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La provincia estabiliza los datos de exceso de muertes

R. Ch.
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El primer trimestre de 2022 deja ya menos fallecidos de los que se sumaban en la provincia en 2019, antes del estallido de la pandemia

Dos personas, en el cementerio de Ciudad Real. - Foto: Rueda Villaverde

Si 2020 fue el año en el que Ciudad Real batió sus récords de defunciones por culpa de la explosión de casos de coronavirus, con cifras de fallecidos que no se recordaban desde los años siguientes a la Guerra Civil, este 2022 deja, de momento, una 'normalización' de los datos de fallecidos, que vuelven a cifras previas a la pandemia e incluso más bajas.

El Instituto Nacional de Estadística es el que pone negro sobre blanco esa realidad. Hasta la semana 13 de este año, la que correspondía a los últimos días del mes de marzo y los primeros de abril, en la provincia se habían contabilizado 1.457 muertes. Eran 200 menos que en 2021, casi 600 menos que en 2020 y 100 menos que en 2019.

Aún metidos en fase de pandemia, el número total de fallecidos en la provincia baja a cifras anteriores al inicio de la crisis sanitaria. Ese descenso de los fallecimientos se traslada a prácticamente todos los grupos de edad que contempla Estadística, pero se hace permanente a partir de los 60 años. Desde esa edad, este año ha muerto menos gente de la que suele morir en los años anteriores, incluso entre los nonagenarios. Son los que más mueren en la provincia: 443 en tres meses, cuando lo habitual era que a estas alturas del año hubieran fallecido 460 personas de 90 o más años.

Octogenarios

La mayor variación, por buena, es la que se da entre los octogenarios, en concreto, entre los de 80 a 84. Su perfil corresponde con uno de los grupos de edad donde el coronavirus tiene un efecto más dramático, aunque en 2022 han muerto menos de 200 personas de ese grupo de edad. En pleno 2020, en los peores momentos de la crisis sanitaria, habían fallecido 339 personas en la provincia de entre 80 a 84 años.

Entre los ciudadrealeños de 85 a 89 años también se alcanzan ahora la cifras más bajas de defunciones, como entre los de 50 a 54 años y de los jóvenes treintañeros.