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Elisabeth Porrero

Elisabeth Porrero


Los otoños del alma

23/11/2022

Siempre he creído que el alma humana contiene muchos paisajes, que somos un reflejo de aquellos que vemos y de, incluso, los fenómenos meteorológicos que se suceden a nuestro alrededor. Sé que puede resultar una idea muy peregrina, pero creo que lo que nos rodea también sucede dentro de nosotros. En esta época no podía faltar, en nuestro interior, entonces, la estampa otoñal y esta no tendría que ser especialmente triste. 
Tiendo a imaginar este paisaje, en nuestras almas, como un reflejo de la transición que esta estación supone entre la amplia luz del verano y la amplia oscuridad del invierno. Así, en esta época se tiende a la melancolía y a la introspección y resulta muy propicia para pasar tiempo con nosotros mismos. Este hecho nos invita, sin lugar a dudas, a la reflexión. 
Y, tal vez, entre estos pensamientos, mirando la lluvia, por ejemplo, nos acuda alguno que vaya destinado a corregir o limpiar algo que tengamos pendiente, como esas gotas de agua que caen hacen con la atmósfera. Puede ser que, contemplándolas, nos propongamos ser un poco mejores y, como ellas, ser 'alimento' de esperanza para la gente que nos rodea. 
Si esa lluvia nos invita a llorar, siempre nos resultará liberador expresar la pena o la melancolía a través de las lágrimas que nos lluevan de los ojos.
Paseando por parques, jardines o, simplemente, contemplando los árboles y las hojas que van perdiendo sobre las aceras es posible que nos dediquemos a disfrutar el espectáculo visual que suponen sus diferentes colores. Y, nuevamente, podremos comprobar y reconocer que llevamos a todos dentro: Somos esperanza como su verde, somos cariño y pasión como sus diferentes tonalidades de rojo y también somos luz y tierra firme o también algo de tristeza como los ocres. Y, por supuesto, tenemos esa fuerza que simbolizan los marrones de los troncos, erguidos frente a las inclemencias propias del otoño.
El viento propio de estos meses nos puede recordar esas turbulencias que se suceden dentro de nosotros en forma de vaivenes emocionales, causados por algún amor, amistad, familia, trabajo o alguna situación económica difícil. O, simplemente, las subidas y bajadas por esos toboganes en nuestras emociones pueden producirse por el mero hecho de existir y vivir determinadas situaciones como cada cual sabe y puede.
No olvidemos los días más apacibles del otoño. Nos vendrán a decir que cesan las nubes y  vuelven a ser posibles esos momentos de  calma inesperada y reencuentro con nuestra paz interior.
Como decía la canción de Crowded House «llevamos el tiempo con nosotros» y también los paisajes que este dibuja sobre la Tierra. Al fin y al cabo somos parte de ella y a ella regresamos.