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Salvador Sánchez-Carrillo

Salvador Sánchez-Carrillo


Las Tablas de Daimiel deben ser restauradas mientras llega la ansiada recuperación del acuífero

29/11/2021

La inmensa mayoría de la sociedad reconoce y admite que la intervención del hombre es necesaria para revertir el deterioro que está causando en la geobiosfera y cuyo resultado se percibe ya a escala global. Como sociedad tenemos el deber de arreglar lo que hemos estropeado, de revertir la tendencia nociva de la relación del hombre con la naturaleza de los últimos 100 años, porque la resiliencia ecológica de muchos ecosistemas ha desaparecido y ya no son capaces de recuperarse por sí solos. El Parque Nacional Las Tablas de Daimiel es un ejemplo, vivo aún a pesar de todo y todes, de la lucha entre conservacionistas activos y pasivos, de sectores productivos muchas veces insensibles y de políticos que pasan de puntillas y se hacen la foto. Durante las tres últimas décadas  se han tratado de revertir los principales causantes de la situación de deterioro del humedal, es decir, la escasez de agua y su mala calidad. Pero el éxito ha sido muy limitado porque convergen muchos y complejos factores difíciles de interrelacionar: los naturales, incluidos los derivados del cambio climático, que son muchos y actúan de una manera errática, y los socioeconómicos, gobernados por el regadío, el eterno Eldorado regional. Una vez vendidos los huevos y cascados, no es fácil devolverlos a su envoltura.

Tanto actor principal muchas veces ha impedido el ansiado acuerdo de todas las partes implicadas: que un agua limpia vuelva a discurrir libremente por el Parque Nacional, año tras año. Porque con eso, creen muchos, que se resolvería el problema. Creen que podemos/debemos olvidarnos del humedal hasta que se dé el milagro de la resurrección, pero quizá para entonces no haya nada que resucitar. Da la impresión de que en los últimos años están tratando de que el principal humedal interior de la Península Ibérica desaparezca o, al menos, sea invisible. La situación actual del humedal es el resultado de lo que ha ocurrido en su entorno desde hace cientos de años, pero la incidencia de los excesos del último tercio del siglo XX ha sido mayor. Sin las diferentes medidas de gestión tomadas desde que fue nombrado Parque Nacional, la situación del humedal hoy sería dramática. Probablemente habría desaparecido hace años y las multas estarían ahogando a las administraciones central y autonómica, en parte abonadas por los grupos ecologistas como reacción razonable a la ineptitud e ineficacia que habrían demostrado nuestros hipotéticos mandatarios. Sin embargo, hoy vemos todavía un humedal. Distinto del que existió en 1950 ó 1980, pero con los atributos básicos de este tipo de ecosistemas. Y es que la resiliencia de este humedal es tan fuerte que con muy poco resurge de sus cenizas, tal como demuestran los datos ecológicos y biológicos del último periodo húmedo prolongado ocurrido de 2010 a 2014. Pero claro, hasta la resiliencia tiene un límite.

El CSIC, a través de un servidor, recientemente ha propuesto en un informe encargado por la dirección del Parque Nacional que se debe restaurar el área del famoso Itinerario de la Isla del Pan, el de las bonitas pasarelas que atraviesan el agua del humedal, mediante una intervención directa basada en la retirada (decapado según la terminología técnica) del sedimento contaminado que se ha acumulado en el humedal durante décadas. Y es que aquí, en esta zona del humedal, la acumulación de materia orgánica y la producción de fango orgánico es tal que ya no es posible que entre ningún operario para dar un mantenimiento manual mínimo, que consiste en segar la vegetación oportunista (carrizo) que coloniza las zonas libres para que proliferen las ovas (carófitos) de las que se alimentan la avifauna. Y la causa es la entrada a lo largo de varias décadas de un agua muy contaminada que ha generado la acumulación de un gran espesor de fango orgánico, mal oliente también, que ha dañado el funcionamiento del humedal y que tiene un efecto nocivo en la biodiversidad. Las algas filamentosas acompañan al carrizo y son las únicas capaces de crecer en un agua tan contaminada, que es lo que cada vez se observa más en esta zona del Parque. Y es que aunque se lleva añadiendo agua de buena calidad a esta zona durante una década, la calidad de los sedimentos es tan mala que la estropea a su contacto. La solución que se propone es la que se ha practicado en muchos humedales del mundo: la retirada de ese sedimento orgánico para fomentar una biocenosis de aguas claras, formada por plantas sumergidas, que dan mucho oxígeno al agua, y masiega, que genera la característica turba de los pantanos. El objetivo es el de restaurar los valores ambientales del humedal en ese entorno que aprecian los visitantes. Y a esa conclusión se ha llegado aplicando el método científico, es decir, basándonos en la observación sistemática, la medición, experimentación y la formulación, análisis y modificación de hipótesis. Puede no hacerse nada y permanecer impasibles ante el deterioro, como sugieren algunos grupos ecologistas y algunos políticos, pero es mi deber, como especialista, advertir de que la inacción puede tener consecuencias muy graves en la estructura biológica del ecosistema, que ya no será tan fácil de revertir. El humedal sigue teniendo un gran valor ambiental, mucho más de lo que piensa la mayoría, que cree que sin agua no hay ecosistema. Porque los humedales, y en particular los semiáridos como Las Tablas de Daimiel, al igual que las famosas praderas de las llanuras del Serengueti de Tanzania, duermen ligeramente hasta que llega el periodo de lluvias, pero entonces, cuando todo es favorable, resucitan la vida, atraen a sus moradores y desencadenan numerosos procesos ecológicos con una intensidad descomunal. Pero hay que evitar que ese sueño ecológico se haga tan profundo que sea imposible salir. El futuro de los ecosistemas y de la defensa del planeta no pasa por cruzarse de brazos y protestar, si no por remangarse y actuar. Y no digo que esta deba ser la labor de cada individuo pero si la de una sociedad que exija a nuestros políticos responsabilidad y decisión. En este periodo de transición ecológica, donde el cambio climático empuja a la biosfera hacia un camino desconocido, es el momento de pensar en la provisión de importantes servicios ambientales que proporcionan los humedales y que tanto vamos a necesitar. Pero pasa porque estén cuando se los necesite. Los políticos regionales y nacionales no deben olvidarse de Las Tablas, porque es ahora cuando tenemos la oportunidad de actuar antes de que sea demasiado tarde.

Salvador Sánchez-Carrillo es investigador del Grupo de Biogeoquímica de Ecosistemas del Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC y representante de este OPI en el Patronato del Parque Nacional Las Tablas de Daimiel