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La «normalidad» vuelve a la Unidad de Deshabituación Tabáquica

Hilario L. Muñoz
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El servicio del hospital pasa consulta a una decena de pacientes nuevos a la semana que piden apoyo para dejar de fumar, ahora sin fármaco subvencionado

Una de las pacientes acude a revisión de la Unidad de Deshabituación Tabáquica. - Foto: Rueda Villaverde

La Unidad de Deshabituación Tabáquica, la consulta para dejar de fumar, del Hospital General Universitario de Ciudad Real, ha vuelto a «la normalidad» tras la pandemia, con la presencia física de los pacientes en consulta que piden apoyo profesional para dejar de fumar. El servicio que lleva el área de Neumología cuenta cada semana con unos 12 pacientes nuevos y atiende a unos 40 más en las visitas de seguimiento, que se realizan aún por teléfono. Las cifras implican medio millar de personas aproximadamente que cada año piden apoyo sanitario para dejar la adicción a la nicotina. En la unidad, además de consejos, pueden aportar apoyo farmacológico para dejar el tabaco, y un seguimiento clave para apoyar la fuerza de voluntad de quienes quieren dejar en el pasado los cigarrillos.

Con este momento, casi de final de la pandemia, ha vuelto el interés de mucha gente para dejar de fumar, aunque se encontrarán con la dificultad de que se ha retirado Champix, un medicamento financiado por el Gobierno desde enero de 2020, semanas antes del confinamiento, pero que en julio de 2021 fue retirado por la Agencia Europea del Medicamento y la empresa fabricante debido a problemas en la línea de producción. Este medicamento es el más utilizado desde hace 14 años entre quienes quieren dejar la nicotina y ahora, desde la consulta, prescriben otro fármaco, que no está financiado, y que tiene un coste único de 198 euros, con el que se obtiene todo lo necesario para dejar el tabaco. «En realidad sale más barato», porque Champix eran tres meses de tratamiento y el nuevo son menos de cuatro semanas, pero al tener que abonarse el precio completo son muchos los que se piensan si comprarlo, explicó la neumóloga Marta Orta, quien junto a la neumóloga Patricia Mata y la enfermera Mar Vicente, se ocupan de esta Unidad. El nombre del nuevo tratamiento es Toracitán, un compuesto, Citisina, que también trabaja sobre el receptor nicotínico, inhibiendo el deseo de fumar, a través de una menor toma del medicamento cada día.

Las doctoras comentaron que quienes acuden a la Unidad de Deshabituación Tabáquica son pacientes que han hecho menos intentos para dejar de fumar antes de pedir ayuda sanitaria. «Son personas que antes de la pandemia habían hecho el intento, pero llegó el confinamiento y optaron por no dejarlo» o quienes habían empezado «y con la pandemia recayeron», señaló Orta. De hecho, las dos neumólogas explican que no hay personas que hayan pedido ayuda para dejar de fumar «porque se encontraran peor de salud debido a haber pasado el COVID», aunque la mayoría acude por motivos de salud.

La «normalidad» vuelve a la Unidad de Deshabituación TabáquicaLa «normalidad» vuelve a la Unidad de Deshabituación Tabáquica - Foto: Rueda VillaverdeLa consulta tras el coronavirus mantiene el mismo trabajo que había antes de la pandemia, salvo por pruebas como la espirometría, que mide el flujo de aire pulmonar y con ello una multitud de posibles enfermedades, y que no se hace por el riesgo de transmisión del virus; así como que la mayoría de las revisiones se hacen por teléfono.

En estas revisiones se ven «más recaídas» desde la retirada del Champix, ya que el 80 o 90 por ciento de los pacientes salían antes con una receta del medicamento que les ayudaba a eliminar la nicotina del organismo. Se trata de «un inconveniente» surgido de la retirada del medicamento, pese a que el ahorro económico es mucho mayor por dejar de fumar que el que se haría con el medicamento, que con una caja da para los 25 días de tratamiento. «La gente entiende que cinco euros todos los días son cinco euros, pero 200 del tirón parecen mucho». Al ahorro habría que sumar no solo los 25 días, sino el futuro beneficio, en términos, no solo económicos, de dejar de fumar.

El trabajo de la Unidad de Deshabituación Tabáquica sigue durante el mismo periodo de tiempo: un año. En esos 365 días da tiempo a pasar por multitud de situaciones donde normalmente se hubiera echado mano de un cigarro y, por lo tanto, se entiende que la posibilidad de recaída ante un acontecimiento sobrevenido es menor. 

La «normalidad» vuelve a la Unidad de Deshabituación Tabáquica
La «normalidad» vuelve a la Unidad de Deshabituación Tabáquica - Foto: Rueda Villaverde