca volver a casa». «Te cambias como puedes en el centro de trabajo, donde no tenemos ni duchas, y cuando llegas a casa, quien tiene garaje se cambia de ropa ahí y subes corriendo a ducharte, tenemos miedo de contagiar a la familia». Máxime cuando, en muchos casos, «tu mujer o tu marido es también sanitario», algo muy común en este tipo de profesiones. «Es terrorífico saber que estamos los dos expuestos y que estás exponiendo a los niños».
En este sentido, «lo único que te da ánimos estos días es el movimiento de las ocho de la tarde. Si te pilla yendo a un aviso te emociona, te llena de fuerza», asegura. Y menos mal que «Cospedal no llegó a privatizar los hospitales de Puertollano y Tomelloso, sino estaríamos mucho peor»?, concluye.