Adiós a un templo del flamenco

Spc-Agencias
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El tablao Casa Patas, que ha impregnado el corazón de Madrid de cante jondo durante 32 años, cierra sus puertas por la crisis del coronavirus con la esperanza de que solo sea un paréntesis

Adiós a un templo del flamenco - Foto: JAVIER LIAÁƒâ€˜O

Treinta entradas. Esas fue las que vendió una desconocida y jovencísima cantaora catalana en febrero de 2016 en su primera actuación en uno de los templos flamencos de Madrid, Casa Patas, donde Camarón, vestido con sus mejores galas, acudía muchas noches -algunas acompañado por Paco de Lucía- para disfrutar de la actuación que se celebrase ese día. Un lugar que desde que abrió sus puertas a este arte (antes era solo una taberna) en 1988 ha visto desfilar por su escenario a la flor y nata del cante y baile jondo: José Mercé, Chocolate, los Morente, los Moneo, Lole, Raimundo Amador, El Cigala, Arcángel, Niña Pastori, Joaquín Cortés, Sara Baras, Israel Galván, Tomatito, los Habichuela o un Miguel Poveda que apenas tenía 15 años cuando se atrevió a cantar por derecho ante el que, dicen, es el público más cabal de la capital, que gusta de disfrutar del flamenco más puro, alejado de modas o espectáculos folclóricos montados únicamente para el turismo, sin cuidar la calidad. Así lo aseguró incluso The New York Times en un artículo del año 2000 sobre Madrid.
Sin embargo, ese listado de nombres ilustres, de momento, no crecerá porque los dueños del céntrico tablao han decidido echar la verja después de tres décadas ante la falta de público -local y extranjero- debido a la crisis del coronavirus y para evitar «el precipicio» de un concurso de acreedores. Esperan, eso sí, que sea solo un hasta luego y no un adiós definitivo, y que cuando regresa la normalidad, pero la de siempre y no la nueva que vive ahora España, sea viable volver a abrir.
Los turistas extranjeros son el 75 por ciento de su público habitual lo que hace «completamente» imposible reanudar la actividad, aunque lo permita ya la desescalada tras la pandemia del coronavirus, según  explica Martín Guerrero, propietario actual de Casa Patas, que cogió el testigo de su padre, quien fundó el tablao en pleno centro de la capital, en uno de los entornos más flamencos de la capital, donde se sitúan también Cardamomo, Villa Rosa o Candela, y bares como El Callejón o El Burladero. ««Para ser alguien en este arte tienes que pasar por Madrid», apuntaba siempre el maestro Enrique Morente, uno de los renovadores del cante jondo. Lugares míticos de la noche capitalina en la que las horas parecían no correr entre fandangos, soleás y bulerías, y que, como Casa Patas, también sienten la amenaza de la crisis.
«Es una catástrofe, pero no soy el malvado que lo cierra. Ha provocado el estupor de mucha gente pero ahora carecería de lógica abrir. De momento, dejaremos ahí lo esencial», señala el propietario que confirma que conservará el local «tal y como está, a la espera de tiempos mejores»: «Quizá dentro de un año o año y medio podamos reabrir». De hecho, la actividad de la sala principal y del restaurante, por los por que en 32 años han pasado más de dos millones de personas echa ahora la verja, pero la Fundación Casa Patas, ubicada en los pisos superiores del propio edificio, ha vuelto a retomar su actividad con las clases de guitarra, baile y cante que se imparten desde 2000, aunque ya no se celebrarán las actuaciones en el escenario García Lorca. 
Por cierto, aquella desconocida y jovencísima cantaora catalana que apenas llenó 30 sillas en su debut en este templo que ahora cierra sus puertas se llama Rosalía y, cuatro años después de aquella cita, es una estrella mundial.