Testigos de las despedidas más tristes y amargas

Pilar Muñoz
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Los técnicos de emergencias sanitarias no pueden olvidar la imagen de los familiares pidiéndolesdar un beso al paciente ante de subirle a la ambulancia porque creen que no van a volver a verle

Testigos de las despedidas más tristes y amargas - Foto: Pablo Lorente

Casi tres meses de calles vacías y silencio roto por el sonido sobrecogedor de las sirenas de las ambulancias. El día a día de los técnicos de emergencias sanitarias (TES)  ha sido «muy duro». Su labor también es esencial como ha quedado de relieve en esta pandemia. No sabían a lo que se enfrentaban y cómo tenían que actuar, declaran a este diario técnicos de emergencias sanitarias que han realizado numerosos traslados de enfermos de coronavirus a los hospitales de Ciudad Real y provincia, y también desde estos centros a sus domicilios.  Kilómetros y kilómetros de «sufrimiento» por el estado de salud de las personas que trasladaban. Un buen número de avisos eran de posibles COVID-19 y en su mayoría gente mayor «con mucho miedo» y familiares asolados por no poder acompañarles. «Se te pone un nudo en la garganta cuando el familiar te dice llorando que si le puede dar un beso porque se cree  que no lo va a volver a ver. Esto es tremendo, muy doloroso», asevera Julián  Díaz Baraínca, presidente de Atescam (Asociación de técnicos en emergencias sanitarias de Castilla la Mancha). Lleva más de 19 años en el sector y no había visto una cosa igual. «Habíamos vivido el ébola, pero no vino a España». Esta pandemia «nos ha marcado de por vida», afirma Díaz, quien confiesa que «al principio no sabíamos lo que era ni trabajar con el equipamiento EPI. Fue un caos desde el centro coordinador, ambulancias, como ha pasado en los hospitales por la cantidad de pacientes  y porque no sabíamos trabajar en estas circunstancias». Pero pronto se pusieron sobre la marcha y han demostrado ser un servicio esencial en la sanidad.
Amaur Amberne en Castilla-La Mancha también ha tenido un papel   vital en la crisis sanitaria con «cero contagios» porque adoptaron todas las medidas para garantizar la salud de sus trabajadores y de los usuarios. Los técnicos de emergencias sanitarias «están en primera línea y el riesgo de contagio es bestial. En nuestra empresa no han faltado EPIs,  trajes completos, gafas, guantes, mascarillas», asevera Víctor A. García, delegado de Amaur Amberne en Castilla-La Macha, quien indica que trabajan para compañías privadas y que suelen hacen más servicios preventivos, pero también han  trasladado a enfermos de coronavirus a centros  privados.
Además, pusieron a disposición de la Junta sus respiradores, un ofrecimiento sin respuesta. Cuando les llamaron ya habían cedido el material. No obstante, entregaron cuatro respiradores al Hospital de Alcázar y tres al de Ciudad Real y una máquina de anestesia. Amaur Amberne está muy preparada con equipos y material para desinfectar los vehículos y tiene tratamientos de ozono en propiedad, entre otras cosas.
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