"Me parte el corazón ver a los sanitarios manifestarse"

M. Sierra
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Ana Belén recogerá el día 14 el Premio Corral de Comedias en Almagro

«Me parte el corazón ver a los sanitarios manifestarse" - Foto: PACO NAVARRO

El 6 de junio de 1968 era asesinado el fiscal general norteamericano, Robert Kennedy, hermano de JFK. Ana Belén (Madrid, 1951) se enteraba de esta noticia en Almagro. Estaban ensayando El rufián Castrucho. Era la primera vez que pisaba el Corral de Comedias, al que llegó de la mano de Miguel Narros, uno de los grandes de la escena del siglo XX. Al Festival todavía le quedaba una década para dar sus primeras pasos, pero ella, una joven María del Pilar Cuesta Acosta ya defendía en la villa encajera el poder de los clásicos. Aquella sería sólo la primera vez de muchas. La próxima será el día 14, para recoger en el Premio Corral de Comedias que la convierte en la madrina de honor de una edición atípica considerada ‘gourmet’.
En 2004 acompañó a Miguel Narros, cuando recibió el Premio Corral de Comedias. Ahora lo hace en calidad de homenajeada. ¿cómo recibió la noticia?
Con gran emoción y mucha alegría. Luego pensé, se han equivocado, que es un poco lo que siempre pienso cuando me llaman para entregarme un premio así (ríe). Me siento muy feliz porque estoy muy ligada a Almagrol. No es ni un Festival ni una ciudad desconocida para mí, todo lo contrario. La primera vez que llegué ahí, a Almagro, fue de la mano de Miguel Narros, con El rufián Castrucho. Cuando le dieron el premio Corral de Comedias, ahí estuve con él. Qué puedo decir de él si ha sido mi segundo padre. Estaba mi padre biológico y luego estaba Miguel que era como uno más de la familia. Y para mí, alguien fundamental.
Recibe este galardón en una edición atípica, que obliga a mantener ciertas distancias de seguridad, de ahí que este año no pueda celebrarse en el Corral y se haya programado en el Palacio de los Oviedo.
No conozco el Palacio de los Oviedo, y sí, obviamente por la situación era difícil que el evento se celebrara en el Corral de Comedias porque es muy pequeñín, y con las restricciones que hay era lógico que se lo llevaran a un lugar más amplio.
Debido a esas restricciones, algunos pueden pensar que tal vez no sean buenos tiempos para este tipo de galardones, por apostar por la cultura. ¿Qué le diría?
Siempre es el momento adecuado para seguir apostando por la cultura. Y también me parece que éste es un buen momento para que el Festival continúe, con todas las restricciones y todas las medidas sanitarias, porque esto anima y no sólo a los almagreños, también a la gente de la cultura que ve con esperanza que funcione Almagro o Mérida, aunque lo hagan con restricciones. También es importante que en septiembre los teatros se abran para esta profesión que va a ser la última de las últimas que van a salir de esto.
La cultura es la gran perjudicada y eso que ha sido básica en este confinamiento...
No sé si ha sido básica la cultura para el confinamiento o no. Pero sí tengo claro que sin la cultura no sé qué habríamos hecho. Qué habríamos hecho sin ver tanto cine, sin haber leído, sin haber tenido la suerte de meternos virtualmente en un museo y ver hasta sus tripas. En este tiempo, hemos tenido la suerte de ver lo necesaria que es la cultura. No me olvido de que ha habido un colectivo que se ha visto más perjudicado con esta pandemia y que es el sanitario. Es el que ha estado ahí y el que se merecería todos los premios de Almagro y todos los reconocimientos. Y por encima de todo eso, lo que se merece es que esa sanidad sea prioritaria, que no tenga que ir mendigando unos presupuestos. Nos hemos dado cuenta de que son tan importantes y tan necesarios cada uno de ellos que se me parte el corazón que ahora tenga que salir a la calle a manifestarse y a pedir mejoras y a pedir que los hospitales sean realmente públicos y pedir más dinero para sanidad.
¿Cree que su vida habría sido diferente sin los clásicos?
Yo creo que en los clásicos y no sólo hablo de Lope, también hablo de los griegos, está la semilla de todo. Hablan de cosas de hoy, de corrupción, de amor, de engaños. Ahí está todo y ahí sigue estando todo. Hoy seguimos contando, aunque de diferente manera, las mismas cosas.
¿Cómo recuerda aquel Almagro?
En aquel Almagro no había hoteles y nos quedábamos a vivir en las casas de los vecinos de Almagro, te alquilaban una habitación y tu vida era estar en esa maravillosa plaza, hacer ensayos para adecuarte a la peculiaridad del Corral de Comedias, que entonces era el único que existía. Luego, volví en 1981, con La hija del aire, y para entonces ya existía el Parador. Tengo recuerdos fantásticos.
¿Se queda con algún rincón de aquel Almagro y de éste?
Con qué rincón me voy a quedar teniendo esa plaza tan maravillosa. No te puedes ir a ningún rincón, hay que irse a esa plaza.
¿Un plato del que no se olvida?
De las berenjenas. Cuando salíamos de Almagro lo hacíamos todos con garrafas de berenjenas. Este año espero traerme.
¿Cuál es la magia de Almagro?
Haber ideado este Festival y haberlo mantenido, haberlo hecho crecer sumando espacios escénicos, haciéndolo internacional. Haber hecho de eso que era el Corral de Comedia, y del que disfrutábamos unos pocos, haberlo agrandado y haberlo convertido en un una cita imprescindible.
Para la gente que se esté planteando si ir o no al teatro, por miedo al coronavirus, ¿qué les diría?
Que se pongan una mascarilla y a disfrutar del teatro. Con todas las precauciones, tu gel, la mascarilla, pero creo que hay que empezar a ponernos el chip de que podemos disfrutar de muchas cosas de las que no hemos podido disfrutar estos meses desgraciadamente.