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"No soy un delincuente, tengo armas y no mato ni un conejo"

P. Muñoz
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El acusado de la muerte de un intruso que entró en su finca de La Atalaya, a tres kilómetros de Ciudad Real, declaró que se sintió atacado y, ante las preguntas de la juez, le dijo "si se encuentra a esas horas a un señor en su casa que pensaría"

Imagen de la declaración del acusado ante la juez que instruye la causa

El hombre que presuntamente disparó y mató a un intruso que había entrado en su finca de la Atalaya, a tres kilómetros de Ciudad Real, la madrugada del 31 de julio al 1 de agosto ha declarado ante la juez que instruye la causa que se sintió "atacado" al ver que habían vuelto a entrar en su propiedad, causado destrozos y forzado las puertas. Entró en pánico, cogió la escopeta y disparó para ahuyentar al intruso "sin querer matarle". "¿Qué se puede pensar si se encuentra a un hombre en su casa a esas horas?", le dijo el presunto homicida a la juez tras reiterar que se sintió atacado y disparó. "Yo no soy un delincuente habitual, tengo armas, pero no mato ni un conejo. Me sentí atacado, que destrozaban mi obra", en alusión a sus bienes, sus árboles, su finca.

Pepe Lomas, un conocido librero de Ciudad Real, de 77 años, narró su versión de los hechos con cierta tranquilidad y convencimiento de que actuó en legítima defensa para salvar su vida y sus bienes que tanto le han costado. En su declaración prestada ante la juez, a la que ha tenido acceso La Tribuna, relató que la tarde anterior a los hechos le despertó de la siesta un estruendo, un desprendimiento y salió al patio para ver qué había pasado. Se encontró las puertas abiertas y en la de las cuadras "apareció un tío sin saber de dónde había salido. Le dije ¡oíga dónde va usted!. Respondió que le había llamado no se quién y le dije váyase de aquí,  si no le mato".

Después vio los destrozos que le habían hecho, rompieron el sistema de riesgo, reventado la puerta, "debieron serrar el candado" y "fui a comprar uno que pagué con la tarjeta de crédito. Se puede comprobar", indicó. 

A preguntas de la juez confesó que no llamó a la Policía "porque no era una cosa muy importante y lo solucione poniendo un candado". 

Luego se acostó pronto como acostumbra y a primeras horas de la madrugada suele despertarse para ver cómo va el riesgo de los árboles. "No estaba preocupado, de lo contrario me hubiera puesto en una cama que tengo en una casita a la entrada, donde hace años estaba el encargado y los hubiera visto entrar aunque hay muchas tapias". Con la misma naturalidad explicó que al ver otra vez las puertas abiertas y destrozos "presiento que podía haber más gente" y echó mano de la escopeta.

Instantes después, según su versión, vio a una persona "un poco agachada y en las manos una motosierra". Cogió su escopeta de cañones paralelos y pegó dos tiros raseando "para ver si el fulano se marchaba. Pero no se movía". Fue a su habitación, volvió a cargar la escopeta, regresó y efectuó el tercer disparo. Aseguró que no tiró a dar, que no quería matarlo. 

"¿Pero usted sabe que si utiliza un arma de fuego y dispara a una persona puede causarle la muerte?", insistió el fiscal. "Si, claro, pero soy mal tirador, yo no tengo ese deporte, tengo armas, pero no mato ni un conejo, ni a un perdiz y eso que me gustan mucho", respondió el acusado que sorprendió al decir que luego llegó a la conclusión de que alguien podría haber matado al hombre por un ajuste de cuentas y haberle dejado en su propiedad "para cargarme el marrón". Pero también pensó que el hombre no se movía pese a los disparos porque estaba esperando para atacarle, "me va a sacar una navaja y van a venir los otros", sus supuestos compinches. "Como mínimo creo que había una persona más que saldría pitando al oír los tiros". Todo pasó muy rápido, añadió tras explicar que siempre tiene cargada la escopeta porque vive solo en el campo y porque la utiliza para tirar a las procesionarias de los pinos. 

Aquella madrugada del 1 de agosto, sobre las 2.30 , "vi un peligro potencial, a un hombre con una motosierra en las manos orientada hacia donde yo estaba y sí me sentí atacado", respondió a preguntas de la juez, a quien espetó: "Si se encuentra usted a esa hora a un señor en su casa qué puede pensar. Yo pensé que era un enemigo y que habían abierto las puertas por donde podía entrar más gente canalla, una furgoneta, una moto; tenía que neutralizar al que veía". "El ladrón de guante blanco opera solo, pero esa gente es muy peligrosa y no va sola".

Insistió en que actuó en defensa propia, sin intención de matar. "Yo no soy un delincuente habitual, yo no quería matar a nadie y me resulta extraño", reiteró convencido de que no le pudo matar porque disparó a una distancia de diez metros con perdigones y, a su juicio, es imposible. 

La familia del fallecido cree que sí disparó con intención de acabar con su vida cuando estaba agazapado. Pudo entrar en la casa a robar o en busca de refugio. Según el abogado Alfredo Arrien, que ejerce la acusación particular en nombre de la familia, el día antes ya le dijo: "Como vuelvas te pego dos tiros". Sin embargo, Pepe Lomas aseguró que no cree que fuera la misma persona. "El que entró por la tarde era una lagartija, se movía rápido, y habría salido corriendo al primer disparo al aire", detalló.

Pepe Lomas está en prisión provisional y sin fianza desde el 3 de agosto.