Las tres gripes españolas

Hilario L. Muñoz
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Las tres gripes españolas

La pandemia de 1918 fue el acontecimiento que cambió la sanidad y la vigilancia de esta enfermedad en todo el mundo. En la provincia provocó más muertos que cualquier año de la Guerra Civil

En Porzuna hubo más de un funeral cada día durante el mes de octubre». Quizás esta frase basta para mostrar lo que provocó la mal llamada Gripe Española, también conocida como la gripe de 1918, la pandemia que llegó en plena Primera Guerra Mundial y que causó grandes estragos. Las cifras en el mundo hablan de 50 millones de fallecidos y en la provincia de Ciudad Real fueron miles, con familias enteras que murieron en días. En todo 1918 murieron 14.664 personas y para hacerse una idea, ningún año supera esas defunciones en todo el siglo XX, ni siquiera los de la Guerra Civil, cuando los fallecidos fueron unos 13.000 cada año de guerra, según los datos que recopila Mariano José García-Consuegra en su tesis La epidemia de gripe española en la provincia de Ciudad Real y en su libro La modernización demográfica de la provincia de Ciudad Real durante el siglo XX. Los datos de García-Consuegra hablan de una tasa de mortalidad del 34,4 por ciento con esta enfermedad.
La gripe llegó a la provincia de Ciudad Real en torno a la primavera de 1918. El 27 de mayo recoge el diario El Pueblo Manchego una de las primeras informaciones sobre la gripe que con sorna llaman «la enfermedad de moda» y a la que incluso le dedicaron una copla. «Tres cuartas de la población», decía el diario, se vio afectada en Piedrabuena con «un par de días en cama».
Esa información hace referencia al primero de los tres brotes que tuvo la pandemia, según relata María Isabel Porras, profesora de Historia de la Medicina en la facultad de Medicina de Ciudad Real de la UCLM. El segundo brote ocurrió en otoño y el tercero en la primavera de 1919. El mayor de todos fue el del otoño, cuando solo en los meses de octubre y noviembre fallecieron unas 2.500 personas por enfermedades respiratorias, más de la mitad del total de fallecidos, 1.825, por gripe de forma directa, según los datos de García-Consuegra.
Hay que en tener en cuenta que existen muchas dificultades para conocer las cifras exactas de fallecidos o de afectados por la gripe de 1918. La primera, porque en aquel año se pensaba que estaba provocada por el bacilo de Pfeiffer, que es el causante de enfermedades similares como la neumonía o la meningitis. Hasta 1933 no se supo que tras la gripe había un virus. Por este motivo, uno de los primeros modos de combatirla fue con desinfecciones, en las estaciones de ferrocarril, en las entradas a las ciudades... A este desconocimiento de la enfermedad se añadió los estragos de la Primera Guerra Mundial y la situación y organización sanitarias de España que tenía unos recursos «bastantes escasos». Por ejemplo no existía un Ministerio de Sanidad y los aspectos sanitarios se encuadraban en el de Gobernación.
Estas circunstancias llevaron a una epidemia que viajó en tren, desde Francia a través de «los temporeros de la vendimia en el segundo brote», «con el movimiento de tropas portuguesas» y con los quintos. Esto se muestra, por ejemplo, en la morbilidad. Las infecciones que fueron declaradas y que publicó el Boletín Oficial de la Provincia fueron de 16.422 por gripe en Alcázar, mientras que en Ciudad Real hubo 5.700, en aquel octubre de 1918.
El tercer brote, el de la primavera de 1919, fue ya de menor importancia «y algo más difuminado en cuanto a los meses», explica Porras.
Esta triple situación ya la analizaba, en junio de 1918, el periódico El Castellano, que recordaba cómo se tomó casi con guasa la infección en la primavera: «Hasta el día se califica, en tono jocoso, de ‘enfermedad de moda’ a la epidemia actual. No se tardará en calificarla de modo más serio pues existen grandes probabilidades de que acabe por convertirse en afección de importancia. Es cosa de observación exacta el hecho de que en las epidemias existen tres periodos: de benignidad primero, de gravedad después, y de levedad final».
el día a día. El segundo brote es el que demuestra la virulencia y los medios se hacen eco casi cada día de las defunciones, con hasta 11 casos, en Porzuna el 11 de octubre, donde «se ha dado el caso de morir simultáneamente un padre y un hijo atacados por la enfermedad», según recoge El Imparcial y recopila Enrique Jiménez Villalta en su libro Epidemias y salud. Ciudad Real: del cólera de 1833 a la gripe de 1918, libro del que proceden las imágenes de esta información. Lo ocurrido fue de tal calibre que el Gobernador Civil de aquella época, Fernando Maldonado, pidió a los alcaldes que prohibieran a los vecinos acudir a los cementerios por el Día de Todos los Santos a través de una circular o que se solicitara a las mujeres que dejaran de acudir a los lavaderos.
Maldonado recibió en 1922 la Gran Cruz de la Beneficencia por su labor durante la gripe en la que visitó pabellones, realizó estas circulares y se hizo cargo del niño Andrés Gómez Vaquero, una historia de solidaridad que llenó páginas de los periódicos. Este joven de tres años vio a toda su familia enfermar en su casa de la pedanía de El Torno y era cuidada por un vecino cercano. Al final fallecieron y Andrés fue entregado al gobernador por el cuidador de su familia. Su situación llamó la atención de la pobreza y de las familias enteras que murieron por esta gripe y provocó una ola de solidaridad para que saliera adelante con 671 pesetas recaudadas.
La profesora de la UCLM comenta que la gripe afectó sobre todo a población «adulta joven» personas entre los 20 y los 45 años y lo ocurrido se vio no solo en 1918 sino también en los años posteriores. Porras recuerda que, en esta situación, hubo médicos que «enfermaron y murieron», lo que provocó que se pidiera la colaboración de «estudiantes de medicina y de farmacia».
La pandemia trajo cambios en la actitud de la población frente a los recursos de la medicina en la provincia, como por ejemplo en el modo en que se veía la vacunación. Así, en Ciudad Real hubo colas para vacunarse contra la viruela, algo que hasta la fecha no se había logrado. Esta situación, según indica la profesora Porras, se dio también en otros puntos de España y el problema de la viruela se logró controlar a partir de 1919.