Se apagaron las luces para los feriantes

Patricia Vera
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Roberto y Tyanna ponen cara al drama de centenares de familias vinculadas a la feria: saben que serán los últimos en volver porque viven de las aglomeraciones

Se apagaron las luces para los feriantes - Foto: Pablo Lorente

Han cambiado el bullicio de las aglomeraciones por el de sus cinco hijos, metidos en casa desde hace dos meses y medio. La luz de las atracciones por la del frigorífico que los pequeños visitan a todas horas, roto estos días y que a duras penas han podido reponer. Y los tiques de sus hinchables, por los recibos que tienen que devolver por no poder pagar.
Cancelados todos los eventos que conlleven un gran número de personas, que es lo que les viene dando de comer desde hace tres generaciones, solo les queda depositar su esperanza en las ferias de septiembre para recuperar un año que ya dan «por perdido». Las de Roberto González y Sebastiana ‘Tyanna’ Dos Santos son dos de las caras que pasan inadvertidas en la noche cuando todo el mundo se divierte, pero que ahora sobreviven con lo justo mientras llaman a todas las puertas donde les puedan tender una mano.
«Me contaba mi padre que hace muchos años colocaban un carrusel en el parque de Gasset de Ciudad Real, en las temporadas en que no tenían trabajo, y la gente que no tenía o tenía poco pagaba con comida», recuerda Roberto. «No sé si volveremos a eso». «He invertido todo lo que tengo en esa vida, poco a poco adquiriendo atracciones, vehículos y caravanas para poder hacer la feria lo más cómodamente posible, en familia», narra con un punto de amargura.
Esos aparatos ahora están desmontados, solitarios, a la espera de que la vida vuelva a los feriales. Solo una cama hinchable, montada en el patio para el disfrute de sus niños, les recuerda la vida que eligieron y que ahora se les ha escapado.
La adversidad la conocen bien. Roberto escuchaba ya los plomazos de la caseta de tiro desde la barriga de su madre. «He dormido en cartones y bajo la atracción, estás en la calle, a lo que venga», cuenta y, en su voz, se nota que echa de menos estar pendiente de si lloverá o hará buena noche.
CANCELACIONES. Con la declaración del estado de alarma, su modo de vida se vino abajo. Cancelaron las romerías, donde empezaban a ingresar. También se ‘cayeron’ las 20 comuniones que tenía apalabradas, un complemento del que tiraban cuando no había feria. «Si se celebran en septiembre u octubre, como dicen, si coinciden con las ferias que haya tampoco las podré atender», avanza, siendo consciente de que puede que el trabajo se concentre este año, si es que lo hay, en apenas mes y medio, «desde septiembre hasta el 12 de octubre». Y eso con suerte.
Porque Roberto es optimista. De otra manera no podría estar sacando fuerzas de donde no las tiene para sobreponerse a la denegación del préstamo ICO. Para valorar si solicitar «los 1.500 euros de autónomo, porque obligan a estar de alta 12 meses y eso solo nos cubre la cuota de cinco». Viven con los 600 euros al mes del cese de actividad y la condonación de la cuota de autónomos de abril. «Tenemos dos becas de comedor, 40 euros al mes las dos», que no son suficientes porque cada compra, a la semana, se va a 300 euros. Siete en una casa de alquiler, que de momento han dejado de pagar.
Tienen un ordenador viejo y una impresora, que usa sobre todo la mayor, ya en el instituto; Tyanna, que era docente en Brasil, ayuda a todos mientras cuida de un bebé que vino con una pandemia bajo el brazo. «Al menos lo pudimos visitar en el hospital», agradece Roberto, que por las noches hace cuentas de qué atracciones podrá recuperar: «Las ocho camas elásticas, que están separadas, y el carrusel de mis padres, con 20 o 25 plazas, que lleva diez años parado», imagina. Sabe que los hinchables, tal y como los conocemos, no serán posibles al menos en un primer momento. «Sueño a veces con una bola muy grande que lo limpia todo y queda listo para otra tanda de niños».
Y, sin embargo, la luz resplandece en todos ellos. «Estamos muy orgullosos de nuestros hijos, de lo fuertes y felices que están, que nos dan fuerza para resistir: los verdaderos valientes son ellos: Ana, Adriana, Roberto, Carlos y Gabriel».